AMLO, EL CASO PUEBLA Y ¿EL REGRESO DEL GRAN ELECTOR?

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Lealtades, capacidades, operación y, principalmente, disciplina y apego al programa de gobierno y modelo político de la Cuarta Transformación (4T), se están midiendo con atención, con mucho cuidado de que ni siquiera un gesto delate lo que se piensa, desde Palacio Nacional con el caso de la elección extraordinaria de Puebla y los enfrentamientos intestinos en MORENA. Mientras las descalificaciones entre el coordinador de los senadores, Ricardo Monreal Ávila, y la presidenta del partido, Yeidckol Polevnsky Gurwitz, toman tonos muy agresivos por sus respectivos apoyos a los aspirantes Alejandro Armenta y Luis Miguel Barbosa, el presidente Andrés Manuel López Obrador, otea paciente y, aunque seguramente tiene ya una opinión al respecto, hace del silencio la mayor sentencia y que cada cual vea lo que quiera. Es el Regreso del Gran Elector -así con mayúsculas- con todo su compendio de señales, fintas, silencios que hacen ruido, verdades a medias, mentiras completas, y el conocido ritual que por décadas instauró el jefe máximo priísta.

En la conferencia mañanera del pasado miércoles, el tabasqueño recibió dos preguntas directas sobre el caso, de una reportera que, nerviosa pero arrojada, fue puntual.

La primera, sobre la renovación de la dirigencia de su partido, que el Congreso Extraordinario definió para el próximo noviembre, aunque también puede adelantarse, y la posibilidad de que Polevnsky se quede.

La segunda, específicamente sobre los aspirantes Armenta y Barbosa y los respaldos que han recibido.

El primero de los senadores de su partido, el segundo de la presidenta del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) morenista, entre otros que han tenido ambos.

De buen humor y hasta acompañando su única respuesta para las dos interrogantes con un guiño, López Obrador literalmente bateó las preguntas, eso sí “cariñosamente”.

Las especulaciones e interpretaciones sobre las palabras de ese episodio de apenas 49 segundos, incluidas preguntas y respuestas, en la mañanera, llegaron como cascada.

“Dejó en libertad a todos de competir y apoyar”.

“Quiso dejar en claro que no se va a meter”.

“Tiene ya una decisión y no quiso adelantarla”.

“Está muy molesto con Monreal y con Yeidckol”.

“Le está gustando que haya competencia interna”.

“Aún no está enterado de todo el escenario”.

Y un largo etcétera que tiene origen en los intereses de la voz que expresa su “análisis”.

Siendo realmente fríos, lo que más dejó el Presidente de la República fueron dudas.

¿AMLO será o no El Gran Elector, como ocurría en los otros regímenes?

¿No se meterá? ¿En serio será solamente espectador?

Con esa tremenda habilidad política que tiene, ¿nos engaña con la verdad?

No hay que perder de vista que el caso Puebla y la selección de su candidato a la gubernatura es el primer diferendo interno que MORENA, ya en el gobierno, enfrenta.

Dos gubernaturas se definirán el próximo 2 de junio en las urnas: el caso extraordinario poblano y la de Baja California.

En la entidad fronteriza, a diferencia de Puebla, no hay disputa y el precandidato único -“de unidad”, les decían en el PRI- es el senador con licencia y empresario de medios de comunicación, Jaime Bonilla Valdez.

Puebla es en muchos sentidos un laboratorio interno de altísimo interés para MORENA y que bien podría dejar precedentes para el futuro.

Eso explica, por ejemplo, el apoyo de 55 de los 59 senadores del Grupo Parlamentario morenista en la Cámara Alta.

Además de la mucha o poca simpatía que puedan tener esos legisladores y legisladoras por el poblano, si con su presión logran contribuir a que sea el candidato y luego mandatario, se estarán allanando el caminito para las aspiraciones propias.

Muchos de ellos, no hay que perderlo de vista, quieren ser gobernadores y gobernadoras.

Y ahí es donde entra también la jugada de Ricardo Monreal, a quien miran con atención desde el Palacio del otrora centro de la antigua Tenochtitlán.

Monreal quier ser candidato presidencial y Presidente en 2024.

Qué mejor que contar con un grupo de gobernadores que, desde varios estados, lo apuntalen.

El primero que quiere ver en la silla gubernamental de su entidad es a Armenta.

Que se vea su mano en este caso.

Y es entonces cuando se hace inevitable ver también el interés de Yeidckol Polevnsky, quien ha llamado “necedad” al apoyo de los senadores a Armenta, mientras Monreal ya se la encomendó a Dios, por apoyar a Barbosa.

“Que Dios la ayude”, le mandó decir apenas ayer en una entrevista.

Polevnsky gana mucho y pierde más, si Barbosa es o no es el abanderado.

Referencias en columnas de medios que se editan en la Ciudad de México la ubican como peleada con muchos líderes.

Dejada ya de la mano de López Obrador.

Eso es una suposición.

Lo que es una seguridad, es que si Barbosa repite en la boleta y, como parece seguro, llega a Casa Puebla, la ex senadora Yeidckol se fortalece personal y políticamente.

Entre necedades y encargos al Todopoderoso, los ojos de López Obrador observan pacientes.

Por eso el batazo en la mañanera al tema, en la que también y con motivo de la conmemoración de los 60 años de la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos, canceló un sello postal con la imagen de Emiliano Zapata.

Todos en Puebla buscan ansiosos las señales en sus palabras en cada nueva comparecencia.

Y tal vez no están ahí…

¿Y si estuvieran en el guiño con el ojo derecho?

¿O en su sonrisa?

¿O en las tres cosas?

gar_pro@hotmail.com

4 Responses to “AMLO, EL CASO PUEBLA Y ¿EL REGRESO DEL GRAN ELECTOR?”

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