EL LABERINTO DE LOS PARTIDOS EN PUEBLA: DEL DESCONCIERTO DEL NUEVO PODER, A LA CERTEZA DEL SERVILISMO

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Tras el atípico 1 de julio y los contundentes triunfos del morenismo en todas las posiciones, en todos los escenarios y todos los territorios, los partido en el país y en Puebla se ven hoy ante un laberinto que les demanda imaginación y talento, que no existe en casi ninguno, para sobrevivir y reinventarse en la nueva realidad política. El PAN en la entidad desoye el mensaje de las urnas y sigue en la imposición; los priístas están literalmente en trozos y sin brújula. El PRD, a un paso de la desaparición, y en MORENA ha quedado claro que ni líderes ni bases saben qué hacer con tanto poder.

Las conductas de las cúpulas partidistas en Puebla son sintomáticas de lo que a nivel nacional pasa en sus institutos y con sus dirigentes.

La ruptura, los intereses personales y el extravío son en los principales partidos una constante.

La única certeza, no podía ser de otro modo, la tienen aquellos que han renunciado a la vida independiente y gustosos se han convertido en rémoras.

El Partido Verde Ecologista de México (PVEM), que hace 18 años tuvo como patrón al PAN, luego por más de una década al PRI, hoy es con orgullo siervo del lopezobradorismo.

En la entidad, los partidos estatales Compromiso por Puebla (CCP) y Pacto de Integración Social (PSI) han tenido su propio naufragio.

El primero se ha diluido y el segundo ya ni como comparsa del morenovallismo es útil. Están barrenados y hacia el hundimiento.

Son un lastre al que hay que acarrear y sacar de problemas, sobre todo económicos.

Posiblemente el único instituto que todavía puede generar beneficios al panismo en una alianza es Movimiento Ciudadano (MC).

Sin embargo, su dirigencia nacional complace el esquema del frívolo ex priísta Fernando Morales, a quien recién ratificó como coordinador estatal, de tener a MC como juguete personal.

La divisa de MC es que cacha a los priístas inconformes que, sin embargo, son cada vez menos atractivos en las urnas.

En este contexto se ve muy difícil que el maridaje electoral que Acción Nacional mantiene desde 2010 con MC (antes Convergencia), CCP y PSI, pueda seguir rindiendo frutos.

El panismo tiene también su propio rompecabezas.

El morenovallismo albiazul sigue enredado en las imposiciones, a pesar del mensaje en las urnas que reprobó su sectarismo.

Ahí van a imponer a la candidata derrota a diputada local Genoveva Huerta como dirigente estatal y alfil del grupo en el poder, relegando y obstaculizando con mañas por enésima ocasión al panismo tradicional, al que siguen sin ver ni oír –ni siquiera para legitimizarse- al estilo Carlos Salinas.

En tanto, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) es hoy un guiñapo.

Sus grupos son muchos, sin propuesta y sin proyecto, más allá de tumbar ahora la hegemonía del ex candidato Enrique Doger y su grupo, que está cerca del ex gobernador Rafael Moreno Valle Rosas.

La crisis es tan profunda, que ni siquiera en un par de generaciones más se ve la posibilidad de que retornen en al poder.

Ante la proximidad en los primeros meses de 2019 de la renovación de su dirigencia nacional y ya sin un Presidente de la República que los llame al orden, la fragmentación y el debilitamiento aún mayores son inevitables.

Existen desde ahora los poblanos que están, en ese juego, con el ahora senador Miguel Ángel Osorio Chong; con el ex gobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz Ortiz; con el gobernador de Campeche, Alejandro Moreno Cárdenas.

Respiran así por la herida los marinistas, los lastiristas, los dogeristas y otros, en busca de una chambita y una posición de poder, no importa que sea menor, para sobrevivir.

El Partido de la Revolución Democrática (PRD) en Puebla tiene solamente ya dos corrientes, la morenovallista y la afín a la ex rebelde y hoy orgánica Roxana Luna Porquillo, pero la desaparición de ese instituto es cuestión de semanasmeses.

Paradójicamente, MORENA también vive su propia crisis.

Quienes ayer sólo tenían la pancarta y los gritos para hacer política, son ahora líderes parlamentarios y flamantes gobernantes.

Hay un desfase de identidad.

La duda del qué hacer con tanto poder.

Y eso se nota en sus grillitas, grillas y conflictos internos.

La unidad no existe en MORENA Puebla y parece anunciar lo que antes tanto criticó.

La imposición desde la cúpula de una nueva dirigencia.

La nueva oligarquía republicana.

¿O no Gabriel Biestro?

gar_pro@hotmail.com

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