{"id":382838,"date":"2011-08-14T20:31:21","date_gmt":"2011-08-14T20:31:21","guid":{"rendered":"http:\/\/legacy-k2-2009-16253"},"modified":"2026-03-27T18:34:22","modified_gmt":"2026-03-28T00:34:22","slug":"mona-lisa-el-dia-que-desaparecio-de-louvre-k2-16253","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pueblaonline.com.mx\/archivo\/2011\/puebla\/mona-lisa-el-dia-que-desaparecio-de-louvre-k2-16253\/382838\/","title":{"rendered":"Mona Lisa, el d\u00eda que desapareci\u00f3 de Louvre"},"content":{"rendered":"<p>La obra maestra de la pintura recibe 6 millones de visitantes al a\u00f1o<\/p>\n<p>La publicaci\u00f3n Semana en su sitio en internet informa que el 21 de agosto de 1911 era lunes de zapatero en Par\u00eds. La noche anterior, como todas las de esa \u00e9poca en la Ciudad Luz, hab\u00eda sido agitada, y de la calma que reinaba al comenzar la semana se aprovecharon Vincenzo y Michele Lancellotti y Vicenzo Peruggia. Los tres italianos hab\u00edan pasado la noche en una bodega del Museo del Louvre, y tan pronto amaneci\u00f3, vestidos con delantales blancos, ingresaron al sal\u00f3n Carr\u00e9, sustrajeron La Mona Lisa y huyeron. Los tres conoc\u00edan bien el terreno: un a\u00f1o antes hab\u00edan instalado las cajas de vidrio que proteg\u00edan las piezas m\u00e1s valiosas del museo.<\/p>\n<p>El primero en notar que algo faltaba en el sal\u00f3n fue un pintor, Louis Beroud, que se dedicaba a retratar las escenas que se ve\u00edan en los pasillos del museo, g\u00e9nero apetecido entre los coleccionistas de la \u00e9poca. Al instalar su caballete el martes en la ma\u00f1ana, Beroud se percat\u00f3 de la ausencia del cuadro y le avis\u00f3 al guardia de turno.<\/p>\n<p>El museo se tard\u00f3 en dar la noticia, por lo que algunos creen que intentaron hacer pasar desa-percibido el suceso. El caso es que el robo gener\u00f3 un gran revuelo en Par\u00eds. La Polic\u00eda distribuy\u00f3 seis mil fotograf\u00edas de la obra y destin\u00f3 sesenta detectives a la tarea de encontrarla. El hecho lleg\u00f3 a la primera p\u00e1gina de los principales diarios del mundo y cuando se reabri\u00f3 el museo, una semana despu\u00e9s, miles -entre ellos Franz Kafka- acudieron a ver los cuatro clavos que sosten\u00edan La Gioconda.<\/p>\n<p>La obra, entre tanto, hab\u00eda quedado en manos de Peruggia, un obrero, pintor y carpintero con pretensiones de ascenso social: era autodidacta y se presentaba a s\u00ed mismo como &#8220;artista&#8221;. El ladr\u00f3n ya registraba dos pasos por la c\u00e1rcel: uno por un intento de robo a una prostituta y otro por portar una pistola en una ri\u00f1a callejera. Era tambi\u00e9n un obstinado nacionalista: cre\u00eda que muchas de las piezas que se exhib\u00edan en el Louvre hab\u00edan sido saqueadas por Napole\u00f3n, en su paso por Italia. Por lo pronto, escondi\u00f3 el lienzo en un ba\u00fal de doble fondo.<\/p>\n<p>Los franceses en esa \u00e9poca tem\u00edan que las piezas m\u00e1s valiosas que se conservaban en sus museos fueran a terminar tarde o temprano en colecciones privadas. A tal punto lleg\u00f3 la paranoia que uno de los primeros sospechosos fue el multimillonario coleccionista norteamericano J.P. Morgan. Tambi\u00e9n hubo miradas que apuntaron al k\u00e1iser Guillermo II, pues para entonces las tensiones entre Francia y Alemania iban en aumento. Ni Pablo Picasso ni el poeta Guillaume Apollinaire se salvaron de entrar a esta selecta lista de sospechosos. Al fin y al cabo, hac\u00eda poco le hab\u00edan comprado a un amigo com\u00fan unas estatuas que resultaron ser robadas del Louvre. Fueron detenidos para ser interrogados y luego salieron en libertad.<\/p>\n<p>Los investigadores indagaron a todos aquellos que trabajaban o hab\u00edan trabajado en el museo en a\u00f1os recientes. Y en esa lista estaba, por supuesto, Peruggia. El personaje supo mantener la calma ante las preguntas y no despert\u00f3 la m\u00e1s m\u00ednima sospecha. Ten\u00eda, adem\u00e1s, la suerte de su lado: la \u00fanica huella que dej\u00f3 en la escena del crimen era de su pulgar izquierdo, en tiempos en que las autoridades solo conservaban registros de la mano derecha.<\/p>\n<p>Al tiempo que las autoridades daban tumbos, el robo se convert\u00eda en un tema popular: se imprimieron postales, se compusieron canciones de cabar\u00e9 e incluso se rod\u00f3 un cortometraje, todos en tono de burla. El museo, entre tanto, segu\u00eda recibiendo visitantes ansiosos de ver el espacio dejado por el cuadro.<\/p>\n<p>Dos a\u00f1os y cuatro meses despu\u00e9s, Peruggia se fue con su valioso ba\u00fal a Florencia, donde contact\u00f3 al comerciante de arte italiano Alfred Geri, con la intenci\u00f3n de venderle el cuadro a la Galer\u00eda Uffizi. Quedaron de verse en un cuarto de un hotel de esta ciudad, a donde se desplaz\u00f3 con la obra. All\u00ed lleg\u00f3 Geri con el director de la Galer\u00eda, Giovanni Poggi, quienes, pese a que sab\u00edan que se trataba La Gioconda, simularon tener dudas sobre la autenticidad de la pintura. Con este argumento le pidieron que les permitiera llevarla donde un perito, y as\u00ed la pusieron en manos de la Polic\u00eda, que no tard\u00f3 en arrestar a Peruggia.<\/p>\n<p>Italia se neg\u00f3 a extraditarlo, y tras el juicio, fue condenado apenas a siete meses y nueve d\u00edas de prisi\u00f3n. En la c\u00e1rcel, recib\u00eda numerosas cartas, cigarrillos y regalos de sus compatriotas convencidos de su versi\u00f3n de que actu\u00f3 movido por el fin patri\u00f3tico de regresar La Mona Lisa a su tierra natal. Desconoc\u00eda, o no le importaba, que cuando Da Vinci termin\u00f3 la obra ya viv\u00eda en Par\u00eds.<\/p>\n<p>Sobre los m\u00f3viles del robo no hay total claridad. Era frecuente en esa \u00e9poca -como hoy- que las obras de arte robadas fueran moneda de cambio en el mercado negro de armas y drogas. Por los contactos con los que contaba Peruggia en el bajo mundo, muchos creen que su destino era este, pero no esperaba que su robo tuviera tanta repercusi\u00f3n. Por eso la habr\u00eda conservado por m\u00e1s de dos a\u00f1os, sin los cuidados que demanda una lienzo de tanta antig\u00fcedad.<\/p>\n<p>Veinte a\u00f1os despu\u00e9s, en 1931, apareci\u00f3 una nueva hip\u00f3tesis. Ese a\u00f1o, el periodista estadounidense Karl Decker public\u00f3 una entrevista que le hizo en 1914 a un argentino, Eduardo de Valfierno, de quien se dice era un redomado timador. Seg\u00fan Decker, solo estaba autorizado a publicar el material tras la muerte del personaje. En ella, Valfierno habl\u00f3 de un plan para robar la obra, encargarle a un falsificador seis reproducciones y venderlas todas como si fueran la original. En caso de que apareciera y volviera a su lugar, se les dir\u00eda a los compradores que la del museo era una copia que puso el museo para evitar el esc\u00e1ndalo.<\/p>\n<p>De esta entrevista surgi\u00f3 la novela Valfierno, de Mart\u00edn Caparr\u00f3s, y tambi\u00e9n la leyenda seg\u00fan la cual el lienzo que hoy se exhibe es una copia. No obstante, el craquelado de la pintura que se puede apreciar de cerca, pr\u00e1cticamente imposible de copiar, deja sin piso esta versi\u00f3n acogida por los aficionados a las teor\u00edas conspirativas.<\/p>\n<p>Pero lo que m\u00e1s llama la atenci\u00f3n de esta historia es que, no obstante la conmoci\u00f3n que produjo el hurto, La Mona Lisa estaba lejos de ser en ese entonces el \u00edcono que es hoy. Apenas desde 1860 los cr\u00edticos la calificaron como una obra maestra del Renacimiento, mientras que para comienzos del siglo XX solo los expertos reconoc\u00edan su valor. De hecho, otras dos piezas del Louvre, la Venus de Milo y la Victoria de Samotracia, merec\u00edan m\u00e1s espacio en las gu\u00edas para viajeros. Hoy hay consenso acerca de que el esc\u00e1ndalo de su robo tuvo mucho que ver con la fama actual de la obra de Da Vinci. La misma que es visitada por al menos seis millones de personas cada a\u00f1o, a muchas de las cuales les interesa, m\u00e1s que apreciarla, poder contar que la vieron. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La obra maestra de la pintura recibe 6 millones de visitantes al a\u00f1o La publicaci\u00f3n Semana en su sitio en internet informa que el 21 de agosto de 1911 era lunes de zapatero en Par\u00eds. 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