{"id":298864,"date":"2014-03-11T03:24:57","date_gmt":"2014-03-11T03:24:57","guid":{"rendered":"legacy-k2-j25-2870"},"modified":"2014-03-11T03:24:57","modified_gmt":"2014-03-11T03:24:57","slug":"luis-villoro-contado-por-juan-k2-2870","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pueblaonline.com.mx\/archivo\/2014\/puebla\/luis-villoro-contado-por-juan-k2-2870\/298864\/","title":{"rendered":"Luis Villoro contado por Juan"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"line-height: 1.3em;\">Juan Villoro escribi\u00f3 sobre su padre un texto publicado en 2013 en La Jornada Semanal<\/span><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.3em;\">Juan Villoro escribi\u00f3 sobre su padre un texto publicado en 2013 en La Jornada Semanal<\/span><\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.3em;\">El fil\u00f3sofo Luis Villoro falleci\u00f3 el pasado 5 de marzo.<\/span><\/p>\n<p>Su hijo \u00a0Juan Villoro escribi\u00f3 sobre \u00e9l un texto publicado en 2013 en La Jornada Semanal titulado \u201cLa taquer\u00eda revolucionaria\u201d.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed se reproduce:<\/p>\n<p>Mi padre, que detesta las an\u00e9cdotas personales, ha contado mil veces la escena que m\u00e1s lo horroriz\u00f3 en su juventud. Todo ocurri\u00f3 en una polvosa hacienda de San Luis Potos\u00ed, pero para entender ese momento de condensaci\u00f3n hay que retroceder en el tiempo.<\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.3em;\">Luis Villoro Toranzo naci\u00f3 en Barcelona en 1922. Su madre era potosina y estaba casada con un aragon\u00e9s de La Portellada, pueblo que hoy en d\u00eda tiene trescientos habitantes. Doscientos de ellos se apellidan Villoro (no es de extra\u00f1ar que en ese sitio redundante, por no decir incestuoso, mi abuelo se llamara Miguel Villoro Villoro).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.3em;\">Las fechas nunca han sido una especialidad familiar. No sabemos muy bien qu\u00e9 edad ten\u00eda mi padre cuando perdi\u00f3 al suyo, pero debe haber rondado los siete a\u00f1os. Mi abuela qued\u00f3 viuda, con tres hijos, en un pa\u00eds que se descompon\u00eda rumbo a la Guerra civil. Volvi\u00f3 a M\u00e9xico y mis t\u00edos y mi padre fueron a dar a internados de jesuitas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.3em;\">Mi padre creci\u00f3 cerca de Namur, en B\u00e9lgica. Aprendi\u00f3 lat\u00edn, fue campe\u00f3n de oratoria, lleg\u00f3 a obtener la nota m\u00e1s alta en franc\u00e9s y logr\u00f3 el milagro de ser feliz en un ambiente de severidad y reclusi\u00f3n. Su hermano Miguel sufri\u00f3 con el aislamiento pero encontr\u00f3 ah\u00ed su vocaci\u00f3n de jesuita.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.3em;\">Como tantas familias, la m\u00eda se vio afectada por el delirio expansionista de Hitler. Cuando mi padre lleg\u00f3 a la adolescencia, Europa se preparaba para la guerra, as\u00ed es que se reuni\u00f3 en M\u00e9xico con su madre e ingres\u00f3 a Bachilleratos, la preparatoria de los jesuitas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.3em;\">El dinero de la familia proven\u00eda de haciendas que produc\u00edan mezcal. La escena definitiva de mi padre ocurri\u00f3 en una de ellas, Cerro Prieto, que hoy es una ruina fantasmag\u00f3rica.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.3em;\">Los peones de la hacienda se formaron en fila para darle la bienvenida y le besaron la mano. Mi padre vivi\u00f3 el momento m\u00e1s oprobioso de su vida. Ancianos con las manos lastimadas por trabajar la tierra le dijeron \u201cpatroncito\u201d. \u00bfQu\u00e9 demencial organizaci\u00f3n del mundo permit\u00eda que un hombre cargado de a\u00f1os se humillara de ese modo ante un se\u00f1orito llegado de ultramar? Mi padre sinti\u00f3 una verg\u00fcenza casi f\u00edsica. Supo, amargamente, que pertenec\u00eda al rango de los explotadores.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.3em;\">Su vida pr\u00f3diga se entiende como un valiente ejercicio de expiar la agraviante escena de la que todo se deriva. Su familia era mon\u00e1rquica y franquista, y \u00e9l comenz\u00f3 a poner en duda el sistema de valores en que hab\u00eda crecido. Busc\u00f3 otra Espa\u00f1a y, como le ocurrir\u00eda con frecuencia, la encontr\u00f3 en la forma de una mujer hermosa. Se enamor\u00f3 de Gloria Miaja, hija del general republicano que hab\u00eda defendido Madrid.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.3em;\">El destino depende m\u00e1s de lo que se descarta que de lo que se realiza. Mi padre y sus sucesores dependemos de que no haya podido casarse con la hija de un militar rojo de p\u00e9simo car\u00e1cter.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.3em;\">Para entender su pa\u00eds de adopci\u00f3n, dirigi\u00f3 la mirada a los espa\u00f1oles que en la Colonia pasaron por un trance similar al suyo. Clavijero, Las Casas y Tata Vasco fueron sus ejemplos. Su primer libro, Los grandes momentos del indigenismo en M\u00e9xico, narra los afanes de los misioneros ilustrados que se pusieron de parte de la causa ind\u00edgena.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.3em;\">El fil\u00f3sofo que empez\u00f3 su trayectoria estudiando a los primeros antrop\u00f3logos del mundo americano, la concluye como un nuevo Las Casas, conviviendo con las comunidades ind\u00edgenas en Chiapas. Otro disc\u00edpulo de los jesuitas, el subcomandante Marcos, que tiene m\u00e1s o menos mi edad (la cronolog\u00eda de los mitos es imprecisa), es su interlocutor privilegiado. Mi padre es ajeno a las categor\u00edas sentimentales y los lazos determinados por el parentesco, pero no al afecto, que entiende como una variante de la inteligencia. Si tuviera que someterse al improbable ejercicio de elegir a un hijo entre sus conocidos, se llamar\u00eda Marcos, nuestro invisible hermano.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.3em;\">Su deseo de transformaci\u00f3n social lo enfrent\u00f3 desde joven a un conflicto que no ha resuelto del todo. El dinero ha sido para \u00e9l un veneno que quiere convertir en medicina. Cuando mi abuela muri\u00f3, mi padre hizo una especie de reuni\u00f3n de Comit\u00e9 Central con mi hermana Carmen y conmigo. Abri\u00f3 una libreta con la orden del d\u00eda y declar\u00f3: \u201cHemos recibido un dinero que no hemos hecho nada para merecer y que debemos regalar.\u201d A los diez a\u00f1os me pareci\u00f3 estupendo salir a Bucareli, donde viv\u00eda mi abuela, a aventar billetes.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.3em;\">Mi padre ten\u00eda ideas m\u00e1s complicadas que \u00e9sa, pero no mucho m\u00e1s racionales. En vez de comprar propiedades y utilizar las rentas para ayudar a quienes quer\u00edan cambiar el mundo, decidi\u00f3 fundar empresas rom\u00e1nticas que prefiguraran, en s\u00ed mismas, un porvenir igualitario. Apoy\u00f3 cooperativas, fideicomisos, sufrag\u00f3 a misioneros de izquierda e hizo pr\u00e9stamos a causas que a veces s\u00f3lo representaban al solicitante. En cada una de estas aventuras, el dinero se desvaneci\u00f3 sin retorno posible.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.3em;\">Incapaz de aceptar la horrenda paradoja de que para promover el socialismo necesitaba una empresa capitalista, sigui\u00f3 apostando por formas comerciales de la aurora. Una de las m\u00e1s curiosas lleg\u00f3 en la forma de una taquer\u00eda.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.3em;\">Heberto Castillo presid\u00eda el Partido Mexicano de los Trabajadores. Mi padre y yo particip\u00e1bamos ah\u00ed, \u00e9l como te\u00f3rico decisivo y yo como militante de base. Cuando Heberto iba a la casa, hablaba de ping-pong con mi hermana Carmen, campeona nacional, y de literatura conmigo. Luego disertaba sobre ciencia, filosof\u00eda o religi\u00f3n. Su curiosidad y su pasi\u00f3n por los m\u00e1s diversos temas lo desviaban siempre del asunto pol\u00edtico, de enorme urgencia, que deb\u00eda tratar con mi padre.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.3em;\">Heberto pintaba al \u00f3leo, escrib\u00eda relatos autobiogr\u00e1ficos apasionantes, dise\u00f1aba estructuras de ins\u00f3lita resistencia y ten\u00eda proyectos para hacer llover con un bombardeo de iones y para acabar con la contaminaci\u00f3n del DF. Amigo del general C\u00e1rdenas, l\u00edder de la Coalici\u00f3n de Maestros en el \u201968, hab\u00eda estado en la c\u00e1rcel de Lecumberri y hac\u00eda una ins\u00f3lita mancuerna con el ferrocarrilero Demetrio Vallejo al frente del PMT. En \u00e9l, todo era heterodoxo. Como tantos visionarios sociales, incurri\u00f3 en el problema de tener raz\u00f3n antes de tiempo. Preconizaba una izquierda democr\u00e1tica, autocr\u00edtica, ajena a dogmas y s\u00edmbolos extra\u00f1os. En aquella \u00e9poca, esto era visto como tibio, complaciente, moderado en exceso. El presidente Echeverr\u00eda hab\u00eda lanzado la \u201capertura democr\u00e1tica\u201d para fingir una relajaci\u00f3n del poder autoritario, y a los miembros del PMT nos dec\u00edan los \u201cheberturos\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.3em;\">Heberto aprovechaba cualquier circunstancia a favor de sus variad\u00edsimas iniciativas. En una ocasi\u00f3n lo acompa\u00f1\u00e9 a una imprenta donde vio que las hojas que recortaba una m\u00e1quina liberaban unas tiras de papel que no eran usadas. Le pidi\u00f3 al impresor que le regalara todo el desperdicio en los cortes de papel. \u201c\u00bfPara qu\u00e9 quieres esas tiras?\u201d, le pregunt\u00e9. \u201cTodav\u00eda no lo s\u00e9\u201d, respondi\u00f3 el utopista.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.3em;\">El impulso de modificar la realidad llegaba a Heberto antes que los planes. Ese entusiasmo lo llev\u00f3 a fundar un negocio con mi padre. El punto de partida fue nacionalista: \u201cNada es m\u00e1s nuestro que los tacos\u201d, dijo Heberto en forma incontrovertible. Luego explic\u00f3 que en la c\u00e1rcel de Lecumberri hab\u00eda compartido cruj\u00eda con unos taqueros de excelencia. Ellos ya hab\u00edan sido liberados y necesitaban trabajo. El pmt estaba falto de recursos y la taquer\u00eda pod\u00eda ser la base de una plataforma econ\u00f3mica para transformar el pa\u00eds. A mi padre esto no s\u00f3lo le pareci\u00f3 l\u00f3gico sino urgente.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.3em;\">Heberto nos reuni\u00f3 en un jard\u00edn a probar los tacos de sus amigos. Fue el que m\u00e1s comi\u00f3, contando an\u00e9cdotas de cada ingrediente. Mi padre lo escuchaba sin decir palabra. Rara vez habla en las reuniones, as\u00ed es que esto nos pareci\u00f3 normal. Pero sus ojos ten\u00edan la concentraci\u00f3n del que observa la realidad como algo discernible, clasificable, sujeto a explicaci\u00f3n. Finalmente se decidi\u00f3 a opinar: los tacos eran magn\u00edficos, pero le parec\u00edan iconoclastas. Ten\u00eda raz\u00f3n. No hab\u00eda tacos al pastor, ni al carb\u00f3n, ni quesos fundidos. Todos eran tacos de guisados: tinga, rajas con mole, chicharr\u00f3n en salsa verde\u2026<\/span><\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.3em;\">Heterodoxo incorregible, Heberto declar\u00f3 que \u00e9sa ser\u00eda nuestra ventaja: la taquer\u00eda revolucionaria deb\u00eda ser distinta.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.3em;\">Aunque el asunto tiene visos c\u00f3micos, ah\u00ed cristalizaron dos maneras sumamente serias de abordar lo real. Mi padre se esforzaba por interpretar el men\u00fa como un cat\u00e1logo razonado y Heberto por convertirlo en una forma de la acci\u00f3n. El te\u00f3rico y el l\u00edder discut\u00edan de tacos. Gan\u00f3 el l\u00edder y unos meses despu\u00e9s se inaugur\u00f3 La Casita, en la esquina de Pilares y Avenida Coyoac\u00e1n, siendo mi padre el socio inversionista.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.3em;\">Corr\u00edan los \u00faltimos a\u00f1os setenta y yo trabajaba en Radio Educaci\u00f3n, que estaba a unas cuadras. Extend\u00ed mi militancia a la promoci\u00f3n de la taquer\u00eda y llev\u00e9 ah\u00ed a los compa\u00f1eros de la emisora. Recuerdo su decepci\u00f3n al ver la carta: \u201c\u00a1Puros tacos de guisado!\u201d, dijeron. Les expliqu\u00e9 que eso era revolucionario, pero no quisieron regresar.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.3em;\">La Casita fue un fracaso. \u201cNo es posible que los izquierdistas sean tan dogm\u00e1ticos\u201d, se quejaba Heberto, incapaz de entender que un militante dispuesto a cambiar el mundo prefiriera un convencional taco de costilla en vez de uno de arroz con papa.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.3em;\">Mi padre invit\u00f3 a Heberto a una de sus sesiones privadas de Comit\u00e9 Central, sac\u00f3 la libreta en la que anotaba la orden del d\u00eda y un ejemplar de El capital (apuntaba sus gastos en la cuarta de forros). En presencia de sus hijos, coment\u00f3 que estaba dispuesto a poner el patrimonio familiar al servicio de la causa obrera, pero eso no exclu\u00eda la autocr\u00edtica: hab\u00eda que cambiar de taqueros.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.3em;\">Como siempre, Heberto encontr\u00f3 una soluci\u00f3n un poco loca: incluir a un parrillero que no hab\u00eda estado en Lecumberri pero rebanaba la carne como si ameritara la m\u00e1xima sentencia. Los tacos de guisado pod\u00edan coexistir con el trompo de pastor.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.3em;\">Esta cohabitaci\u00f3n llev\u00f3 a luchas intestinas y a la fragmentaci\u00f3n de las tendencias en la taquer\u00eda. La Casita no prefiguraba el futuro del M\u00e9xico igualitario, sino de los partidos de izquierda.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.3em;\">La desuni\u00f3n interna ocurri\u00f3 justo cuando el PMT, el PST y el PCM hablaban de fusionarse. Heberto criticaba a los comunistas por usar la hoz y el martillo y propon\u00eda el machete y el nopal, s\u00edmbolos nuestros. Aunque pasar\u00eda a la historia por su renuncia a favor del ingeniero C\u00e1rdenas, Heberto fue duro en esa fase de la discusi\u00f3n. Mi padre le envi\u00f3 una carta memorable en la que, con todo el dolor de su coraz\u00f3n, le quitaba la taquer\u00eda.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.3em;\">La Casita es hoy El Hostal de los Quesos, basti\u00f3n de exitosos tacos conservadores.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.3em;\">Heberto Castillo y mi padre lucharon por cambiar el mundo con toda clase de ocurrencias. No hay pruebas definitivas de que lo hayan logrado. Pero tampoco hay pruebas en contra.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.3em;\">La realidad es heterodoxa.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Juan Villoro escribi\u00f3 sobre su padre un texto publicado en 2013 en La Jornada Semanal \u00a0 Juan Villoro escribi\u00f3 sobre su padre un texto publicado en 2013 en La Jornada Semanal El fil\u00f3sofo Luis Villoro falleci\u00f3 el pasado 5 de marzo. 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