{"id":33086,"date":"2022-09-12T01:19:29","date_gmt":"2022-09-12T01:19:29","guid":{"rendered":"legacy-k2-2019-126547"},"modified":"2022-09-12T01:19:29","modified_gmt":"2022-09-12T01:19:29","slug":"tinder-una-decada-de-la-app-de-los-encuentros-romanticos-y-sexuales-k2-126547","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pueblaonline.com.mx\/archivo\/2022\/sexo\/tinder-una-decada-de-la-app-de-los-encuentros-romanticos-y-sexuales-k2-126547\/33086\/","title":{"rendered":"Tinder: una d\u00e9cada de la app de los encuentros rom\u00e1nticos&#8230; y sexuales"},"content":{"rendered":"<p>El Pa\u00eds informa que cumplimos una d\u00e9cada en la red de citas que nos ha enganchado a deslizar a izquierda (me interesa) o derecha (no me interesa) a una multitud de nuestros semejantes. En este tiempo hemos descubierto que todos mentimos: ellos con la estatura y el salario, ellas con la edad. Y que los hombres dan m\u00e1s del doble de likes que las mujeres. Por encima de todo, hemos comprobado que, por m\u00e1s veces que borremos esta aplicaci\u00f3n, acabaremos volviendo a ella, cautivos del swipe.<\/p>\n<p>1. La revoluci\u00f3n de buscar pareja v\u00eda app<\/p>\n<p>Desde su lanzamiento, Tinder se ha descargado 400 millones de veces y ha robado el protagonismo de la vida sexual y sentimental de nuestro tiempo. \u201cTinder es uno de los dos grandes cambios que han alterado el apareamiento humano en los \u00faltimos cuatro millones de a\u00f1os\u201d. As\u00ed lo ve Justin Garc\u00eda, del Instituto Kinsey para la investigaci\u00f3n en Sexo, G\u00e9nero y Reproducci\u00f3n. \u201cEl primero tuvo lugar hace entre 10.000 y 15.000 a\u00f1os cuando la agricultura nos hizo sedentarios y se estableci\u00f3 el matrimonio como contrato cultural, y el segundo ha llegado con las apps para ligar, en el tel\u00e9fono y con geolocalizaci\u00f3n incluida \u2014Tinder permite encontrar personas en una ratio de entre 2 y 160 kil\u00f3metros\u2014, que han convertido la b\u00fasqueda de pareja sexual en un tr\u00e1mite similar al de pedir comida o reservar un vuelo barato\u201d.<\/p>\n<p>Eso s\u00ed, no hay que fiarse del todo de la informaci\u00f3n que aparece en los perfiles: asegura Dan Slater en su libro Love in the time of algorithms (Amor en tiempos del algoritmo) que los hombres se suelen poner cinco cent\u00edmetros m\u00e1s de estatura y las mujeres quitarse cinco kilos de peso y cinco a\u00f1os en la edad que declaran. La antrop\u00f3loga Helen Fisher a\u00f1ade, adem\u00e1s, que ellos son proclives a mentir sobre el dinero que ganan.<\/p>\n<p>2. No admite m\u00e1s c\u00f3digos que los propios<\/p>\n<p>Tinder se adjudica m\u00e1s de 8.000 millones de conexiones, aunque no concreta si se trata de interacciones digitales, encuentros en el mundo f\u00edsico o todo eso a la vez. La duraci\u00f3n y calidad de ese apareamiento es \u201cuna loter\u00eda\u201d. La frase es de una de las participantes del estudio \u00adHooking Up: Sex, Dating and Relationships on Campus (Enrollarse: sexo, citas y relaciones en el campus), dirigido por Kathleen A. Bogle y citado por la soci\u00f3loga Eva Illouz en su libro El fin del amor. Una sociolog\u00eda de las relaciones t\u00f3xicas (Katz, 2020). \u201cEl informe arroja luz sobre una notable confusi\u00f3n en torno al prop\u00f3sito de los encuentros casuales. (\u2026) Ni siquiera hay un acuerdo sobre la definici\u00f3n del t\u00e9rmino \u201crollo\u201d (hook up en ingl\u00e9s) que algunos usan cuando se han besado con alguien; otros, cuando han tenido un episodio de sexo oral sin coito, y otros, para describir una relaci\u00f3n que les sienta bien\u201d. En una especie de manual de uso no escrito esta incertidumbre se ha resuelto con la expresi\u00f3n: \u201cVoy a quedar con un tinder\u201d o \u201cMe voy a ver con mi tinder\u201d.<\/p>\n<p>3. El algoritmo no es justo ni neutral<\/p>\n<p>Su algoritmo establece un ranking de atractivo que determina la visibilidad de los perfiles y las posibilidades de hacer match. Cuantos m\u00e1s likes, m\u00e1s se sube en el Elo Score, as\u00ed se llama la clasificaci\u00f3n creada en 1960 por Alfred Elo para las competiciones de ajedrez y en la que se han inspirado los desarrolladores de Tinder. Cuando se recibe un like de un usuario muy popular se ganan muchos puntos en la clasificaci\u00f3n. La periodista francesa Judith Duportail cuenta en su libro El algoritmo del amor: un viaje a las entra\u00f1as de Tinder (editorial Contra, 2019) c\u00f3mo funciona el Elo Score. Seg\u00fan su investigaci\u00f3n, punt\u00faa diferente para hombres y mujeres, y favorece los encuentros entre hombres mayores y mujeres j\u00f3venes. El algoritmo de Tinder es complejo y est\u00e1 muy vivo. Su fundador, Sean Rad, reconoci\u00f3 a Fast Company que hab\u00edan tardado dos meses y medio en desarrollarlo. El resultado es una puntuaci\u00f3n independiente para cada persona seg\u00fan su atractivo y deseabilidad. Con esa informaci\u00f3n, Tinder har\u00e1 m\u00e1s visible a candidatos m\u00e1s o menos parecidos entre s\u00ed. Como promedio, una mujer da \u201cMe gusta\u201d a un 14% de los perfiles que ve, mientras que un hombre lo hace con el 46% de las candidatas que le muestran.<\/p>\n<p>4. Mil formas de rechazar y ser rechazado. Y el nuevo vocabulario<\/p>\n<p>Se rechaza (y se es rechazado) por motivos f\u00fatiles e inesperados como una sintaxis incorrecta, una camiseta sint\u00e9tica, un tatuaje con faltas de ortograf\u00eda o una foto con un oso panda. Los detalles cuentan. El swipe a la izquierda (rechazar) es adictivo: nos hace rebosar de estimulante dopamina y es una de las grandes diversiones de Tinder. Los suscriptores premium pueden rectificar sus conductas impulsivas con la opci\u00f3n Rewind, que permite recuperar a una persona enviada al limbo de \u201cla tinder\u00f3sfera\u201d \u2014t\u00e9rmino empleado en la propia web de Tinder\u2014. Todos hemos sido alguna vez ese depredador, y cuando cre\u00edamos que encaj\u00e1bamos bien los golpes y est\u00e1bamos curtidos en el rechazo, llega uno, aleatorio e inesperado, que nos hunde en la miseria.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, hemos incorporado a nuestro vocabulario t\u00e9rminos anglosajones que pronunciamos regularmente y ejecutamos con excelencia: ghosting, cuando se corta la relaci\u00f3n abruptamente, sin dejar huella ni dar derecho a r\u00e9plica. Breadcrumbing, cuando se reparten migajas de atenci\u00f3n para mantener el contacto, pero sin intenci\u00f3n de ir mucho m\u00e1s lejos. Slowfading, para describir el arte de desaparecer lentamente, sin dar el portazo. Benching (de banco, bench en ingl\u00e9s), tener a alguien en el banquillo, usarlo como la latita de at\u00fan en la despensa; quien est\u00e1 en esa situaci\u00f3n no corta el v\u00ednculo porque sus expectativas nunca desaparecen. Pocketing, para definir las relaciones de interior, que funcionan en su casa o en la tuya, pero nunca en la calle o en sitios donde pueda haber testigos o conocidos.<\/p>\n<p>5. El eterno retorno<\/p>\n<p>Con Tinder se establece una relaci\u00f3n amor-odio. Una dicotom\u00eda que se escenifica cada vez que se borra la app para luego volver a cargarla\u2026 hasta el pr\u00f3ximo disgusto, o cuando se adopta un comportamiento cauto tras un fracaso m\u00e1s o menos importante. Entonces se adopta el modo digisexual, un t\u00e9rmino que alude a los que mantienen largas conversaciones pantalla por medio sin concretar nunca un encuentro en el mundo f\u00edsico. A veces se prueba suerte con otras plataformas como Bumble, pero al final siempre se vuelve porque, tal y como reconoce un informe de la empresa Match.com, propietaria de Tinder, uno de cada seis solteros es adicto al proceso de b\u00fasqueda de pareja, a swippear a diestra y siniestra como quien busca una serie. A estas alturas, no hay relaci\u00f3n m\u00e1s larga y estable que la que se mantiene con el se\u00f1or Tinder.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Pa\u00eds informa que cumplimos una d\u00e9cada en la red de citas que nos ha enganchado a deslizar a izquierda (me interesa) o derecha (no me interesa) a una multitud de nuestros semejantes. En este tiempo hemos descubierto que todos mentimos: ellos con la estatura y el salario, ellas con la edad. 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