{"id":397637,"date":"2010-10-04T00:45:38","date_gmt":"2010-10-04T00:45:38","guid":{"rendered":"legacy-k2-2009-4332"},"modified":"2010-10-04T00:45:38","modified_gmt":"2010-10-04T00:45:38","slug":"marlyn-monro-una-mujer-triste-k2-4332","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pueblaonline.com.mx\/archivo\/2010\/puebla\/marlyn-monro-una-mujer-triste-k2-4332\/397637\/","title":{"rendered":"Marilyn Monroe, triste y cansada de la vida"},"content":{"rendered":"<p>El Pa\u00eds Semanal ofrece un adelanto sobre un nuevo libro sobre Marilyn Monroe basado en sus escritos personales<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Marilyn Monroe era una mujer triste, algo que nadie se explicaba y de lo que ella misma se sent\u00eda secretamente avergonzada. Porque tambi\u00e9n era alegre, o pod\u00eda serlo, radiante, pero la fatiga, la depresi\u00f3n y el pesimismo fruto de un car\u00e1cter extremadamente sensible e inteligente la acorralaron hasta perder toda esperanza en s\u00ed misma y suicidarse la madrugada del 4 al 5 de agosto de 1962 en su casa (la \u00fanica que tuvo en propiedad) de Brentwood, en Los \u00c1ngeles, un hogar sencillo, de aire colonial espa\u00f1ol, con apenas muebles y con una inscripci\u00f3n en lat\u00edn en la entrada: Cursum perficio (aqu\u00ed acaba el viaje).<\/p>\n<p>A sus 36 a\u00f1os, Marilyn estaba cansada, demasiado cansada. La publicaci\u00f3n de buena parte de sus escritos personales (la mayor\u00eda in\u00e9ditos) en el libro que ahora ve la luz, Fragmentos (Seix Barral), lo confirma de manera rotunda. Su poes\u00eda, sus lecturas, sus notas, sus cartas&#8230; todo apunta al mayor de los cansancios, el que provoca esa soledad que se escapa a las evidencias (\u00bfc\u00f3mo pod\u00eda sentirse sola la mujer m\u00e1s adorada del mundo?) y que ella sufri\u00f3 como un azote implacable. &#8220;\u00a1\u00a1\u00a1Sola!!! \/ Estoy sola-siempre estoy \/ sola \/ sea como sea&#8221;, escribe en la primera p\u00e1gina de un cuaderno que, como todos, muestran a una mujer nerviosa y generosa, terriblemente insegura y asustada, que necesitaba a los dem\u00e1s para buscarse a s\u00ed misma, pero que jam\u00e1s encontr\u00f3 consuelo, sinti\u00e9ndose siempre atrapada entre la traici\u00f3n o el abandono. Nadie duda de que sus tres maridos, cada uno a su manera, la quisieran, ni que sus amantes (de los hermanos Kennedy a Elia Kazan, Frank Sinatra, Yves Montand o Marlon Brando, quien fue m\u00e1s amigo y mejor persona con ella que cualquiera de los antes citados), la desearan pero nadie podr\u00eda rebatir que ninguno de ellos -ni siquiera Arthur Miller, probablemente el que m\u00e1s se acerc\u00f3 a conocer su melanc\u00f3lica naturaleza- supo ser generoso y darle la paz que necesitaba.<\/p>\n<p>Marilyn se refugiaba en sus pensamientos breves, fragmentarios, ani\u00f1ados pero no por ello ingenuos, b\u00e1sicamente po\u00e9ticos -ya sean en prosa o en verso-, cuya lectura refleja a una actriz con pulsi\u00f3n creativa y con una inagotable necesidad de conocimiento. Una mujer culta, atenta a una vida que le apasionaba al mismo ritmo que le aprisionaba. &#8220;Socorro, socorro, \/ socorro. \/ Siento que la vida se me acerca \/ cuando lo \u00fanico que quiero \/ es morir&#8221;, escribe en un poema cuya fecha baila entre 1956 y 1961, y cuyo primer borrador, seg\u00fan Donald Spoto, quiz\u00e1 el m\u00e1s conocido de sus bi\u00f3grafos, ella anot\u00f3 en un cuaderno de Arthur Miller. Desde su fr\u00e1gil pedestal, la gran diosa ped\u00eda auxilio. Pero nadie quer\u00eda escucharlo: ni sus hombres, ni sus admiradores, ni much\u00edsimo menos los estudios de Hollywood, donde Marilyn acab\u00f3 siendo una figura inc\u00f3moda, una mujer intolerablemente ingobernable cuya rebeld\u00eda se traduc\u00eda en falta de profesionalidad, impuntualidad y un autodestructivo caos. Pocos de sus colegas salieron en su defensa en aquellos momentos, solo Brando (quiz\u00e1 porque siempre se sinti\u00f3 tan herido por aquel mundo como ella), Dean Martin (su compa\u00f1ero de reparto en Something&#8217;s got to give, que hizo lo imposible para que no la despidieran) o su adorado Clark Gable, en quien ve\u00eda al padre so\u00f1ado que jam\u00e1s tuvo (Marilyn busc\u00f3 incansablemente a ese hombre del que solo pose\u00eda la borrosa foto de un tipo de aire viril con bigotillo).<\/p>\n<p>Las pastillas solo eran una forma de aplacar su enorme ansiedad y de mitigar su insomnio. Sufr\u00eda cambios bruscos de humor, el alcohol era su ant\u00eddoto para la tristeza, su manera de animarse, porque ella -como insiste en cada rinc\u00f3n de sus escritos- necesitaba la alegr\u00eda que hab\u00eda perdido. &#8220;Yo sol\u00eda re\u00edr tan fuerte y con tanta alegr\u00eda&#8221;, le confes\u00f3 a Richard Merymand, entonces subdirector de Life, en la que fue su \u00faltima entrevista, en julio de 1962. Con una lucidez estremecedora, Norma Mailler explic\u00f3 as\u00ed la tragedia: &#8220;Para sobrevivir, habr\u00eda tenido que ser m\u00e1s c\u00ednica o por lo menos estar m\u00e1s cerca de la realidad. En lugar de eso, era una poeta callejera intentando recitar sus versos a una multitud que le hac\u00eda jirones en la ropa&#8221;. En este mismo sentido, Miller a\u00f1adi\u00f3: &#8220;Hay algo sorprendente en ella: su absoluta, irremediable, a veces intolerable, incapacidad para mentir&#8221;.<\/p>\n<p>As\u00ed, la poeta callejera, la mujer que se quit\u00f3 la vida (y todas las investigaciones serias descartan las teor\u00edas conspirativas de un asesinato a manos de la mafia orquestado desde alg\u00fan secreto despacho de la Casa Blanca) al ingerir un frasco entero de Nembutal -las pastillas que ese mismo d\u00eda le acaba de reponer su psiquiatra para frenar sus d\u00edas sin descanso- anunciaba ya en un poema sin fecha ni nombre que la muerte era uno de sus pensamientos consoladores: &#8220;Ay maldita sea me gustar\u00eda estar \/ muerta -absolutamente no existente- \/ ausente de aqu\u00ed -de \/ todas partes pero c\u00f3mo lo har\u00eda \/ Siempre hay puentes- el puente de Brooklyn \/ Pero me encanta ese puente (todo se ve hermoso desde su altura y el aire es tan limpio) al caminar parece \/ tranquilo a pesar de tant\u00edsimos \/ coches que van como locos por la parte de abajo. As\u00ed que \/ tendr\u00e1 que ser alg\u00fan otro puente \/ uno feo y sin vistas -salvo que \/ me gustan en especial todos los puentes- tienen \/ algo y adem\u00e1s \/ nunca he visto un puente feo-.<\/p>\n<p>&#8220;Si las personas escasamente sensibles e inteligentes tienden a hacer da\u00f1o a los dem\u00e1s, las personas demasiado sensibles y demasiado inteligentes tienden a hacerse da\u00f1o a s\u00ed mismas&#8221;, escribe Antonio Tabucchi en el pr\u00f3logo del libro. Para el escritor italiano, estos textos in\u00e9ditos de Marilyn revelan una personalidad &#8220;intelectual y art\u00edstica&#8221; que ni los bi\u00f3grafos pod\u00edan sospechar. &#8220;No solo los poemas, sino tambi\u00e9n las notas breves y las p\u00e1ginas de sus diarios incluidas en este libro (siempre en una prosa marcadamente el\u00edptica, hipersignificante y, por eso mismo, rayana en el lenguaje sibilino propio de la poes\u00eda) constituyen de una manera flagrante una b\u00fasqueda y una qu\u00eate. La b\u00fasqueda racional de una intelectual que trata de comprender la realidad que la circunda (qu\u00e9 es este mundo, qu\u00e9 significa) y la qu\u00eate de una persona que se busca a s\u00ed misma en este mundo (qui\u00e9n soy yo, qu\u00e9 sentido tengo&#8230;). La imagen que Marilyn ha dejado de s\u00ed misma esconde un alma que pocos sospechaban. De gran belleza, es un alma que la psicolog\u00eda barata calificar\u00eda de neur\u00f3tica, como se puede calificar de neur\u00f3tico a todo el que piensa demasiado, a todo el que ama demasiado, a todo el que siente demasiado&#8221;.<\/p>\n<p>Todas las pertenencias de la actriz las hered\u00f3 su maestro en el Actors Studio, Lee Strasberg, y ha sido su viuda, Anna Strasberg, quien las ha empezado a desempolvar desde su apartamento del m\u00edtico edificio Dakota de Nueva York. Asesorada por un grupo de coleccionistas de arte, Anna Strasberg dej\u00f3 en 2007 parte del material en manos de Stanley Buchthal y Bernard Comment, que son los encargados de la edici\u00f3n de Fragmentos, libro excepcional que se cierra con el texto que escribi\u00f3 el propio Strasberg sobre su c\u00e9lebre alumna al conocer su muerte: &#8220;Otras personas pose\u00edan mayor belleza f\u00edsica, pero ella pose\u00eda una cualidad luminosa: una combinaci\u00f3n de tristeza, resplandor y ansia&#8221;.<\/p>\n<p>En sus cartas dirigidas a su psiquiatra, el doctor Ralph Greensom, en 1961, la actriz intenta explicar esa doble cara suya, triste y alegre, una duplicidad que ella conoc\u00eda muy bien y que, lejos de resultar chocante, deber\u00eda explicar el por qu\u00e9 de su profunda y todav\u00eda hoy inagotable belleza: &#8220;S\u00e9 que nunca ser\u00e9 feliz, pero s\u00e9 que \u00a1puedo ser muy alegre! Acu\u00e9rdese, ya le cont\u00e9 que Kazan me dijo que era la chica m\u00e1s alegre que hab\u00eda conocido nunca y creo que ha conocido a unas cuantas. Pero me quiso durante un a\u00f1o, y una vez me acun\u00f3 cuando ten\u00eda una angustia muy grande. Tambi\u00e9n me sugiri\u00f3 que me psicoanalizara y luego quiso que trabajara con su maestro, Lee Strasberg. \u00bfEs Milton quien escribi\u00f3 &#8216;los hombres felices nunca nacieron&#8217;? Conozco&#8221;.<\/p>\n<p>En un texto confuso, junto a una lista de palabras (&#8220;problemas \/ nerviosismo \/ humanidad \/ disparates \/ errores \/ y mis propios pensamientos&#8221;), la actriz apunta: &#8220;(unas copas de m\u00e1s- de vez en cuando) \/ lo que tal vez quiere decir que no tuve tiempo de \/ comer durante el d\u00eda y como socialmente el alcohol se acepta y seguramente previamente he \/ tenido que apresurarme- puedo sentir la necesidad de relajarme con unas copas de Jerez que \/ pueden hacer efecto demasiado deprisa \/ que quiz\u00e1 no habr\u00eda disfrutado estando demasiado cansada y me ponen de pronto alegre y \/ simp\u00e1tica con las cosas y la gente a mi alrededor \/ esto claro se considera beber demasiado \/ y cuanto m\u00e1s lo pienso m\u00e1s me doy cuenta de que no hay respuestas la vida hay que vivirla&#8221;.<\/p>\n<p>Las p\u00e1ginas emborronadas con una caligraf\u00eda desigual se detienen cuando la mujer m\u00e1s deseada del planeta escribe su propio deseo: &#8220;Tener una idea de mi misma&#8221;. Un poco m\u00e1s all\u00e1, esta mujer que naci\u00f3 como Norma Jeane Mortenson y fue bautizada como Norma Jeane Baker, hija no deseada de una madre loca cuya ausencia marc\u00f3 su infeliz infancia, dice: &#8220;Nunca m\u00e1s una ni\u00f1ita sola y asustada, Recuerda que puedes estar instalada en lo m\u00e1s alto (no parece que as\u00ed sea)&#8221;.<\/p>\n<p>La obsesi\u00f3n por conocerse y construirse la llev\u00f3 a fascinarse por hombres mayores (el jugador de b\u00e9isbol Joe DiMaggio) e inteligentes (el dramaturgo Arthur Miller), en los que descargaba su miedo a no encontrarse nunca, a vagar perdida en la piel de una mujer que todos -menos ella- idolatraban. Lejos del clich\u00e9 de rubia tonta que la hizo famosa en la pantalla, Marilyn era una mujer que buscaba la autoestima y que se refugiaba en la lectura de autores que pod\u00edan ayudarla a encontrar las respuestas que tanto necesitaba: Walt Whitman, James Joyce, Samuel Beckett, Gustav Flaubert, Jack Kerouac, Fiodor Dostoievski, John Steinbeck&#8230; Le\u00eda novela, ensayo y, sobre todo, poes\u00eda. En su biblioteca se encontraron m\u00e1s de 400 vol\u00famenes. Entre ellos, los seis de la biograf\u00eda de Abraham Lincoln de Carl Sandburg y El Ulises, dos de sus libros favoritos.<\/p>\n<p>Hablando de sus comienzos en Hollywood, la actriz le confesaba al periodista franc\u00e9s Georges Belmont que estudiaba durante sus horas libres: &#8220;Nunca me ve\u00edan en los estrenos, ni en las conferencias de prensa, ni en las fiestas. Era muy sencillo: \u00a1estaba en la escuela! No hab\u00eda podido completar mi formaci\u00f3n, de modo que asist\u00eda a clases nocturnas en la Universidad de Los \u00c1ngeles. De d\u00eda me ganaba la vida haciendo papelitos en el cine. De noche asist\u00eda a clases de historia y literatura e historia de Estados Unidos. Le\u00eda mucho a los grandes&#8221;.<\/p>\n<p>En 1943, Marilyn se cas\u00f3 con su primer marido, un obrero aspirante a polic\u00eda llamado James Dougherty; ten\u00eda 16 a\u00f1os, y en un texto mecanografiado deja ver que su marido la ha traicionado con otra. Reflexiona sobre el matrimonio y sus fallidas expectativas. Siente c\u00f3lera, humillaci\u00f3n y, muy pronto, solo desesperaci\u00f3n. Tambi\u00e9n le preocupa que \u00e9l la vea as\u00ed, desencajada y llorosa: &#8220;El dolor entumecido del rechazo y de sentirse herida por la destrucci\u00f3n o p\u00e9rdida de la imagen de alg\u00fan tipo de amor idealista o verdadero&#8221;, escribe. A\u00f1ora sentirse &#8220;amada, deseada, mimada&#8221;; se pregunta por qu\u00e9 no ser\u00e1 todo &#8220;sencillo, corriente, normal y f\u00e1cil&#8221;, aunque si fuera as\u00ed, a\u00f1ade, &#8220;seguramente me aburrir\u00eda&#8221;. &#8220;Supongo que quiz\u00e1 esta noche me sienta m\u00e1s libre y hasta a lo mejor soy capaz de mirarle a los ojos y decirle te quiero con un gesto de odio o de algo parecido. \/ [&#8230;] anoche estaba tan quemada por el sol que solo llevaba el jersey sin sujetador -lo cual me daba una sensaci\u00f3n de sensualidad que cre\u00ed que \u00e9l compart\u00eda &#8211; ahora est\u00e1 la cuesti\u00f3n de si me minti\u00f3- que nos quisiera a las dos podr\u00eda aceptarlo pero no que me mintiera al decirme que soy yo la primera y principal y que si nuestra relaci\u00f3n cambiara no dudar\u00eda en dec\u00edrmelo porque, como \u00e9l mismo reconoci\u00f3, nunca aceptar\u00eda ser una segundona&#8221;.<\/p>\n<p>Marilyn se describe entonces como una &#8220;optimista&#8221; que espera poder re\u00edrse pronto (&#8220;sin ese falso tono protector&#8221;) del patinazo. Y finaliza: &#8220;No es tan divertido conocerse demasiado o creer que se conoce uno demasiado -todo el mundo necesita un poco de amor propio para superar las ca\u00eddas y dejarlas atr\u00e1s&#8221;.<\/p>\n<p>Pero el amor propio no se afianz\u00f3 en una personalidad que se mov\u00eda en perpetuo zigzag, desdibujando la posibilidad de esa s\u00f3lida columna vertebral sobre la que cualquier ser humano desea asentarse en el mundo. En un poema sin fecha, la actriz insiste en una imagen recurrente, las dos direcciones y las ara\u00f1as (s\u00edmbolo de la construcci\u00f3n y destrucci\u00f3n que no cesa): &#8220;Vida &#8211; \/ soy de tus dos direcciones \/ De alg\u00fan modo permaneciendo colgada hacia abajo \/ casi siempre \/ pero fuerte como una telara\u00f1a al \/ Viento &#8211; existo m\u00e1s con la escarcha fr\u00eda resplandeciente. \/ Pero mis rayos con abalorios son del color \/ que he visto en un cuadro -ah vida \/ te han enga\u00f1ado&#8221;.<\/p>\n<p>Marilyn se cas\u00f3 con Arthur Miller el 29 de julio de 1956. Todav\u00eda flotaba la posibilidad de una reconciliaci\u00f3n con DiMaggio (un hombre excesivamente tradicional que quer\u00eda apartar a la actriz de su vocaci\u00f3n para convertirla en una millonaria ama de casa, algo a lo que ella jam\u00e1s accedi\u00f3). Una serie de poemas fechados durante los meses que Miller y ella pasaron juntos en Inglaterra rodando El pr\u00edncipe y la corista refleja el trauma que supuso para la actriz fisgar en los diarios \u00edntimos del dramaturgo, en los que \u00e9l duda de su amor.<\/p>\n<p>Ella, implacable consigo misma, empieza a castigar su fr\u00e1gil autoestima: &#8220;Donde sus ojos reposan con placer -quiero \/ seguir all\u00ed &#8211; pero el tiempo ha modificado \/ el poder de esa mirada. \/ Ay, c\u00f3mo voy a apa\u00f1\u00e1rmelas cuando sea menos joven- \/ Busco la alegr\u00eda pero est\u00e1 vestida \/ de dolor \/ cobrar \u00e1nimos como en mi juventud \/ dormir y descansar la pesada cabeza \/ en su pecho -pues mi amor todav\u00eda \/ duerme junto a m\u00ed&#8221;. &#8220;El dolor de su a\u00f1oranza cuando mira \/ a otra \/ como una frustraci\u00f3n desde el d\u00eda \/ en que naci\u00f3. \/ y yo con mi despiadado dolor \/ y su dolor por la a\u00f1oranza &#8211; \/ cuando mira y ama a otra \/ como una frustraci\u00f3n del d\u00eda \/ en que naci\u00f3- \/ tenemos que sobrellevarlo \/ me muevo tristemente porque no siento alegr\u00eda alguna&#8221;.<\/p>\n<p>\u00bfPuede un hombre sonre\u00edr cuando contempla a la mujer m\u00e1s triste del mundo? Es lo que Arthur Miller escribi\u00f3 en Vidas rebeldes para su mujer, la pel\u00edcula de John Huston de 1961, la \u00faltima que acabar\u00eda la actriz y la \u00faltima tambi\u00e9n de su admirado Gable. El di\u00e1logo en el que el viejo gal\u00e1n, m\u00e1s guapo que nunca, le dice a la chica rubia que es la mujer m\u00e1s triste que ha conocido nunca probablemente forma parte de los momentos m\u00e1s estremecedores de la historia del cine. &#8220;Pues todo el mundo piensa que soy muy alegre&#8221;, replica ella. Ante lo que el honorable Gable responde: &#8220;Eso es porque cualquier hombre se siente feliz al mirarte&#8221;.<\/p>\n<p>&#8220;Anoche volv\u00ed a pasar despierta toda la noche&#8221;, le escribe Marilyn a su psiquiatra. &#8220;A veces me pregunto para qu\u00e9 sirve el tiempo nocturno. Casi no existe para m\u00ed -todo me parece un largo y horrible d\u00eda. Bueno, pero pens\u00e9 que m\u00e1s me val\u00eda ser constructiva y me puse a leer las cartas de Sigmund Freud. Cuando abr\u00ed el libro la primera vez me encontr\u00e9 la foto de Freud y me ech\u00e9 a llorar, parec\u00eda muy deprimido (la deben haber tomado muy al final de su vida) muri\u00f3 decepcionado -la doctora Kris me dijo que hab\u00eda sufrido mucho dolor f\u00edsico lo cual ya sab\u00eda yo por el libro de Jones- pero sabi\u00e9ndolo sigo confiando en mi instinto porque en su amable rostro veo un hombre decepcionado&#8221;.<\/p>\n<p>Hay algo revelador en la famosa \u00faltima sesi\u00f3n de fotos de Marilyn, realizada por Bert Stern seis semanas antes de la muerte de la estrella. En la serie completa, 2.571 fotograf\u00edas que se tomaron durante tres d\u00edas de trabajo en el Bel-Air Hotel de Los \u00c1ngeles, casi se puede palpar (la actriz bebi\u00f3 bastante) el estado de nervios en el que se encontraba. En aquella sesi\u00f3n, quiz\u00e1 como nunca, dej\u00f3 ver todo lo que no quer\u00eda ense\u00f1ar, un cuerpo y un rostro que empezaba a estar castigado, y en su abdomen, una enorme y exagerada cicatriz tras una operaci\u00f3n de ves\u00edcula. Marilyn, la mujer que dudaba hasta de su belleza (cuando el fot\u00f3grafo se admir\u00f3 ante ella, la actriz le respondi\u00f3 casi sin respiro: &#8220;\u00bfDe verdad cree que soy guapa?&#8221;), se quit\u00f3 la ropa, y fue en ese instante, cuando le permitieron ser una mujer, cuando por fin emergi\u00f3 la diosa.<\/p>\n<p>Stern ten\u00eda en su memoria grabada una frase que le dijo una vez otro gran mito, Diane Vreeland, la editora de Vogue, a la que una vez le pidi\u00f3 consejo para fotografiar &#8220;de verdad&#8221; a una mujer. Vreeland, desde su altiva elegancia e inteligencia, le respondi\u00f3: &#8220;Nunca lo olvides, una mujer no es bella por su piel, sino por sus cicatrices&#8221;. Y las de Marilyn eran muchas y demasiado profundas, ocultas durante d\u00e9cadas bajo capas de maquillaje que ocultaban un precipicio por el que todav\u00eda hoy se escapa la identidad de este triste tiempo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Pa\u00eds Semanal ofrece un adelanto sobre un nuevo libro sobre Marilyn Monroe basado en sus escritos personales &nbsp; Marilyn Monroe era una mujer triste, algo que nadie se explicaba y de lo que ella misma se sent\u00eda secretamente avergonzada. 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