{"id":340110,"date":"2013-05-14T03:23:18","date_gmt":"2013-05-14T03:23:18","guid":{"rendered":"legacy-k2-2009-40018"},"modified":"2013-05-14T03:23:18","modified_gmt":"2013-05-14T03:23:18","slug":"princesas-saudies-se-rebelan-gastando-dinero-o-dejando-deudas-millonarias-k2-40018","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pueblaonline.com.mx\/archivo\/2013\/puebla\/princesas-saudies-se-rebelan-gastando-dinero-o-dejando-deudas-millonarias-k2-40018\/340110\/","title":{"rendered":"Princesas saud\u00edes: \u00bfen qu\u00e9 gastan y d\u00f3nde compran?"},"content":{"rendered":"<div>Represi\u00f3n y discriminaci\u00f3n en su pa\u00eds las lleva a tener ciertos escapes de su realidad<\/div>\n<div><span style=\"line-height: 1.3em\">El Pa\u00eds informa que hay que ser muy rumbosa para irse de un hotel sin pagar. Pero intentar hacer un sinpa en el Palacio Hotel Shangri-La de Par\u00eds, a las tres de la ma\u00f1ana, con una cohorte de 60 personas, decenas de ba\u00fales y dejando una deuda de seis millones de euros esperando pasar desapercibida\u2026 es para rendirse ante la evidencia de que Maha Al-Suda\u00efri tiene la cara tan dura que es digna de perplejidad. M\u00e1xime cuando no era la primera vez que la princesa saud\u00ed \u2013exmujer del fallecido pr\u00edncipe heredero Nayef bin Abdelaziz Al Saud\u2013 intentaba marcharse dejando la cuenta sin pagar de un hotel parisino.<\/span><\/div>\n<div><\/div>\n<div>La situaci\u00f3n apuntada sucedi\u00f3 el pasado 27 de junio, seis meses despu\u00e9s de que Maha Al-Suda\u00efri llegase al Shangri-La y privatizase su s\u00e9ptima planta para ella y su tropa. A raz\u00f3n de 20.000 euros la noche. M\u00e1s seis meses de arrasar en las exclusivas tiendas de la capital francesa a bordo de una flota de coches de superlujo \u2013la empresa de alquiler de veh\u00edculos Cinquieme Etoile le reclama 1,5 millones de euros de deuda\u2013 para adquirir joyas, ropa, complementos y antig\u00fcedades por un valor estimado de m\u00e1s de 10 millones de euros, que iba guardando en tres dep\u00f3sitos a las afueras de Par\u00eds y que recientemente un juez ha embargado para pagar a sus acreedores.\u00a0<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Por supuesto, los establecimientos conoc\u00edan la querencia por los cheques sin fondos de la princesa. Pero la dejaban hacer, ya que sab\u00edan que antes o despu\u00e9s alguien del Reino se har\u00eda cargo de las deudas y as\u00ed evitaban el enfrentamiento con un miembro de la casa de los Al-Saud, protegidos adem\u00e1s por la inmunidad diplom\u00e1tica. <\/div>\n<div>\u00a0<\/div>\n<div>Dicha familia cuenta con unos 10.000 pr\u00edncipes y princesas, aunque la cifra exacta es secreto de Estado. Son los propietarios del pa\u00eds \u2013una dictadura religiosa muy poco discreta; s\u00e1trapas, les llaman algunos\u2013 y de las reservas petrol\u00edferas que hacen de Arabia Saud\u00ed el primer exportador de crudo del mundo. Y a su \u00e9lite, una de las m\u00e1s afortunadas y manirrotas del planeta.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Sin embargo, no todas las princesas saud\u00edes tienen tan mala fama como Maha Al-Suda\u00efri. La mayor\u00eda de ellas son extremadamente discretas y las m\u00e1s medi\u00e1ticas, como la exprincesa y coleccionista de alta costura Mouna Ayoub \u2013socialit\u00e9 afincada en Par\u00eds desde que se divorci\u00f3 de Nasser Al-Rashid\u2013; la princesa Amira, cuarta esposa del m\u00e1s occidental de los pr\u00edncipes \u00e1rabes \u2013Waleed Al-Taweel\u2013; o las habituales de los desfiles de Par\u00eds como Basmah bint Saud y Deena Abdulaziz, quien adem\u00e1s es propietaria de una boutique de lujo en Riad, son los escasos exponentes conocidos de la belleza y la elegancia del Reino. Pero si en algo coinciden todas las princesas, m\u00e1s o menos expuestas a los focos de la prensa, es en que son adictas a la moda y por ello son las clientas perfectas. Llegan, se lo compran todo y se marchan mientras un sirviente paga la cuenta.\u00a0<span style=\"line-height: 1.3em\">\u00a0<\/span><\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00abNormalmente, un miembro de la seguridad y la persona que se encarga de los asuntos m\u00e1s mundanos de la princesa entran primero en la boutique\u00bb, explica Pierre, antiguo asistente de una princesa de \u00abmuy alto rango\u00bb que exige mantener su anonimato a cambio de relatar a S Moda algunas intimidades de la realeza saud\u00ed. \u00abDespu\u00e9s entra la princesa con sus ayudantes m\u00e1s cercanos, a quienes atiende la persona de m\u00e1s responsabilidad de la tienda y que, b\u00e1sicamente, les da lo que quieren cuando quieren. Normalmente aprovechan que est\u00e1n en Par\u00eds para comprar todo lo que necesitan para un a\u00f1o, por lo que en cada tienda pueden gastar decenas de miles de euros en ropa y complementos, pero sobre todo en zapatos y vestidos de noche\u00bb.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00bfHay mucha rivalidad entre las princesas por ver qui\u00e9n est\u00e1 m\u00e1s a la moda? \u00abS\u00ed, sobre todo en los niveles altos de la jerarqu\u00eda. La mayor\u00eda est\u00e1n cortadas por el mismo patr\u00f3n, aunque tambi\u00e9n hay a las que les da igual la moda, por supuesto\u00bb.\u00a0<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Par\u00eds se convierte en una boutique gigante, en un patio de recreo de oro y brillantes en el que las princesas se dejan llevar por placeres dignos de sus t\u00edtulos nobles. Pero no solo se trata de vaciar las estanter\u00edas de Prada, Elie Saab, Dior, Herm\u00e8s, Louboutin o Balenciaga, sino tambi\u00e9n de visitar los salones privados de las joyer\u00edas m\u00e1s prestigiosas de la Place Vend\u00f4me \u2013enloquecen por Chaumet y Cartier\u2013 y de acceder al colmo del lujo: la alta costura. Se especula que alrededor de un tercio de este tipo de ventas acaban en Arabia Saud\u00ed o en los Emiratos \u00c1rabes Unidos, lo cual no es de extra\u00f1ar si se tiene en cuenta que el n\u00famero de bodas y fiestas privadas en las que se re\u00fanen solo las mujeres, pr\u00e1cticamente cada noche del a\u00f1o, en aquellas tierras es numeros\u00edsimo.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El que fuese director creativo de una de las grandes casas de moda parisienses durante m\u00e1s de 10 a\u00f1os \u2013y que tambi\u00e9n solicita no revelar su nombre\u2013 explica a S Moda su experiencia con las princesas \u00e1rabes en el mundo exclusivo de la alta costura: \u00abSon encantadoras y de trato muy sencillo. Adem\u00e1s, si te llevas bien con una, enseguida vuelve con su madre, su t\u00eda, su prima\u2026 Siempre van a por las piezas m\u00e1s potentes de las colecciones, los vestidos con m\u00e1s personalidad, y se llevan todo el conjunto. Les encanta la lencer\u00eda y van totalmente pertrechadas de arriba abajo. \u00a1No se privan de nada!\u00bb.\u00a0<\/div>\n<div><\/div>\n<div><strong>Mucho m\u00e1s que moda.<\/strong> A las pruebas con los grandes modistos de Par\u00eds y las compras sin fin en la Avenue Montaigne y en Faubourg Saint-Honor\u00e9 se suman tratamientos en los centros de belleza m\u00e1s exclusivos \u2013Carita, el Spa Dior del hotel Plaza Athen\u00e9e, el Clarins del hotel Royal Monceau o el del Bristol, gestionado por La Prairie, son sus favoritos\u2013, cenas y soir\u00e9es en los clubs de moda y largos paseos por los Campos El\u00edseos, donde aprovechan para ir al cine y disfrutar de la libertad vigilada \u2013siempre est\u00e1n acompa\u00f1adas\u2013, y de sentirse casi normales. Algo a lo que no est\u00e1n acostumbradas estas mujeres, que viven segregadas y sometidas a la extremista versi\u00f3n wahabi del islam en su pa\u00eds, donde no pueden mezclarse con personas del sexo opuesto y llevan una vida de semirreclusi\u00f3n.\u00a0<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00abSe puede pensar que cogen el avi\u00f3n privado cuando quieren, pero no es as\u00ed\u00bb, explica Pierre, nuestra fuente an\u00f3nima desde Riad. \u00abPara salir del Reino tienen que pedir permiso al hombre de la casa y, adem\u00e1s, los jets solo los tienen las personas mayores; la madre de la princesa para la que yo trabajaba, por ejemplo, y los miembros de la familia real con mayor rango. Nosotros viaj\u00e1bamos habitualmente con l\u00edneas a\u00e9reas comerciales, ella y su acompa\u00f1ante en primera clase y yo en preferente. Pero s\u00ed es cierto que a veces us\u00e1bamos el avi\u00f3n privado y he de decir que es muy c\u00f3modo. Aunque si quieres ver una pel\u00edcula te la tienes que llevar t\u00fa\u00bb, apunta con humor Pierre.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00abLuego, lo m\u00e1s habitual es que se queden en las casas que ellos poseen o en la de alg\u00fan familiar en Par\u00eds [mansiones que ocupan solo durante un par de semanas al a\u00f1o], y m\u00e1s raramente en alg\u00fan hotel de lujo, sobre todo en el George V o en el Crillon, ambos de propiedad saud\u00ed. Pero aun con sus limitaciones, este estilo de vida les trastoca totalmente el ego. Les da ese sentimiento de quiero lo que me da la gana ahora, ni un minuto despu\u00e9s. Las mujeres en Arabia Saud\u00ed tienen muy pocos derechos, aunque las princesas s\u00ed tengan m\u00e1s libertad, por lo que no pueden expresar su identidad de una forma natural. En \u00faltimo t\u00e9rmino, son propiedad de sus maridos, y utilizan la moda como v\u00e1lvula de escape. Es la \u00fanica manera de mantener su propia individualidad e identidad\u00bb.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Desde la otra punta del mundo, Los \u00c1ngeles, nos atiende Jayne Larson, actriz y escritora \u2013autora de Driving the Saudis, publicado el a\u00f1o pasado por Simon &#038; Schuster\u2013 que nos relata su experiencia de siete semanas conduciendo para una de las familias reales saud\u00edes que se encontraban de vacaciones en Beverly Hills, encargo que acept\u00f3 en un momento en el que no ten\u00eda trabajo. \u00abSolo conduje para las mujeres, ya que no tuve casi acceso a los hombres, quienes ni siquiera me miraban a los ojos. Ellas se dedicaban a ir de compras y al cirujano pl\u00e1stico, y se gastaban literalmente cientos de miles de d\u00f3lares al d\u00eda. Limpiaban las tiendas de Rodeo Drive, \u00a1las dejaban vac\u00edas! Al d\u00eda siguiente regres\u00e1bamos a la misma calle y volv\u00edan a llevarse todo. Ni siquiera se probaban lo que compraban, lo met\u00edan en bolsas y despu\u00e9s en una furgoneta que iba hasta los topes en la comitiva de limusinas. He estado rodeada de gente con mucho dinero, pero nunca hab\u00eda visto algo as\u00ed. Compraban sin ning\u00fan tipo de miramiento por el precio, que pagaban sus asistentes con billetes de 100 d\u00f3lares, siempre en met\u00e1lico\u00bb.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><strong>Territorio espa\u00f1ol. <\/strong>Tambi\u00e9n en nuestro pa\u00eds hemos podido comprobar c\u00f3mo se las gasta la realeza saud\u00ed. Marbella es uno de sus destinos favoritos, y en la localidad malague\u00f1a se les espera como agua de mayo en las \u00e9pocas de vacaciones. \u00abActualmente sus visitas no son tan masivas como las que experiment\u00e1bamos hace 10 a\u00f1os\u00bb, explican desde AcoBan\u00fas, la asociaci\u00f3n de comerciantes de Puerto Ban\u00fas, \u00abpero siguen viniendo con frecuencia, ya que muchos tienen radicadas sus segundas residencias o viviendas de veraneo aqu\u00ed\u00bb. No es complicado encontrar en la hemeroteca ejemplos de los excesos y el modus operandi de los saud\u00edes en la ciudad andaluza, donde a ellas se las conoce como las princesas Vuitton. Un nombre que hace justicia a su realidad, ya que ciertamente son reinas, due\u00f1as y se\u00f1oras de las boutiques que visitan, pero no de su propio destino, como explicaba Pierre, nuestro hombre en Riad. Idea que subraya Jayne Larson: \u00abSus vidas est\u00e1n tan confinadas que comprar a lo bestia o someterse a continuos retoques de cirug\u00eda est\u00e9tica que no necesitan es su forma de sentir que tienen alg\u00fan control sobre su entorno. Esto no quiere decir que no les gusten las cosas bonitas, como a todo el mundo, pero sobre todo vi que poder entrar libremente en una tienda y hablar con los vendedores y expresar sus gustos era una manera de destaparse.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Y para las princesas m\u00e1s j\u00f3venes, las que ten\u00edan unos 15 a\u00f1os, simplemente caminar por la calle, vestidas a la manera occidental, en una sociedad abierta, les resultaba incre\u00edble, pod\u00edas verlo en sus ojos. Deambular por un centro comercial era para ellas lo m\u00e1ximo. No solo para comprar, ya que hasta de eso se cansaban, sino porque quer\u00edan estar rodeadas de gente sin ninguna cortapisa, mezclarse. Ir al cine, por ejemplo. En ocasiones iban una y otra vez a ver el mismo filme solo para estar en el cine, porque en el Reino no est\u00e1n permitidos. Pueden ver cintas en sus palacios, pero, al fin y al cabo, eso no tiene nada que ver con la experiencia de disfrutar de una pel\u00edcula rodeadas de otras personas\u00bb.\u00a0<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Querer ser normales y jugar a conseguirlo comprando como el que traga un plato exquisito sin saborearlo. Vivir para gastar y gastar para vivir, rodeadas del lujo m\u00e1s exclusivo. Ese es el sue\u00f1o de las princesas saud\u00edes. Imaginando que su destino no est\u00e1 escrito en letras de oro negro, discriminadas y reprimidas y, sin embargo, abanderando como \u00fanica posibilidad de rebeld\u00eda el hacer saltar la caja registradora de una boutique. O irse sin pagar de un hotel.<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Represi\u00f3n y discriminaci\u00f3n en su pa\u00eds las lleva a tener ciertos escapes de su realidad El Pa\u00eds informa que hay que ser muy rumbosa para irse de un hotel sin pagar. 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