LAS ESTRATEGIAS PRESIDENCIALES DESDE PUEBLA

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A cuatro días de haber empezado las campañas federales, las estrategias de los partidos para impulsar desde Puebla a sus candidatos presidenciales y en paralelo a los locales, principalmente a la gubernatura, se han revelado.

En el PRI la responsabilidad de sumar votos para José Antonio Meade y Enrique Doger vendrá de abajo hacia arriba, confiando en lo que puedan hacer los líderes locales en los pueblos y los distritos.

En el Movimiento Regeneración Nacional (MORENA), la táctica es solamente una: prenderle veladoras a San Andrés Manuel y esperar que el efecto AMLO les alcance para ganar por primera vez diputaciones locales y federales y, en una de esas, Casa Puebla con Luis Miguel Barbosa.

En la alianza que encabeza Acción Nacional (PAN), la apuesta es quirúrgica, aritmética y de multiplicación de simpatizantes, con la que se privilegia la posibilidad del triunfo para Martha Érika Alonso, con los cinco partidos que la impulsan, sin reparar mucho en lo que se pueda contribuir al abanderado a Los Pinos, Ricardo Anaya.

En el tricolor, contrario a la premisa de que es el candidato presidencial quien jala a los otros abanderados en elecciones concurrentes -para Puebla será la primera en su historia-, ahora es el postulado a Los Pinos quien depende en la entidad, como en el resto del país, de lo que puedan hacer por él los líderes naturales, locales y regionales.

Los priístas defienden al ex titular de Hacienda y Crédito Público (SHCP) bajo el supuesto de que ahora con las campañas (este 30 de marzo que comenzaron las federales y el próximo 29 de abril las locales), la lucha se librará a ras de suelo, desde los pueblos y que con eso repuntará su candidato.

Atrás parece haber quedado también en la esperanza priísta de que el también ex secretario de Estado del calderonismo podría sumar a su causa votos de panistas resentidos, por su perfil “ciudadano” y apartidista, coincidente en muchos puntos con los militantes y simpatizantes del PAN.

En Puebla esa posibilidad quedó cancelada con la reconciliación, si así se puede llamar, entre el morenogalismo, el panismo tradicional y El Yunque, con la candidatura de Eduardo Rivera a la alcaldía capitalina y la intensa y exitosa operación cicatriz que desplegó la abanderada a la gubernatura, Martha Érika Alonso Hidalgo, incluso con perredistas como Roxana Luna.

En tanto, la fórmula que pareciera estar más extraviada y dependiente de un factor externo, el efecto AMLO, sin aportar en realidad casi nada, es en el estado la de “Juntos Haremos Historia” (MORENA-PT-PES).

Sin apasionamientos, su candidato a la gubernatura, Luis Miguel Barbosa Huerta, no suma al tabasqueño y, al contrario, ha dividido a los morenistas poblanos.

El senador ex perredista con licencia es muy poco conocido en el estado, como muchos otros de los candidatos a las otras posiciones, pero además es el factor de desequilibrio y disputas en MORENA.

En el partido lopezobradorista es cada vez más manifiesto el notable desastre interno, al grado que podría darse un voto diferenciado: por AMLO sí, pero por los demás no.

La candidatura independiente de la ex panista Margarita Zavala merece una mención aparte respecto de Puebla.

En el estado, la esposa de Felipe Calderón restará votos a Anaya al jalar parte del sufragio de El Yunque, pero a la vez el escaso número de firmas que consiguió en la entidad para llegar a esta postulación dejó en evidencia el abandono en que dejaron a Margarita sus supuestos “fieles” del grupo de Eduardo Rivera.

Así las cosas, del abajo hacia arriba del PRI, distinto al de 2012 con Enrique Peña Nieto, pasando por el rezo al mesías en MORENA, hasta la operación delicada y precisa del PAN y el morenovallismo, Puebla vive una elección inéditamente intensa.

Los próximos 86 días esas estrategias definirán el rumbo de este 2018.

gar_pro@hotmail.com

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