{"id":227361,"date":"2016-11-28T04:13:47","date_gmt":"2016-11-28T04:13:47","guid":{"rendered":"legacy-k2-2015-47113"},"modified":"2016-11-28T04:13:47","modified_gmt":"2016-11-28T04:13:47","slug":"el-dia-que-fidel-castro-paso-por-xicotepec-de-juarez-puebla-k2-47113","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pueblaonline.com.mx\/archivo\/2016\/mundo\/el-dia-que-fidel-castro-paso-por-xicotepec-de-juarez-puebla-k2-47113\/227361\/","title":{"rendered":"El d\u00eda que Fidel Castro pas\u00f3 por Xicotepec de Ju\u00e1rez, Puebla"},"content":{"rendered":"<p>Aquella noche, Fidel Castro y sus acompa\u00f1antes se dirigen en el auto al motel Mi Ranchito, en Xicotepec de Ju\u00e1rez, estado de Puebla, donde los aguardan otros combatientes. C\u00e1ndido Gonz\u00e1lez conduce el auto Pontiac, comienza a llover y llegan de madrugada. En una caba\u00f1a ya los esperan Juan Manuel M\u00e1rquez y un grupo de compa\u00f1eros. Conversan un rato y luego Fidel le dice a Enrique C\u00e1mara que duerma all\u00ed, en la misma caba\u00f1a del motel, para que al d\u00eda siguiente se levante temprano y fuera con Jimmy Hirzel a ver el yate.<\/p>\n<p>Aquel jueves 22 de noviembre, \u00d1ico L\u00f3pez arriba a la ciudad de Veracruz para transmitir la orden de trasladar a los combatientes hacia Xalapa, ya en camino hacia el punto de concentraci\u00f3n. Estos son Armando Mestre, Miguel Caba\u00f1as, Armando Huau, Antonio Dar\u00edo L\u00f3pez, Norberto Godoy, Pablo Hurtado, Luis Crespo, Norberto Abilio Collado, Arnaldo P\u00e9rez, Alfonso Guill\u00e9n Zelaya, Jaime Costa, Enrique Cu\u00e9lez, Arturo Chaumont y Evaristo Evelio Montes de Oca, quien funge como responsable de la zona. Antes de salir, \u00d1ico plantea que aquel compa\u00f1ero que no quiera partir hacia Cuba se puede quedar. Pero todos est\u00e1n de acuerdo y parten en \u00f3mnibus hacia Xalapa.<\/p>\n<p>Aquella noche, los combatientes que residen en Xalapa tambi\u00e9n reciben la orden de prepararse para partir. Por la madrugada, llega \u00d1ico L\u00f3pez y les informa que ha llegado la hora de salir para Cuba, que el que est\u00e9 dispuesto d\u00e9 un paso al frente y el que no, puede quedarse. Todos dan el paso al frente, con una alegr\u00eda tremenda.<\/p>\n<p>Mientras tanto, en Ciudad Victoria permanecen alojados en diversos hoteles los treinta y dos combatientes que, conducidos por Faustino P\u00e9rez, salieran la noche anterior del campamento de Abasolo y aguardan el momento de la partida. La ma\u00f1ana y la tarde la aprovechan en visitar algunos lugares de inter\u00e9s o resolver varias cuestiones. Tom\u00e1s David Royo sufre un fuerte dolor de muelas y tiene la cara hinchada. Pablo D\u00edaz lo acompa\u00f1a a un dentista, quien le informa que no puede extraerse la muela y debe inyectarse. Entonces Pablo se lo informa a Faustino, quien determina entregarle alg\u00fan dinero y enviarlo de regreso a Ciudad M\u00e9xico. Pero cuando Pablo se lo comunica a Royo, este decidido le responde que ya sabe que se van para Cuba y que a \u00e9l hay que matarlo junto con todos.<\/p>\n<p>En la capital mexicana tambi\u00e9n se ultiman los detalles para la partida. Ese d\u00eda, Jes\u00fas Montan\u00e9 y Melba Hern\u00e1ndez comienzan a cumplir r\u00e1pidamente las instrucciones recibidas por Fidel la noche anterior. Una de las primeras casas en ser evacuadas es la de la calle Ingenieros, custodiada por el italiano Gino Don\u00e9 y que solamente conocen unos cuantos.<\/p>\n<p>Por su parte, Julito D\u00edaz y Ramiro Vald\u00e9s abandonan el apartamento de Nicol\u00e1s San Juan 125, colonia Narvarte, donde reside la cubana Clara Villa Mili\u00e1n, Chicha, y se dirigen al motel Mi Ranchito, en Xicotepec de Ju\u00e1rez, en compa\u00f1\u00eda de otros combatientes.<\/p>\n<p>De regreso a la capital mexicana, Fidel Castro se re\u00fane en el apartamento de Coahuila 129-C, colonia Roma, con el ingeniero mexicano Alfonso Guti\u00e9rrez, Fof\u00f3, y su esposa Orqu\u00eddea Pino para analizar los detalles y la fecha de la partida. Esa ma\u00f1ana, C\u00e1ndido Gonz\u00e1lez los va a buscar a su casa y les dijo que Fidel quer\u00eda hablarles. Se re\u00fanen y Fidel les habla de las caracter\u00edsticas del barco, que no tienen una garant\u00eda de poder llegar a Cuba, pero la situaci\u00f3n es apremiante y quiere consultar con ellos su opini\u00f3n. Les comunica adem\u00e1s la fecha de la partida y el itinerario de los distintos grupos hasta el punto de concentraci\u00f3n 11.<\/p>\n<p>Casi al anochecer, Fidel acude una vez m\u00e1s a la casa del capit\u00e1n Fernando Guti\u00e9rrez Barrios, en la calle Teziutl\u00e1n 30, Coyoac\u00e1n, para despedirse del oficial amigo e informarle de la inminente partida. Conversan en una calle semioscura y Guti\u00e9rrez Barrios recuerda que Fidel, con gran confianza en su persona, le comunica que se va a luchar por la libertad de su pa\u00eds. Por supuesto, el oficial amigo no le pregunta cu\u00e1ndo ni c\u00f3mo ni d\u00f3nde.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n Fidel visita esa tarde la casa del exiliado cubano Carlos Maristany y le comunica la inminente salida de la expedici\u00f3n.<\/p>\n<p>Esa misma noche, Fidel cita a algunos jefes de grupo en el Pedregal de San \u00c1ngel, para comunicarles la inminente partida y transmitirles las \u00faltimas orientaciones. Entre otros, asiste Reinaldo Ben\u00edtez, a quien da instrucciones de que recoja a su esposa Piedad Sol\u00eds y regrese a ese punto, para dar un largo viaje. As\u00ed lo hace Ben\u00edtez, fue en busca de Pip\u00ed al apartamento de Pedro Baranda 18 y, cuando regres\u00f3 al punto de reuni\u00f3n, le instruyen recoger dos maletas grandes llenas de armas para llevarlas a Poza Rica. Y aquella noche parti\u00f3 con su esposa Piedad Sol\u00eds, en un auto conducido por Jimmy Hirzel.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n H\u00e9ctor Aldama, quien permanece residiendo en el apartamento de Jalapa 68 junto a otros combatientes, acude aquella noche a la casa del Pedregal de San \u00c1ngel, donde Fidel lo aguarda para informarle de la inminente partida y darle las \u00faltimas instrucciones. Le entrega adem\u00e1s una pistola de r\u00e1fagas y un reloj, y de ah\u00ed regresa a su casa campamento para preparar a los compa\u00f1eros. En aquella ocasi\u00f3n, Fidel le plantea la imposibilidad de llevar en la expedici\u00f3n a su compa\u00f1era, la mexicana Marta Eugenia L\u00f3pez, debido al poco espacio disponible en la embarcaci\u00f3n. Para \u00e9l es duro dec\u00edrselo a Marta Eugenia, pues ella hab\u00eda realizado todos los entrenamientos al igual que cualquier otro compa\u00f1ero, y decide comunic\u00e1rselo a la hora de zarpar.<\/p>\n<p><strong>CON LA ADARGA AL BRAZO<\/strong><\/p>\n<p>El viernes 23 de noviembre, los diarios mexicanos ofrecen informaciones contradictorias sobre la mencionada conspiraci\u00f3n y la cantidad de armas decomisadas, en tanto la polic\u00eda se mantiene en silencio respecto a los hechos. Algunos afirman que las armas ocupadas ascienden a unos 56 mil d\u00f3lares, compradas en su mayor\u00eda en los Estados Unidos, mientras otros declaran que la cantidad es mucho menor. \u00daltimas Noticias, la edici\u00f3n vespertina de Exc\u00e9lsior, citando una fuente de la polic\u00eda, informa que entre los documentos ocupados a los detenidos se encuentran cartas del ex presidente Carlos Pr\u00edo Socarr\u00e1s, pero la polic\u00eda no comenta al respecto. Se asegura, en cambio, que la investigaci\u00f3n contin\u00faa y que conocidos exiliados cubanos est\u00e1n siendo cuidadosamente vigilados. Durante los interrogatorios del d\u00eda anterior, poco o nada revelaron los detenidos acerca de las armas capturadas y niegan terminantemente conocer a Fidel Castro. Aunque se guarda todav\u00eda silencio sobre los detalles, un informante expresa que las armas ocupadas fueron entregadas el d\u00eda anterior a la Procuradur\u00eda General de la Rep\u00fablica.<\/p>\n<p>Aquel viernes 23 de noviembre, comienza a ejecutarse el traslado de los combatientes hacia el punto de concentraci\u00f3n, seg\u00fan el plan trazado por Fidel Castro. Por la ma\u00f1ana, C\u00e1ndido Gonz\u00e1lez acude al apartamento de la calle Coahuila 129-C, colonia Roma, para recoger a Arsenio Garc\u00eda, F\u00e9lix Elmuza y a otros combatientes, y conducirlos en un auto Pontiac hacia el motel Mi Ranchito, en Xicotepec de Ju\u00e1rez, estado de Puebla, adonde llegan alrededor del mediod\u00eda. En dos o tres caba\u00f1as alquiladas, Arsenio advierte a Ramiro Vald\u00e9s, Ciro Redondo y a Juan Manuel M\u00e1rquez, y le llama la atenci\u00f3n la cantidad de maletas de piel que hay, todas con armas.<\/p>\n<p>Mientras, el nutrido grupo de treinta y dos combatientes procedente del campamento de Abasolo, que desde hace dos d\u00edas se encuentra hospedado en diversos hoteles en Ciudad Victoria, estado de Tamaulipas, se apresta a partir en \u00f3mnibus hacia la ciudad de Tampico, importante puerto a orillas de la desembocadura del r\u00edo P\u00e1nuco, rumbo al sur. Ya de noche, llegan a Tampico y se hospedan en varios hoteles y posadas, hasta esperar la se\u00f1al de partida. Uno de ellos es el hotel Inglaterra, en la esquina de las calles D\u00edaz Mir\u00f3n y Olmos.<\/p>\n<p>Por su parte, el grupo de Veracruz, que la noche anterior se trasladara a la ciudad de Xalapa para unirse al otro grupo de combatientes en ese lugar, sale aquella ma\u00f1ana en \u00f3mnibus conducido por \u00d1ico L\u00f3pez hacia Tecolutla, centro tur\u00edstico en la costa veracruzana a orillas de la desembocadura del r\u00edo del mismo nombre. En total, suman cerca de quince combatientes. Antes de llegar, descienden de los \u00f3mnibus por unos minutos para cruzar en patana el r\u00edo. En Tecolutla se alojan en distintos hoteles, en espera de la se\u00f1al de partida. Evaristo Montes de Oca es de los primeros en llegar y el encargado de alojar a los compa\u00f1eros en los hoteles, lo cual hace sin dificultad pues no es temporada tur\u00edstica. Dicen ser integrantes de un equipo de pelota y as\u00ed pasan dos d\u00edas en Tecolutla.<\/p>\n<p>Esa propia tarde, Reinaldo Ben\u00edtez y la mexicana Piedad Sol\u00eds arriban a la ciudad de Poza Rica, en el auto conducido por Jimmy Hirzel. Llevan consigo dos maletas llenas de armas y se hospedan, seg\u00fan lo acordado, en el hotel Aurora.<\/p>\n<p>Mientras los distintos grupos de combatientes se encaminan hacia el punto de concentraci\u00f3n, Carlos Berm\u00fadez permanece solo custodiando la casa de Santiago de la Pe\u00f1a, en las m\u00e1rgenes del r\u00edo Tuxpan. Lo \u00fanico que ha comido es unas galletas y otras bober\u00edas que le dejaron, adem\u00e1s de algunas naranjas que pudo recoger, pese a las advertencias del custodio que cuida la casa. Pero ese d\u00eda llega en un auto C\u00e1ndido Gonz\u00e1lez con otro compa\u00f1ero, quien le indica abrir la puerta de la nave que se encuentra al fondo de la casa, donde hay mucha paja de arroz, y guarda el auto dentro. Antes de salir, C\u00e1ndido le advierte que no se preocupe, pues va a recibir una visita muy pronto.<\/p>\n<p>Desconoce Berm\u00fadez que, a pocos metros de la casa, en la margen del r\u00edo, ese mismo d\u00eda el mexicano Antonio del Conde, el Cuate, y Jes\u00fas Reyes Garc\u00eda, Chuch\u00fa, sit\u00faan el yate Granma y concluyen el acondicionamiento de la embarcaci\u00f3n. D\u00edas atr\u00e1s, ambos guardaron en la nave de la casa parte de los uniformes, las botas y otros equipos de la expedici\u00f3n.<\/p>\n<p>Horas despu\u00e9s, Berm\u00fadez recibe en la casa de Santiago de la Pe\u00f1a la visita de Chuch\u00fa Reyes, quien llega en un botecito de motor por el r\u00edo para llevarle algo de comer. Le toca a la puerta y, advirtiendo la ansiedad de su compa\u00f1ero, le dice que no se ponga nervioso, que pronto va a tener una sorpresa grande. Conversan un rato, le trae de comer algunas galletas y una lata de chorizos, as\u00ed como un libro sobre la batalla de Ayacucho. El joven le pregunta si ya est\u00e1 cerca la partida y Chuch\u00fa le responde que s\u00ed, pero que no se preocupe. Berm\u00fadez le propone entonces que consiga unos cuantos sacos de yute para cargar con todas las naranjas que hay en la casa y Chuch\u00fa queda en tra\u00e9rselos. Pero le asegura que va a traer algo m\u00e1s que los sacos y parte sonri\u00e9ndose.<\/p>\n<p>Aquella propia noche, comienza a ejecutarse en Ciudad M\u00e9xico el plan de traslado del grueso de los combatientes hacia el punto de reuni\u00f3n. Fidel Castro cita a otros jefes de grupo a la casa de la calle G\u00e9nova 14, donde residen dos ancianas t\u00edas del ingeniero mexicano Alfonso Guti\u00e9rrez, Fof\u00f3, para trasmitirles las \u00faltimas orientaciones. Entre otros asiste Universo S\u00e1nchez, quien funge como responsable de la casa de Insurgentes 5 y recibe instrucciones de prepararse para salir. Pero antes debe concentrar el grupo de compa\u00f1eros que no pueden integrar la expedici\u00f3n, para dejarles alg\u00fan dinero y la orientaci\u00f3n de permanecer acuartelados sin salir de la casa.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n Calixto Garc\u00eda se re\u00fane esa noche con Fidel y Ra\u00fal, este \u00faltimo con una relaci\u00f3n de los combatientes que formar\u00e1n parte de la expedici\u00f3n. Fidel le da alg\u00fan dinero y la orden de trasladarse, en compa\u00f1\u00eda de Roberto Roque, a un hotel en la ciudad de Pachuca, estado de Hidalgo, para al d\u00eda siguiente continuar viaje hacia el motel Mi Ranchito, en Xicotepec de Ju\u00e1rez, donde se concentrar\u00e1n. Por precauci\u00f3n Calixto, a su regreso al apartamento de Coahuila 129-C, colonia Roma, no le da detalles a Roque, solo le dice que van para un entrenamiento.<\/p>\n<p>Calixto plantea en aquella ocasi\u00f3n a Roque que no puede llevar maleta alguna y debe ir solo con el abrigo en la mano, para no llamar la atenci\u00f3n. Tienen una peque\u00f1a discusi\u00f3n, pues Roque insiste en llevar la maleta donde tiene todos sus libros de navegaci\u00f3n. Tuvo que ponerse duro Roque para convencerlo, dici\u00e9ndole que si no lleva consigo los libros deb\u00eda asumir Calixto la responsabilidad. Al fin, Calixto accedi\u00f3 a que Roque llevara la maleta con todos sus libros y parten en \u00f3mnibus hasta la ciudad de Pachuca, donde se hospedan en un hotel.<\/p>\n<p>Tarde en la noche, Fidel Castro se dirige al Pedregal de San \u00c1ngel, acompa\u00f1ado de C\u00e1ndido Gonz\u00e1lez, para despedirse de todos. Lo hace normalmente, para no despertar sospechas. Abraza a las hermanas que se encuentran a\u00fan despiertas, del mismo modo que lo hizo en otras oportunidades. Lleva un traje de invierno y camisa blanca de cuello. Alguien le advierte que debe afeitarse, y sin zafarse el nudo de la corbata siquiera, va al ba\u00f1o y se afeita. Luego, se pone el abrigo azul y se marcha, en uni\u00f3n de Onelio Pino que lo espera.<\/p>\n<p>Momentos despu\u00e9s, arriba Fidel en un auto al apartamento de la calle Pachuca, casi esquina a Francisco M\u00e1rquez, colonia Condesa, donde lo aguarda Enrique C\u00e1mara. Horas antes, salieron del lugar en otro auto Jes\u00fas Montan\u00e9, Melba Hern\u00e1ndez y Rolando Moya, rumbo a Poza Rica. La noche anterior, lo hicieron el dominicano Ram\u00f3n Mej\u00edas del Castillo, Pichirilo, y el italiano Gino Don\u00e9. C\u00e1mara permanec\u00eda solo esperando como una hora y, cuando decide echar un vistazo a la puerta, en ese momento llega C\u00e1ndido Gonz\u00e1lez a buscarlo. Montan en un auto donde ya se encuentran Fidel y Onelio Pino, y de ah\u00ed salen en busca de Ernesto Guevara.<\/p>\n<p>Aquella noche, Fidel Castro y sus compa\u00f1eros detienen su auto frente al edificio de la calle Anax\u00e1goras, esquina a Diagonal San Antonio, colonia Narvarte, donde se refugia el m\u00e9dico argentino en el peque\u00f1o cuarto en la azotea, cedido por el guatemalteco Alfonso Bauer Paiz.<\/p>\n<p>Esa noche sesiona en el apartamento de Bauer Paiz una reuni\u00f3n de la Uni\u00f3n Patri\u00f3tica Guatemalteca en el exilio, cuando sienten el timbre de la puerta principal del edificio. Desde el lugar donde se encuentran, en la planta baja, pueden observar la silueta de un joven corpulento. Bauer Paiz pide a su esposa que vaya a ver qui\u00e9n es el visitante, mientras contin\u00faan reunidos. Cuando Fidel Castro pregunta si est\u00e1 Ernesto, la esposa de Bauer Paiz le responde que all\u00ed no vive ning\u00fan Ernesto. Pero Fidel, poniendo el pie delante de la puerta para evitar que fuera cerrada, le asegura que all\u00ed est\u00e1 y va a entrar. Empuja la puerta y sube corriendo la escalera, hasta llegar al cuartico donde se refugia Ernesto.<\/p>\n<p>Fidel baja al poco rato, despu\u00e9s de avisarle. Entonces Enrique C\u00e1mara sube y se queda un momento en el cuartico de la azotea hablando con el m\u00e9dico argentino. Recuerda que no hay d\u00f3nde sentarse, pues lo \u00fanico que tiene es un catre tirado en el suelo sin colchoneta, algunos libros, un mont\u00f3n de papeles y la bombilla del mate.<\/p>\n<p>Alfonso Bauer Paiz relata:<\/p>\n<p>Al rato, Ernesto me mand\u00f3 a pedir, por intermedio de mi esposa, la \u00faltima caja de medicinas que hab\u00eda recibido d\u00edas antes y que permanec\u00eda en una esquina, cerca del patio. Entre cuatro personas, o m\u00e1s, apenas si pod\u00edamos mover aquella enorme caja [&#8230;]<\/p>\n<p>Antes de partir precipitadamente del lugar, Ernesto cierra el peque\u00f1o cuarto por fuera con un candado. En su interior, deja la cama sin hacer, su bombilla de mate, el reverbero, su inhalador de asma, algunas prendas de vestir y una media docena de libros abiertos, entre ellos El Estado y la Revoluci\u00f3n, de Lenin, El Capital, de Marx, y un manual de cirug\u00eda de campa\u00f1a. Al abandonar el lugar, por precauci\u00f3n Ernesto no se despide del guatemalteco Bauer Paiz ni de su esposa, quienes le dieran albergue por unas semanas.<\/p>\n<p>D\u00edas antes, Ernesto Guevara escribi\u00f3 por \u00faltima vez a su madre desde tierra mexicana. Luego de informarle que su esposa partir\u00eda dentro de un mes a visitar a su familia en Per\u00fa, con su acostumbrada iron\u00eda comenta:<\/p>\n<p>Yo, en tren de cambiar el ordenamiento de mis estudios: antes me dedicaba mal que bien a la medicina y el tiempo libre lo dedicaba al estudio en forma informal de San Carlos.29 La nueva etapa de mi vida exige tambi\u00e9n el cambio de ordenaci\u00f3n; ahora San Carlos es primordial, es el eje, y ser\u00e1 por los a\u00f1os que el esferoide me admita en su capa m\u00e1s externa [&#8230;]<\/p>\n<p>Luego de recordar que estuvo empe\u00f1ado en la redacci\u00f3n de un libro sobre la funci\u00f3n del m\u00e9dico, del que solo termin\u00f3 un par de cap\u00edtulos mal escritos y que ol\u00edan a follet\u00edn, por lo cual ha decidido estudiar, esboza su trayectoria en los pr\u00f3ximos a\u00f1os:<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, ten\u00eda que llegar a una serie de conclusiones que se daban de patadas con mi trayectoria esencialmente aventurera; decid\u00ed cumplir primero las funciones principales, arremeter contra el orden de cosas, con la adarga al brazo, todo fantas\u00eda, y despu\u00e9s, si los molinos no me rompieran el coco, escribir.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, en v\u00edsperas de emprender la gesta libertaria y con la encomienda expresa de entregar la misiva d\u00edas despu\u00e9s de su partida, el joven Ernesto Guevara se despide de su madre:<\/p>\n<p>Para evitar patetismos &#8220;pre mortem&#8221;, esta carta saldr\u00e1 cuando las papas quemen de verdad y entonces sabr\u00e1s que tu hijo, en un soleado pa\u00eds americano, se putear\u00e1 a s\u00ed mismo por no haber estudiado algo de cirug\u00eda para ayudar a un herido y putear\u00e1 al gobierno mexicano que no lo dej\u00f3 perfeccionar su ya respetable punter\u00eda para voltear mu\u00f1ecos con m\u00e1s soltura. Y la lucha ser\u00e1 de espalda a la pared, como en los himnos, hasta vencer o morir.<\/p>\n<p>Aquella noche, Fidel Castro y sus acompa\u00f1antes se dirigen en el auto al motel Mi Ranchito, en Xicotepec de Ju\u00e1rez, estado de Puebla, donde los aguardan otros combatientes. C\u00e1ndido Gonz\u00e1lez conduce el auto Pontiac, comienza a llover y llegan de madrugada. En una caba\u00f1a ya los esperan Juan Manuel M\u00e1rquez y un grupo de compa\u00f1eros. Conversan un rato y luego Fidel le dice a Enrique C\u00e1mara que duerma all\u00ed, en la misma caba\u00f1a del motel, para que al d\u00eda siguiente se levante temprano y fuera con Jimmy Hirzel a ver el yate.<\/p>\n<p>* El autor es investigador hist\u00f3rico Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado en Cuba<\/p>\n<p>Fuente: Tomado del libro La Palabra Empe\u00f1ada.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Aquella noche, Fidel Castro y sus acompa\u00f1antes se dirigen en el auto al motel Mi Ranchito, en Xicotepec de Ju\u00e1rez, estado de Puebla, donde los aguardan otros combatientes. C\u00e1ndido Gonz\u00e1lez conduce el auto Pontiac, comienza a llover y llegan de madrugada. En una caba\u00f1a ya los esperan Juan Manuel M\u00e1rquez y un grupo de compa\u00f1eros. 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