ENRIQUE DOGER, EL DIFÍCIL PARTO DE UN NUEVO LIDERAZGO EN EL PRI DE PUEBLA

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El pasado martes se llevó a cabo la toma de protesta de Enrique Doger, no sabemos si casualmente en el auditorio del Complejo Cultural Universitario, donde fue rector. Y si bien el candidato de un alicaído PRI busca estar a la altura de una elección que resulta histórica por donde se le vea, el evento era algo más que un proceso legal y necesario para cumplir con la normativa que marca la ley. Acudimos a la consolidación del grupo dogerista en el estado de Puebla.

El PRI no pasa por su mejor momento, sólo hay que ver las derrotas contundentes que ha sufrido en los últimos procesos electorales. Sin embargo, sigue siendo un partido protagonista, con una estructura que, aunque debilitada por la pérdida del poder, mantiene presencia en la mayoría de los 217 municipios poblanos y con posibilidades reales de competir por la gubernatura y los demás cargos en juego.

Ahí, en medio de la parafernalia que tradicionalmente nos receta el octogenario partido, llena de porras y lugares comunes, fuimos testigos de un candidato fiel a su estilo, tirando dardos punzantes contra lo que calificó como una “reelección monárquica”. Varios de los presentes no pudieron dejar de moverse de manera incomoda en sus asientos, pues acostumbrados a la disciplina partidista, y a ser súbditos incluso del ex gobernador Rafael Moreno Valle, un poco de rebeldía y valentía seguramente les causa escozor.

La unción del candidato Doger no termina de ser asimilada por los priístas. Estamos en el proceso de transición entre los grupos que han detentado el poder en el tricolor, ya sea desde las delegaciones federales o por medio de la dirigencia de su partido. El rostro adusto y forzado de Juan Carlos Lastiri denotaba su molestia al saber que, cuando Enrique Doger dijo “sí protesto”, se esfumó por completo su última oportunidad de ser candidato a gobernador, después de los esfuerzos desesperados y arrebatados que realizó desde sus trincheras. Se quedará por siempre como “el señor de los destapes frustrados”, muy poco amigo de sus amigos.

Incómodo también se notaba un personaje de comedia política como lo es Leobardo Soto, quien se vio despojado de su natural soberbia y ridículo actuar, arengando desde su lugar en el presídium a sus huestes, para hacer sentir la presencia de una central obrera como lo es la vetusta CTM, sobre la que pesan serias y muy fundadas dudas respecto a su lealtad al PRI.

En los próximos días y como parte de un proceso natural, el equipo dogerista comenzará a asumir de manera formal todos los espacios de poder con los que aún cuentan. No es jugarle al adivino ni descubrir el hilo negro. La candidatura simboliza entronizar a los dogeristas como el grupo priísta predominante en el estado. Quizá por ello el semblante desencajado de Jorge Estefan Chidiac, quien a pesar del protagonismo que intentó tener durante el desarrollo del evento –siempre tratando de lucirse ante José Antonio Meade y un no menos debilitado Enrique Ochoa Reza-, sabe que sus días al frente de la dirigencia priista podrían estar contados.

El martes me di una vuelta por el lugar. Algunos rostros eran de alegría, otros de abierta tristeza, algunos más de obvia incertidumbre. En el auditorio universitario se escuchaban las gargantas de aquellos que se han especializado en el difícil arte de tragar sapos sin hacer gestos.

Y la verdad será difícil que los priístas se unan, sobre todo porque están acostumbrados a hacer de la traición y la doble cara, su estrategia. Y si no que le pregunten a todos los delegados del CEN que han venido a Puebla y se han ido odiando a los priistas poblanos.

Ningún parto es fácil, son dolorosos y los efectos continúan después de algún tiempo. Ya veremos qué tal le va a Enrique Doger como nuevo líder del partido que en dos ocasiones le negó este derecho, el de aspirar a la gubernatura. Difícil la tiene su equipo si, como vimos el pasado martes, a más de uno le causó molestia gritar: “Doger gobernador”.

gar_pro@hotmail.com

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