{"id":404187,"date":"2010-07-06T03:38:30","date_gmt":"2010-07-06T03:38:30","guid":{"rendered":"legacy-k2-2009-580"},"modified":"2010-07-06T03:38:30","modified_gmt":"2010-07-06T03:38:30","slug":"gozar-como-obligacion-y-responsabilidad-k2-580","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pueblaonline.com.mx\/archivo\/2010\/puebla\/gozar-como-obligacion-y-responsabilidad-k2-580\/404187\/","title":{"rendered":"Gozar como obligaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>Por una distorsi\u00f3n cultural y at\u00e1vica, muy pocas veces hablamos de felicidad, gozo y placer como elementos constitutivos y leg\u00edtimos de nuestra existencia. Obviamos que procurarnos gozo es exigencia de nuestro \u201cser vivos\u201d, lo cual somos de manera irrenunciable: si no vivimos, no somos. La procuraci\u00f3n de gozo gu\u00eda nuestras decisiones vitales, como el qu\u00e9 y cu\u00e1ndo comer, abrigarnos, descansar, dormir, so\u00f1ar; y tambi\u00e9n la elecci\u00f3n de pareja, de profesi\u00f3n y las primordiales elecciones cotidianas de seguir viviendo, de amar y seguir amando, de desperezarnos y cumplir nuestras funciones habituales.<\/p>\n<p>Seg\u00fan el famoso escritor Vargas Llosa \u201cs\u00f3lo un idiota puede ser totalmente feliz\u201d. Pero esto no significa que buscar una felicidad parcial y acotada sea in\u00fatil; al contrario, significa que siendo la felicidad completa algo irreal, hay que empe\u00f1arse en serio por lograr la mayor felicidad posible. Con lo cual, es m\u00e1s idiota quien desperdicia oportunidades para ser parcialmente feliz.<\/p>\n<p>Ahora bien, el problema es que negamos estas necesidades y adem\u00e1s elaboramos un discurso que las contrarresta y descalifica. El problema es que, siendo tan dif\u00edcil lograr la felicidad, en vez de sumar inteligencias y esfuerzos para buscarla, parece que claudicamos antes de intentarla.<br \/>Esto se descubre al analizar nuestra cotidianeidad desde una perspectiva cr\u00edtica, similar al \u201cenfoque de g\u00e9nero\u201d que ha abierto esperanzas de equidad no s\u00f3lo para las ni\u00f1as y las mujeres sino tambi\u00e9n para otros grupos hist\u00f3ricamente marginados, excluidos o subordinados.<\/p>\n<p>Lo que se descubre es que muchos de los papeles que desempe\u00f1amos en la vida por razones biol\u00f3gicas, econ\u00f3micas y culturales, se han envuelto en pseudovalores contrarios a la felicidad. Son pseudovalores que incluso exaltan el sufrimiento, y disfrazan con visos de superioridad moral a la incapacidad de construir felicidad en nuestro momento presente. <\/p>\n<p>En esta l\u00f3gica se evita y hasta se condena el cuestionamiento y la cr\u00edtica de estos pseudovalores<\/p>\n<p>As\u00ed, por ejemplo, parece m\u00e1s virtuosa una maternidad sufrida que una placentera; un magisterio sacrificado que otro feliz. Y aunque ya no se estila describir a los maestros y las madres como m\u00e1rtires sociales, a\u00fan se perciben tufos de dolor, sufrimiento y sacrificio en la descripci\u00f3n de nuestras labores. Se perpet\u00faa el prejuicio de que es normal cierto grado de estoicismo, de sufrimiento y sacrificio.<\/p>\n<p>El problema es serio. Por un lado, quien desempe\u00f1a estos papeles se ve limitado en su b\u00fasqueda de felicidad. Por otra parte, se accede a la maternidad y la docencia con una mezcla de temor y culpa. Pero lo peor es que se crean relaciones de victimizaci\u00f3n, enfermizas, que deterioran las posibilidades de gozar tanto de la madre y la maestra como de los ni\u00f1os.<\/p>\n<p>Si el argumento \u201cego\u00edsta\u201d no bastara para convencernos de lo importante que es procurarnos gozo, conviene pensar en el beneficio colateral que obtienen nuestros hijos y nuestros estudiantes. Un profesor feliz es la diferencia nodal entre una escuela gozosa y otra insufrible. Y lo mismo cabe decir de una maternidad gozosa.<\/p>\n<p>En otras palabras, si los maestros y las madres gozamos, seguramente nuestros hijos e hijas, al igual que nuestros estudiantes, tendr\u00e1n mejores y mayores oportunidades de ser felices; y contar\u00e1n con ejemplos cercanos de adultos felices.<\/p>\n<p>Por supuesto que la felicidad no se improvisa; y tanto el magisterio como la maternidad no son funciones sencillas. \u00bfC\u00f3mo mejorar las posibilidades de ser felices?<\/p>\n<p>Antes que nada habr\u00eda que asumir la importancia de gozar y ser felices y las falacias que sostienen el valor del sufrimiento y de la infelicidad. Esto es, en gran medida, lo m\u00e1s importante y lo m\u00e1s dif\u00edcil.<\/p>\n<p>Lo segundo es aprender y prepararnos para la felicidad. La propia experiencia nos abofetea con lo que puede llamarse una relaci\u00f3n primaria entre \u201cprepararnos, prever y planear\u201d y gozar. Si no prevemos y planeamos, y si no nos preparamos de manera adecuada y suficiente nos sentiremos mal, perdedores, fracasados, frustrados, deshonestos e inadecuados ante nosotros mismos y ante nuestros hijos y estudiantes. Este malestar &#8211;sana voz de alarma&#8211; nos urge a prepararnos para hacer bien lo que hacemos. <\/p>\n<p>\u00bfSe puede? \u00a1Claro que s\u00ed! Es m\u00e1s: se debe hacer todo lo necesario para lograr el gozo en el ejercicio de nuestras funciones cotidianas. La alternativa es agotarnos y amargarnos. \u00a1Y simult\u00e1neamente amargar a nuestros hijos y estudiantes! Y eso, simplemente, no se vale.<\/p>\n<p>*El art\u00edculo expresa la opini\u00f3n personal de la autora, que es acad\u00e9mica de la Universidad Iberoamericana Puebla<\/p>\n<p>**Este texto se encuentra en: http:\/\/circulodeescritores.blogspot.com <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por una distorsi\u00f3n cultural y at\u00e1vica, muy pocas veces hablamos de felicidad, gozo y placer como elementos constitutivos y leg\u00edtimos de nuestra existencia. Obviamos que procurarnos gozo es exigencia de nuestro \u201cser vivos\u201d, lo cual somos de manera irrenunciable: si no vivimos, no somos. 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