{"id":383386,"date":"2011-08-29T14:49:16","date_gmt":"2011-08-29T14:49:16","guid":{"rendered":"http:\/\/legacy-k2-2009-16811"},"modified":"2026-03-27T18:36:48","modified_gmt":"2026-03-28T00:36:48","slug":"quienes-eran-las-victimas-del-casino-royale-k2-16811","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pueblaonline.com.mx\/archivo\/2011\/puebla\/quienes-eran-las-victimas-del-casino-royale-k2-16811\/383386\/","title":{"rendered":"\u00bfQui\u00e9nes eran las v\u00edctimas del Casino Royale?"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Dulce Ramos y Laura Garza\/<\/strong><\/p>\n<p>El fuego y el humo t\u00f3xico apagaron 52 vidas en el Casino Royale de Monterrey. Desde el jueves, d\u00eda en que ocurri\u00f3 el ataque m\u00e1s cruento perpetrado por la delincuencia, decenas de familias quedaron incompletas y sin posibilidad de llenar ese hueco.<\/p>\n<p>Detr\u00e1s de ese n\u00famero fr\u00edo, de cinco decenas de muertos y dos m\u00e1s, hay rostros e historias diferentes que convergen en el final de su vida. Una muerte que nadie merec\u00eda.<\/p>\n<p>Para algunos, recordar a su v\u00edctima, no alivia el dolor. Rub\u00ed Cavazos, nuera de una de las 42 mujeres muertas en el incendio, dice que ver el nombre de su suegra circulando en los revistas o peri\u00f3dicos es recordar que muri\u00f3 en un \u201cacto terrorista\u201d.<\/p>\n<p>\u201cNo queremos recordarla\u00a0 involucrada en algo as\u00ed\u201d, dice Rub\u00ed, delgada, rubia y con las ojeras marcadas por el desvelo.<\/p>\n<p>Otras familias han encontrado algo de alivio en recordar a sus familiares. En las capillas repletas de dolientes, donde los abrazos sentidos intentaban paliar el dolor, Animal Pol\u00edtico encontr\u00f3 nombres y los rostros de nueve de las 52 v\u00edctimas del atentado en el Casino Royale.<\/p>\n<p><strong>LAURA ADRIANA GREGORIA NAVARRETE BERLANGA, AMA DE CASA, 55 A\u00d1OS.<\/strong><br \/>Laura Navarrete part\u00eda su tiempo entre sus tres hijos y el cuidado de sus padres ya ancianos. El jueves 25, con sus muchachos fuera de casa y sus padres de viaje, decidi\u00f3 tomar un rato para ella. Tom\u00f3 su bolsa y se encamin\u00f3 al Casino Royale.<\/p>\n<p>A las 15:20 horas, Laura hizo su \u00faltima llamada telef\u00f3nica.<\/p>\n<p>\u201cEst\u00e1n asaltando. Me escond\u00ed en el ba\u00f1o\u201d. Dijo a su esposo en un primer momento. Despu\u00e9s corrigi\u00f3. \u201cNo es un asalto. Se est\u00e1 quemando el casino. Por favor ay\u00fadame. Llama a los bomberos\u201d.<\/p>\n<p>Momentos despu\u00e9s se dej\u00f3 de escuchar la voz de Laura, pero la llamada nunca se interrumpi\u00f3. Al tel\u00e9fono sigui\u00f3 el sonido de la emergencia.<\/p>\n<p>\u201cLaura era muy trabajadora. Entusiasta. Siempre estuvo muy apegada a Dios\u201d, recuerda su prima Norma Salazar en una funeraria del centro de Monterrey.<\/p>\n<p>Laura deja a tres j\u00f3venes hu\u00e9rfanos. Uno de 28 a\u00f1os, otro de 26 y una 20 a\u00f1os. Con ella tambi\u00e9n se fue tambi\u00e9n parte de la alegr\u00eda con que la familia fund\u00f3 un pr\u00f3spero negocio de tortillas de harina hace 10 a\u00f1os y que sosten\u00eda a la familia.<\/p>\n<p><strong>ROSA MAR\u00cdA RAM\u00cdREZ D\u00cdAZ, AMA DE CASA, 58 A\u00d1OS<\/strong><br \/>Las cenas de Navidad y cualquier otra festividad que implicara una gran comilona siempre se organizaban en casa de Rosa Mar\u00eda Ram\u00edrez. A la muerte de su suegra, hace un par de a\u00f1os, ella fue la que mantuvo congregada a la familia en torno a la mesa.<\/p>\n<p>\u201cSu afici\u00f3n m\u00e1s grande era la cocina\u201d, dice su viudo, Edmundo Ram\u00edrez Jim\u00e9nez, con una serenidad ejemplar. \u201cYa s\u00f3lo estoy soltando el coraje\u201d, dice a un amigo que llega a darle el p\u00e9same.<\/p>\n<p>Edmundo, de ojos miel y bigote cuyas puntas llegan a la barbilla, est\u00e1 acompa\u00f1ado de las mismas personas que se reun\u00edan en torno a los platillos de Rosa Mar\u00eda y frente a \u00e9l, sus nietos.<\/p>\n<p>\u201cPara ella no hab\u00eda mejor raz\u00f3n de vivir que ellos. Sus nietos eran todo\u201d, comenta Flor Jim\u00e9nez con una voz que refleja calma.<\/p>\n<p>Esa paz, sin embargo,\u00a0 no est\u00e1 en toda la famila. Una de las hermanas de Rosa Mar\u00eda, que se niega a dar su nombre, dice un con dejo de rabia: \u201cLa muerte de mi hermana no se va a quedar aqu\u00ed. Este sufrimiento no va a ser in\u00fatil\u201d.<\/p>\n<p><strong>AMALIA TERRAZAS MORENO, AMA DE CASA, 56 A\u00d1OS<\/strong><br \/>\u201cLa historia de mi hermana es privada. Lo que no es privado es este sufrimiento en el que estamos todos unidos\u201d.\u00a0 Silvia Terrazas, hermana de Amalia, habla en susurros, pero su voz no est\u00e1 apagada, sino llena de rabia. A cuentagotas suelta informaci\u00f3n de Amalia.<\/p>\n<p>\u201cEra una buena persona. Ama de casa, completamente dedicada a su \u00fanica hija\u201d, cuenta Silvia en una capilla elegante en el pudiente municipio de San Pedro Garza Garc\u00eda. La mujer se mantiene estoica, pero en las mejillas le quedan l\u00edneas negras de l\u00e1grimas mezcladas con maquillaje corrido.<\/p>\n<p>\u201cAs\u00ed como vez esta sala, toda llena de gente, as\u00ed sol\u00eda estar su casa. \u00bfA qui\u00e9n le echo la culpa?\u201d, pregunta desesperada la mujer, que tuvo que vol\u00f3 desde Cuernavaca en cuanto se enter\u00f3 de la tragedia.<\/p>\n<p>\u201cNo hab\u00eda velatorios ni iglesias disponibles.\u00bfPor qu\u00e9? \u00a1Que metan a Rodrigo Medina (gobernador de Nuevo Le\u00f3n) al Casino Royale y para que vea lo que se siente\u201d, dice la mujer.<\/p>\n<p><strong>MIGUEL \u00c1NGEL LOERA CASTRO, COCINERO, 51 A\u00d1OS<\/strong><br \/>En el velorio de Miguel\u00a0 \u00c1ngel Loera no hay sillones de piel ni espacios amplios como en las capillas elegantes de San Pedro. A este hombre soltero de 51 a\u00f1os lo velan en una funeraria popular de Guadalupe, uno de los municipios m\u00e1s violentos de Nuevo Le\u00f3n.<\/p>\n<p>Esas feron las capillas que pag\u00f3 el DIF estatal a los deudos de escasos recursos.<\/p>\n<p>Miguel \u00c1ngel era el noveno de 11 hermanos. \u00c9l era quien intentaba mantener unidos a todos.<\/p>\n<p>\u201c\u00c9l se hizo cargo de mi padre cuando mam\u00e1 falleci\u00f3. \u00c9l era el que convocaba a las comidas. El que buscaba cualquier propuesta o excusa para que la familia no anduviera regada\u201d, cuenta su hermano Guadalupe Loera Castro.<\/p>\n<p>\u201cMiguel \u00c1ngel ten\u00eda un departamento y la persona a la que se lo rentaba trabajaba en el Casino. Al parecer pas\u00f3 a cobrar la renta y se qued\u00f3 a jugar un rato\u2026 Ah\u00ed fue cuando sucedi\u00f3 el detalle\u201d, relata Guadalupe. Hombre moreno, bajito, de botas vaqueras y con una cadena dorada al cuello.<\/p>\n<p>Mientras cuenta las circunstancias en que muri\u00f3 su hermano, los familiares cierran de golpe las ventanas de la funeraria.<\/p>\n<p>\u201c\u00a1Ret\u00edrense! \u00a1Ret\u00edrense!\u201d, dicen los adultos a los m\u00e1s peque\u00f1os. Afuera, justo en la esquina de la funeraria, una patrulla de la Polic\u00eda Estatal se estaciona. Cuatro agentes con el rostro cubierto y blandiendo armas largas se disponen a cerrar la calle. Ni siquiera en pleno duelo se desvanecen las huellas de la violencia que vive Monterrey.<\/p>\n<p><strong>A\u00cdDA CAVAZOS DE LA PE\u00d1A, DUE\u00d1A DE UN PUESTO DE TACOS, 62 A\u00d1OS.<\/strong><br \/>\u201cMi mam\u00e1 reformaba a los vagabundos. De veras\u201d. A\u00edda Cavazos ten\u00eda un puesto de tacos en el centro de Monterrey,\u00a0 seg\u00fan cuenta su hijo, David Carlos. Cada vez que un indigente ped\u00eda caridad en el local, A\u00edda le dec\u00eda: \u201cSi llega ba\u00f1ado y limpio, aqu\u00ed le damos unos huevitos\u201d. Si alguno llegaba hasta con los zapatos limpios, A\u00edda no cab\u00eda de orgullo.<\/p>\n<p>Aunque sus tres hijos pod\u00edan mantener a su madre con ciertas comodidades, la se\u00f1ora nunca quiso cerrar su localito. \u201c\u00bfQu\u00e9 van a hacer los empleados si cierro? <\/p>\n<p>Ellos viven de esto\u201d, cuentan que dec\u00eda. La sencillez de A\u00edda se refleja incluso en la funeraria modesta en la que fue velada.<br \/>Antes de enterarse de la muerte de su madre, David escuch\u00f3 de un conocido que la gente que visita a los Casinos tiene el vicio del juego y es amante del dinero f\u00e1cil.<\/p>\n<p>\u201cMi mam\u00e1 iba una vez a la semana al casino con sus amigas y era su \u00fanica diversi\u00f3n. \u00bfDinero f\u00e1cil? Ella trabajaba. Y lo poquito que le sobraba de sus ganancias con los tacos lo apostaba ah\u00ed. S\u00f3lo unos 70, 80 pesos. \u00a1Que no me hablen de dinero f\u00e1cil!\u201d.<\/p>\n<p><strong>MART\u00cdN JES\u00daS SAIDE AZAR, EMPRESARIO, 47 A\u00d1OS<\/strong><br \/>Entre los gritos de \u00a1Renuncia, Medina! que resuenan en la Explanada de los H\u00e9roes, un muchacho larguirucho, vestido de negro, sostiene el retrato de un hombre. <\/p>\n<p>Es su padre, Mart\u00edn Jes\u00fas. Abrazado de un par de familiares se abre paso en la concentraci\u00f3n que convoc\u00f3 la sociedad regiomontana el domingo 28 para protestar por la violencia.<\/p>\n<p>El chico no puede hablar de su padre. Su t\u00edo, Steven, es quien describe a Mart\u00edn<\/p>\n<p>\u201cEra un hombre que viv\u00eda en Los Cabos. Vino a visitar a su madre, a sus hermanas\u00a0 y a su hijo que viven aqu\u00ed a Monterrey. Era un hombre libre, sano y tranquilo que flu\u00eda con la vida\u201d, dice Steven bajo un sol de 36 grados del que se protege con unos lentes oscuros.<\/p>\n<p>\u201cMuri\u00f3 asfixiado. De una forma lamentable. Nos enteramos de su muerte porque unos familiares nos avisaron que \u00e9l estaba en lalista\u201d, cuenta Steven.<\/p>\n<p>La autoridad no se ha acercado ni a esta ni a otras familias para ofrecer su p\u00e9same y eso le a\u00f1ade un tinte de enojo al dolor de la familia.<\/p>\n<p>\u201cTenemos un enojo impresionante. Me duele mi hermano, pero me duele lo que le est\u00e1 pasando a todos. Estas muertes deber\u00edan traer un cambio de fondo\u201d.<\/p>\n<p><strong>R\u00d3MULO BALDOMERO TAMEZ SALAZAR, GINEC\u00d3LOGO Y PROFESOR DEL TEC DE MONTERREY, 62 A\u00d1OS<\/strong><br \/>Hay una frase que Baldomero Tamez repet\u00eda siempre a sus dos hijas: \u201cHay dos opciones en esta vida. O la disfrutas, o la padeces\u201d. \u00c9l siempre eleg\u00eda la primera.<\/p>\n<p>En la elegante funeraria de la Colonia San Jer\u00f3nimo, donde velan al profesor, sus dos hijas lo recuerdan como un \u201chombre de familia\u201d al que le gustaba dejar algo bueno en todos sus conocidos; pero sobre todo, como un hombre rom\u00e1ntico y enamorado.<\/p>\n<p>\u201cCon mi mam\u00e1 fue siempre como un novio. Nunca se cansaba de demostrarle con detalles cu\u00e1nto la quer\u00eda\u201d, dice con la voz quebrada Denisse, su hija menor.<\/p>\n<p>La mayor afici\u00f3n del tambi\u00e9n m\u00e9dico era el beisbol y desde que se estren\u00f3 como abuelo intent\u00f3 trasmitir ese deporte a su nieto.<\/p>\n<p>En la capilla, Arturo, su yerno, lo recuerda con el esp\u00edritu que prevalece en la mayor\u00eda de los m\u00e9dicos. \u201cSiempre fue un hombre que se dedic\u00f3 a servir al pr\u00f3jimo. Dio y comparti\u00f3 sin importarle nada m\u00e1s\u201d.<\/p>\n<p><strong>JOAQU\u00cdN MART\u00cdNEZ, EMPRESARIO, 76 A\u00d1OS<\/strong><br \/>\u201cSi mi pap\u00e1 iba al casino no era para apostar, sino para ver sus deportes favoritos\u201d. Al t\u00e9rmino del funeral de Joaqu\u00edn, su hija Graciela se encarga de retirar los arreglos florales. Mientras dispone de las coronas recargadas en los ventanales de la capilla, describe a su padre como un amante del ciclismo, abuelo de ocho y padre de cuatro.<\/p>\n<p>\u201cEra generoso, deportista. Muy \u2018gente\u2019\u201d, refiere Graciela con el acento norte\u00f1o bien marcado. Fue tan amante de los deportes que presidi\u00f3 la Asociaci\u00f3n de Ciclismo en los a\u00f1os sesenta y puso un negocio de bicicletas en pleno centro de Monterrey. Con todo y los a\u00f1os a cuestas, Joaqu\u00edn era un destacado jugador de golf.<\/p>\n<p>A pesar de la tragedia que vive la familia, reconocen que Joaqu\u00edn ya hab\u00eda vivido. Por ello, el drama de quienes murieron j\u00f3venes en el ataque, tambi\u00e9n les ha estrujado el coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>\u201cEsta violencia desmedida nos dej\u00f3 muy poco tiempo para reaccionar. Han pasado muchas cosas en Monterrey, pero hasta que vives la violencia y te arrebatan a alguien querido, te das cuenta de que todo ha cambiado\u201d. <\/p>\n<p><strong>MIRIAM GONZ\u00c1LEZ DE GARC\u00cdA, AMA DE CASA, 47 A\u00d1OS.<\/strong><br \/>Miriam Gonz\u00e1lez acudi\u00f3 el jueves al Casino Royale. Sus compa\u00f1eras de aquella tarde de Bingo fueron sus hermanas Mar\u00eda Hilda y Mar\u00eda In\u00e9s. Las tres quedaron atrapadas en el Casino.<\/p>\n<p>La capilla de la funeraria de San Jer\u00f3nimo donde la familia recibe el duelo no da abasto para los familiares y amigos de las tres mujeres que describen como bellas y generosas.<\/p>\n<p>En la misa para despedirlas, los tres f\u00e9retros grises est\u00e1n junto al altar y, frente a ellos, el esposo y las dos hijas adolescentes de Miriam.<\/p>\n<p>Un d\u00eda despu\u00e9s del funeral, pero a\u00fan conmocionado, de los sobrinos de Miriam desentra\u00f1a un poco la personalidad de su t\u00eda.<br \/>\u201cViv\u00eda para sus dos ni\u00f1as y para su esposo. Ten\u00eda una enorme vitalidad y era una mujer muy alegre. Aquella tarde, las tres fueron al casino solo para tener un poco de diversi\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>Cuando el dolor se multiplica por tres en una familia, no hay palabras que alcancen.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Dulce Ramos y Laura Garza\/ El fuego y el humo t\u00f3xico apagaron 52 vidas en el Casino Royale de Monterrey. Desde el jueves, d\u00eda en que ocurri\u00f3 el ataque m\u00e1s cruento perpetrado por la delincuencia, decenas de familias quedaron incompletas y sin posibilidad de llenar ese hueco. 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