{"id":22888,"date":"2023-01-03T16:08:01","date_gmt":"2023-01-03T16:08:01","guid":{"rendered":"legacy-k2-2019-129562"},"modified":"2023-01-03T16:08:01","modified_gmt":"2023-01-03T16:08:01","slug":"gravedad-cero-los-mejores-cuentos-de-woody-allen-k2-129562","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pueblaonline.com.mx\/archivo\/2023\/puebla\/gravedad-cero-los-mejores-cuentos-de-woody-allen-k2-129562\/22888\/","title":{"rendered":"Gravedad cero, los mejores cuentos de Woody Allen"},"content":{"rendered":"<p>Allen aprendi\u00f3 el oficio como humorista de mon\u00f3logos, escribiendo gags para la prensa y guiones televisivos<\/p>\n<p>Es bien sabido que Woody Allen (Nueva York, 1935) no se toma en serio a s\u00ed mismo. Tampoco la literatura humor\u00edstica es tomada muy en serio en nuestro pa\u00eds, pese a tener grandes maestros. De los diecinueve relatos que componen Gravedad cero, once fueron creados para el libro y ocho aparecieron en The New Yorker. Allen aprendi\u00f3 el oficio como humorista de mon\u00f3logos, escribiendo gags para la prensa y guiones televisivos. Su primer libro de relatos era una compilaci\u00f3n de las piezas publicadas en el New Yorker entre 1966 y 1971. En Espa\u00f1a llev\u00f3 el t\u00edtulo de C\u00f3mo acabar de una vez por todas con la cultura (Tusquets).<\/p>\n<p>Este es su quinto libro de relatos y, pasado el tiempo, Woody Allen aguanta el desgaste del g\u00e9nero, con unas historias que, pese a llevar su archiconocida impronta, mantienen sus efectos c\u00f3micos y nos hacen re\u00edr, a veces, a carcajadas. Los esc\u00e1ndalos y presunciones que ensombrecen su biograf\u00eda no le han quitado las ganas de utilizar efectivos mecanismos de humor en sus pel\u00edculas y lanzarse a arriesgadas acrobacias humor\u00edsticas en sus piezas cortas.<\/p>\n<p>En la voz narradora de cada relato siempre se adivina a Woody Allen, incluso si el personaje es una vaca asesina la que habla en \u201cEl mal de la vaca loca\u201d, o un coche aerodin\u00e1mico que se expresa como un intelectual, en \u201cCuando el adorno de tu cap\u00f3 es Nietzsche\u201d. En \u201cAp\u00e9ndices de Manhattan\u201d, Abe Moscowitz y Moe Silverman, tras morir, se han reencarnado en langostas. Los antiguos compa\u00f1eros de p\u00f3quer se reconocen en el tanque de crust\u00e1ceos de un elegante restaurante del Upper East Side.<\/p>\n<p>Los di\u00e1logos son desternillantes, mientras entra en escena un personaje de la vida real, Bernie Madoff, uno de los mayores estafadores burs\u00e1tiles americanos. La langosta Silverman cuenta que fue el causante de su ruina, \u201cme suicid\u00e9 saltando del techo del club de golf de Palm Beach, del que era socio. Tuve que esperar media hora para saltar, era el duod\u00e9cimo de la fila\u201d. El desenlace con la venganza de las langostas est\u00e1 dotado de unos efectos c\u00f3micos infalibles.<\/p>\n<p>Nueva York es el escenario de la mayor\u00eda de estas historias. El relato final, \u201cCrecer en Manhattan\u201d, es el m\u00e1s largo, casi una novela corta, y podr\u00eda ser una de las pel\u00edculas de Woody Allen. El cineasta, aunque asegura que est\u00e1 al final de su carrera f\u00edlmica, ha declarado que no descarta convertirlo en filme. El joven Jerry Sachs, jud\u00edo, futuro guionista y casado con Ruth, \u201cuna mujer totalmente desprovista de encanto\u201d, siempre hab\u00eda so\u00f1ado \u201ccon el d\u00eda en que pudiera vivir en un elegante apartamento de Manhattan junto a una versi\u00f3n de Katharine Hepburn o Carole Lombard\u201d.<\/p>\n<p>Un cl\u00e1sico de Woody Allen, su alter ego perfecto, el chico con sue\u00f1os imposibles que de pronto tiene un golpe de suerte y conoce a la chica adecuada, guapa y culta, con \u00e1tico de lujo sobre Central Park. Para Sachs la belleza que acababa de sentarse junto a \u00e9l en el parque \u201cpose\u00eda lo que Cole Porter hab\u00eda definido acertadamente como eso que hace que los p\u00e1jaros se olviden de cantar\u201d. Contra todo pron\u00f3stico, Lulu, que tiene en su elegante casa familiar dibujos de Matisse, Picasso y Mir\u00f3, se acaba enamorando de Sachs y salv\u00e1ndolo de un matrimonio desilusionante. La ascensi\u00f3n social del protagonista acaba con un final inesperado que resulta un hachazo para sus sue\u00f1os de felicidad perfecta.<\/p>\n<p>El relato \u201cEmbrollo en la dinast\u00eda\u201d cuenta la historia del General chino Tso, cuyo valor en los ej\u00e9rcitos del Emperador no consigui\u00f3 una estatua, sino que le pusieran su nombre a un plato: El pollo del General Tso. Las cartas cruzadas entre el General Tso y el honorable Ministro imperial Peng, a cuenta del dudoso honor de dar nombre a un pollo, son verdaderamente hilarantes.<\/p>\n<p>En general, la s\u00e1tira social de Allen, muy presente en sus historias, no es en absoluto cruel. Los pretenciosos culturales, los snobs, los que quieren hacer carrera en el cine a toda costa, los especuladores art\u00edsticos que explotan a un caballo capaz de crear cuadros abstractos como en \u201cRembrandt por una cabeza\u201d, los guionistas con fantas\u00edas irrealizables, todos estos personajes del universo de Woody Allen reciben estocadas, pero est\u00e1n tratados con un filtro de autocr\u00edtica que los hace rid\u00edculos y divertidos, pero no del todo abominables.<\/p>\n<p>Son pocos los humoristas capaces de repetirse sin cansar, y Allen sin grandes renovaciones en su estilo, lo consigue con creces. Historias amasadas con la materia m\u00e1s incandescente del Woody Allen m\u00e1s genial.<\/p>\n<p>Fuente: El Espa\u00f1ol<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Allen aprendi\u00f3 el oficio como humorista de mon\u00f3logos, escribiendo gags para la prensa y guiones televisivos Es bien sabido que Woody Allen (Nueva York, 1935) no se toma en serio a s\u00ed mismo. Tampoco la literatura humor\u00edstica es tomada muy en serio en nuestro pa\u00eds, pese a tener grandes maestros. 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