{"id":89470,"date":"2020-09-28T01:04:24","date_gmt":"2020-09-28T01:04:24","guid":{"rendered":"legacy-k2-2019-102798"},"modified":"2020-09-28T01:04:24","modified_gmt":"2020-09-28T01:04:24","slug":"amores-perros-por-que-sigue-tan-vigente-k2-102798","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pueblaonline.com.mx\/archivo\/2020\/cine\/amores-perros-por-que-sigue-tan-vigente-k2-102798\/89470\/","title":{"rendered":"Amores Perros: \u00bfpor qu\u00e9 sigue tan vigente?"},"content":{"rendered":"<p>La melena entrecana y la barba en desorden hac\u00edan pensar en un profeta del apocalipsis<\/p>\n<p>Terminaba 1999 cuando entr\u00e9 al restaurante Los Guajolotes, uno de tantos sitios que han desaparecido en la Ciudad de M\u00e9xico. Me dirig\u00eda a mi mesa cuando un mendigo se acerc\u00f3 a saludarme con extra\u00f1a familiaridad. \u00bfQui\u00e9n era esa persona ca\u00edda en desgracia? La melena entrecana y la barba en desorden hac\u00edan pensar en un profeta del apocalipsis. Lo m\u00e1s preocupante eran sus u\u00f1as, largas, afiladas, maltratadas por el uso, como si aquel vagabundo hubiera llegado ah\u00ed ara\u00f1ando las paredes.<\/p>\n<p>Tard\u00e9 en reconocer a Emilio Echevarr\u00eda, estupendo actor con el que he compartido proyectos. Sonri\u00f3 ante mi confusi\u00f3n y justific\u00f3 su aspecto de modo entusiasta: se preparaba para encarnar el papel de un guerrillero convertido en delincuente en una pel\u00edcula. La mayor\u00eda de los involucrados trabajaban por primera vez. Emilio era el veterano de esa aventura: \u201cVas a ver\u201d, prometi\u00f3 con ojos encendidos, y sus u\u00f1as rasgu\u00f1aron el mantel. Fue la primera se\u00f1al que presenci\u00e9 de Amores perros, la pel\u00edcula que rasgar\u00eda el velo de la realidad nacional.<\/p>\n<p>El momento del cambio<\/p>\n<p>El inicio de un milenio suele estar cargado de augurios. En M\u00e9xico, el a\u00f1o 2000 coincidi\u00f3 con el fin de una era pol\u00edtica. Por primera vez en 71 a\u00f1os, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) reconoci\u00f3 su derrota en las elecciones presidenciales. Vicente Fox, candidato del conservador Partido de Acci\u00f3n Nacional (PAN), lider\u00f3 el triunfo de la oposici\u00f3n. El ins\u00f3lito Fox lleg\u00f3 al poder como un populista carism\u00e1tico que montaba a caballo, usaba botas vaqueras y mostraba su repudio al sistema pateando ata\u00fades de cart\u00f3n con el emblema del PRI. Su imagen superaba con creces a sus programas de gobierno.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de siete d\u00e9cadas en el poder, el PRI hab\u00eda traicionado los ideales progresistas de la Revoluci\u00f3n a la que deb\u00eda su nombre, utilizando las finanzas p\u00fablicas en beneficio propio. La corrupci\u00f3n, la desigualdad, la violencia, la discriminaci\u00f3n racial y de g\u00e9nero eran los sellos de un sistema pol\u00edtico profundamente desgastado. La esperanza en el \u201cgobierno del cambio\u201d se fundaba, m\u00e1s que en las aptitudes del candidato triunfador y su partido, en la desesperaci\u00f3n ante un pa\u00eds que se desangraba y exig\u00eda terapia intensiva.<\/p>\n<p>No es casual que la primera escena de Amores perros sea una violenta persecuci\u00f3n en autom\u00f3viles. Las historias que se intersectan en la pel\u00edcula narran distintos planos de la violencia. El escritor Guillermo Arriaga y el director Alejandro Gonz\u00e1lez I\u00f1\u00e1rritu crearon un mundo propio y al mismo tiempo retrataron el trasfondo social que le daba origen.<\/p>\n<p>Desde 1993 Ciudad Ju\u00e1rez, en la frontera con Estados Unidos, era escenario de feminicidios. En 1994 los zapatistas se hab\u00edan rebelado en Chiapas para protestar por la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de Am\u00e9rica del Norte con Estados Unidos y Canad\u00e1 en un pa\u00eds donde los pueblos originarios viv\u00edan, y siguen viviendo, en condiciones indignas. Amores perros capt\u00f3 esas contradicciones: la ilusi\u00f3n de glamour y \u201cprimer mundo\u201d de algunos personajes, la angustiosa pobreza de otros, la opresi\u00f3n de las mujeres.<\/p>\n<p>Los escenarios son parte decisiva de esas tramas. No aparecen monumentos ni sitios emblem\u00e1ticos. La Ciudad de M\u00e9xico no es retratada como una tarjeta postal, sino a trav\u00e9s de espacios \u00edntimos: traspatios, azoteas, vecindades, cuartos oscuros. La textura de la imagen (pel\u00edcula de 35 mil\u00edmetros con retenci\u00f3n de plata) refuerza la impresi\u00f3n de un escenario opresivo, desgastado, sensorial, donde cada mancha despide un olor inconfundible. En un hogar de clase media baja hay crucifijos, un altar, un p\u00f3ster del papa Juan Pablo II (quien visit\u00f3 M\u00e9xico cinco veces). En los siguientes veinte a\u00f1os la Iglesia evangelista ganar\u00eda terreno e incluso fundar\u00eda un partido pol\u00edtico que actualmente tiene diputados en el Congreso. En 2000, la mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n segu\u00eda confiando en el catolicismo para obtener milagros, pero, casi siempre, las veladoras ard\u00edan en las viviendas como in\u00fatiles talismanes de la fe.<\/p>\n<p>El pa\u00eds depend\u00eda de otros m\u00e9todos para recibir recompensas. La corrupci\u00f3n ha sido el principal combustible de la din\u00e1mica social mexicana. De manera elocuente, todas las transacciones de Amores perros se hacen en efectivo, pues pertenecen a la econom\u00eda informal. De acuerdo con cifras oficiales, hoy en d\u00eda el 56,7 por ciento de la poblaci\u00f3n trabaja en tareas no reglamentadas, generando el 22,5 por ciento del producto interno bruto. Esta econom\u00eda \u201csumergida\u201d opera al margen de la Secretar\u00eda de Hacienda y facilita los il\u00edcitos, de los que tambi\u00e9n se aprovecha la polic\u00eda. En la \u00f3pera prima de Gonz\u00e1lez I\u00f1\u00e1rritu, un agente judicial funge de intermediario para que un ejecutivo contrate un asesino. Por su parte, un organizador de peleas clandestinas de perros muestra el sitio donde se hacen las apuestas y dice con orgullo: \u201cEsta es mi empresa: no pago impuestos\u201d. En ese territorio, los pagos y las ganancias dependen de tratos ocultos.<\/p>\n<p>El padre ausente y el \u201csol secreto\u201d<\/p>\n<p>En 2020, dos quebrantos sociales, recrudecidos por el encierro a causa del coronavirus, animan el debate nacional: la descomposici\u00f3n familiar y la violencia dom\u00e9stica. Ambos est\u00e1n presentes en Amores perros, donde la mujer es una figura vencida de la que, pese a todo, se espera \u201ccalor de hogar\u201d. En 1950, en su celebrada indagaci\u00f3n de la identidad nacional, El laberinto de la soledad, Octavio Paz defini\u00f3 a la madre ultrajada y sin embargo necesaria como un \u201cinm\u00f3vil sol secreto\u201d, un astro de oculta fortaleza.<\/p>\n<p>La historia fragmentaria concebida por Arriaga y Gonz\u00e1lez I\u00f1\u00e1rritu es el espejo a una realidad rota. Su forma ejemplifica su contenido. M\u00e9xico aparece como un pa\u00eds \u201checho pedazos\u201d donde las ausencias son tan significativas como las presencias. Ah\u00ed, el principal fantasma es el padre.<\/p>\n<p>El PRI ejerci\u00f3 una dominaci\u00f3n patrimonial. Su poder autoritario no era el de una dictadura, sino el de un patriarcado que sojuzgaba y ayudaba en forma discrecional a sus hijos ileg\u00edtimos. Otro t\u00edtulo de Octavio Paz describe ese papel: es El ogro filantr\u00f3pico, el monstruo que concede favores.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n la novela m\u00e1s influyente de nuestra literatura, Pedro P\u00e1ramo, aborda la figura del padre. El protagonista es uno de los muchos hijos naturales de un cacique, padre desobligado y patriarca opresivo.<\/p>\n<p>Amores perros ocurre en un territorio de padres ausentes. La primera historia trata de dos hermanos que combaten entre s\u00ed; esa lucha est\u00e1 rodeada de un vac\u00edo: el padre ha desaparecido y la madre se limita a existir como una sombra que recoge desperdicios en la casa. En la segunda trama, un hombre abandona a su familia en aras de un ideal fashion (el romance con una modelo) que lo lleva a la tragedia. La tercera y definitiva narraci\u00f3n presenta a un padre que dej\u00f3 todo para cambiar el mundo en la guerrilla; demasiado tarde, descubre que ni siquiera fue capaz de ayudar a su hija.<\/p>\n<p>Las historias ponen en tensi\u00f3n diversas clases sociales. En esa encrucijada, la mujer solo puede ser v\u00edctima: una chica es el bot\u00edn que dos hermanos disputan como perros de pelea; una modelo que pasa por dos mutilaciones, una cultural y otra f\u00edsica: luego de ser un comercial objeto del deseo, pierde una pierna; una esposa soporta las llamadas de la amante de su marido; una vez abandonada, lo llama sin recibir respuesta.<\/p>\n<p>Compa\u00f1eros en el bien y el mal<\/p>\n<p>Con maestr\u00eda, las distintas historias se unen a trav\u00e9s de un personaje esencial de la vida mexicana: el perro. El t\u00edtulo de la pel\u00edcula se sirve de una expresi\u00f3n coloquial: algo \u201cmuy perro\u201d es algo \u201cfuerte\u201d, \u201csalvaje\u201d, \u201ccabr\u00f3n\u201d. El \u201camor perro\u201d lastima.<\/p>\n<p>En la cultura prehisp\u00e1nica, el ser humano requiere de un acompa\u00f1ante especial al inframundo: \u201cEl perro es un ser nocturno que, por lo tanto, conoce los caminos y ve los esp\u00edritus en la oscuridad\u201d, escribe el arque\u00f3logo Eduardo Matos Moctezuma, refiri\u00e9ndose a las investigaciones de la historiadora Mercedes de la Garza. Cuando los conquistadores espa\u00f1oles llegaron a Tenochtitlan, los aztecas comenzaban a sustituir los sacrificios humanos por los del animal que les resultaba m\u00e1s pr\u00f3ximo; no eleg\u00edan al cordero, como lo hizo el cristianismo, sino al perro.<\/p>\n<p>M\u00e9xico es el pa\u00eds de Am\u00e9rica Latina con m\u00e1s perros callejeros. Aunque no tienen due\u00f1o definido, pertenecen al tejido urbano. De madrugada, en cualquiera calle, se escucha al testigo omnipresente de la ciudad: un perro a\u00falla en la penumbra.<\/p>\n<p>Como los gallos de pelea, los perros pueden ser animales de la fortuna. Amores perros fue el primer largometraje de un actor llamado a hacer \u00e9poca: Gael Garc\u00eda Bernal. Su personaje, Octavio, entrega a su perro a una econom\u00eda salvaje, en la que puede perderlo o ganarlo todo. Muy distinta es la historia de la modelo cuya peque\u00f1a mascota \u2014s\u00edmbolo de celebridad y estatus\u2014 escapa rumbo al inframundo de un departamento, el entresuelo habitado por las ratas. Por \u00faltimo, \u201cEl Chivo\u201d, quien tom\u00f3 las armas en la guerrilla de los a\u00f1os setenta, recorre la ciudad buscando desechos que a\u00fan valgan la pena acompa\u00f1ado de perros sin raza. De la violencia en aras de una causa, \u201cEl Chivo\u201d pas\u00f3 al asesinato a sueldo. Es otro perro de pelea.<\/p>\n<p>En el M\u00e9xico profundo, donde los pueblos originarios mantienen sus tradiciones, la figura del nahual adquiere un importante valor simb\u00f3lico. Es el avatar que representa el destino de una persona. El perro en el que Octavio deposita su suerte termina herido en manos de \u201cEl Chivo\u201d, que se le parece mucho. El antiguo guerrillero cuida al animal enfermo y lo integra a su jaur\u00eda. Cuando el perro sana, responde a su instinto depredador y liquida a los dem\u00e1s perros. La convivencia se transforma en sacrificio, met\u00e1fora del lugar donde ocurre la pel\u00edcula.<\/p>\n<p>Uno de los mejores relatos de Juan Rulfo, escrito en los a\u00f1os cincuenta, lleva el t\u00edtulo de \u201cNo oyes ladrar los perros\u201d. El protagonista es un campesino que carga a un herido en hombros. Se dirigen a un pueblo donde esperan ser socorridos. Sabr\u00e1n que llegan ah\u00ed cuando oigan el ladrido de los perros, animales agoreros que anuncian novedades. Medio siglo despu\u00e9s, el primer largometraje de Gonz\u00e1lez I\u00f1\u00e1rritu comienza con otro herido en busca de salvaci\u00f3n, acompa\u00f1ado de su avatar, un perro que tambi\u00e9n se desangra.<\/p>\n<p>En la \u00faltima secuencia conocemos el nombre de ese perro: Negro, lo cual confirma otro avatar; es el nahual del director, Alejandro Gonz\u00e1lez I\u00f1\u00e1rritu, cuyo apodo es, precisamente, El Negro.<\/p>\n<p>\u201c\u00bfQu\u00e9 hay en un nombre?\u201d, pregunta Shakespeare. Amores perros confirma la amplitud de esa pregunta. La mujer por la que dos hermanos disputan en forma impositiva tiene un beb\u00e9 que no ha sido bautizado: podr\u00eda llamarse como cualquiera de los dos. \u201cEl Chivo\u201d solo recupera su nombre de pila (Mart\u00edn) al recobrar su antigua identidad como padre de la hija abandonada. Cuando el perro m\u00e1s significativo de todos recibe un nombre, termina la puesta en escena. En un pa\u00eds de v\u00edctimas y desaparecidos an\u00f3nimos, pocas cosas importan tanto como un nombre.<\/p>\n<p>El tel\u00f3n rasgado<\/p>\n<p>Meditaci\u00f3n sobre la violencia, el machismo, la pobreza y la aniquiladora forma en que las clases sociales chocan entre s\u00ed, Amores perros traza un mapa de ilusiones perdidas. Las derrotas de los personajes ocurren en un entorno lleno de esperanzas; por eso duelen m\u00e1s. \u201cEl Chivo\u201d crey\u00f3 en la aurora revolucionaria con la misma devoci\u00f3n con que los fieles esperan que la Virgen les conceda un milagro; Octavio sue\u00f1a en conquistar fortunas gracias al sanguinario \u00edmpetu de su perro; Daniel abandona a su familia encandilado por la \u201cMujer Ideal\u201d a la que acaba empujando en silla de ruedas. El triunfo es una impostura. Como en el infierno de Dante, hay que dejar a un lado toda esperanza. Acaso la \u00fanica \u201crecompensa\u201d asequible sea la pistola que \u201cEl Chivo\u201d coloca entre dos adversarios; ambos est\u00e1n atados, pero el m\u00e1s h\u00e1bil podr\u00e1 tomar el arma. En forma apropiada para una cinta que recrea de distintos modos el drama de Ca\u00edn y Abel, estos enemigos tienen una relaci\u00f3n cercana: son socios y medios hermanos.<\/p>\n<p>En 2000 el colapso del sistema pol\u00edtico mexicano anunci\u00f3 un futuro que no lleg\u00f3 a cumplirse. Tambi\u00e9n ese sue\u00f1o pas\u00f3 al cat\u00e1logo de las ilusiones perdidas. Desde entonces, el pa\u00eds no ha dejado de empeorar. Filmada en el \u201cmomento del cambio\u201d, Amores perros no reflej\u00f3 el fin de una era, sino el inicio de un desplome. Su vigencia art\u00edstica qued\u00f3 garantizada desde un principio. A veinte a\u00f1os de distancia, su vigencia social es tan certera como preocupante: lo que sucedi\u00f3 entonces, sucede todav\u00eda.<\/p>\n<p>La crisis contin\u00faa, pero algunas tradiciones \u201ct\u00edpicas\u201d han desaparecido, entre ellas el restaurante de comida mexicana donde encontr\u00e9 a Emilio Echevarr\u00eda. Solo puedo volver a ese sitio en la memoria. Recuerdo la fascinaci\u00f3n del actor al hablar de los j\u00f3venes que renovar\u00edan el cine mexicano. Tambi\u00e9n recuerdo sus u\u00f1as, largas y afiladas, con las que rasgu\u00f1\u00f3 el mantel, anunciando una pel\u00edcula que rasgar\u00eda las falsas representaciones de la realidad y los velos de la costumbre para mostrar una ciudad desnuda, viva, verdadera, jam\u00e1s vista de ese modo.<\/p>\n<p>Fuente: Juan Villoro\/The New York Times<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La melena entrecana y la barba en desorden hac\u00edan pensar en un profeta del apocalipsis Terminaba 1999 cuando entr\u00e9 al restaurante Los Guajolotes, uno de tantos sitios que han desaparecido en la Ciudad de M\u00e9xico. 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