SIN 2020 NO HAY 2021: EL AÑO Y EL CAMINO A LA MADRE DE TODAS LAS ELECCIONES

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Solía decir Melquiades Morales a sus colaboradores, en sus tiempos de gobernador, una frase que se antoja obvia y simplista, pero que tiene mucha efectividad ante los ansiosos y los precoces: “primero el uno y luego el dos”. Los políticos de cuño añejo saben bien que no se puede pensar en librar batallas, sin antes haberlas preparado. Así deben entenderlo Morena y el barbosismo sobre los comicios intermedios locales y federales de julio de 2021. Antes de afilar las armas, hay que tenerlas. El próximo año, desde el primer día de enero, debe ser concebido como preparación política, de consolidación de la 4T poblana, antes que de pelea franca. Sin 2020, no habrá luego 2021.

Pero no solamente en el terreno político Puebla merece un mejor año, también en el social.

En manos de funcionarios y ciudadanos está conseguirlo.

Ya 2018 y este 2019 se presentaron como los años más difíciles de la época reciente del estado.

Este 2020, que comenzará en 11 días, debe ser el año de Puebla.

A la entidad le urge un despunte económico.

Así se ha venido trabajando en la actual administración.

Pero además en el estado, la Iniciativa Privada (IP) y el gobierno requieren de habilidad para blindarse de la recesión que se ve venir a nivel federal.

Los próximos 365 días son también la oportunidad para la consolidación del barbosismo.

La deuda social impostergable es la disminución de inseguridad.

Sin pretextos.

Y la estrategia está trazada en el Plan Estatal de Desarrollo (PED), en donde también el campo y el bienestar son los principales ejes.

Y aunque es deseable que desde el gobierno de Andrés Manuel López Obrador se siga teniendo a Puebla, en muchos sentidos, como estado consentido y a Miguel Barbosa como uno de los gobernadores mejor visto desde Palacio Nacional, el barbosismo no puede supeditarse a ello.

Ni mucho menos confiarse, que ella -la confianza en exceso- es la madre de todos los fracasos.

En materia electoral y de aceptación popular, si la administración federal no mejora, puede haber facturas negativas en las urnas en 2021.

De ahí que es mejor consolidarse en lo local.

Orden, transparencia, honestidad y, mucho contará, la eficiencia, para que los poblanos se sientan satisfechos con su gobierno, mismo que deberá seguir cercano a la gente.

No debe perder de vista el barbosismo que, además de ser su año completo de despegue, el 2020 debe ser también el de su afianzamiento definitivo.

Sí, sin 2020 no habrá 2021.

Para pedir el refrendo del voto mayoritario se deben tener argumentos suficientes.

Para intentar conservar la mayoría parlamentaria en el Congreso local y los gobiernos municipales más importantes, se debe actuar con estrategia y visión.

Igual para seguir con una bancada fuerte en San Lázaro.

Para el lopezobradorismo se trata de la Madre de Todas las Elecciones.

De sí, la administración estatal enfrentará el próximo año el descontento social por las medidas que, aunque impopulares, eran necesarias, como el incremento al pasaje y el reemplacamiento.

Y en paralelo el Movimiento Regeneración Nacional (Morena) deberá cumplir con el reto de crear una estructura propia y sólida.

Deberá hacerlo en tiempo récord, pues en octubre de 2020 comienzan formalmente los procesos local y federal.

Y, siendo honestos, no hay voto duro morenista.

Ni en Puebla, ni en el país.

El llamado efecto AMLO de 2018, encima, ahora puede ser contrario.

Sí, efectivamente: primero el uno y luego el dos.

Sin 2020, que se olviden todos de 2021.

***

Esta columna se toma un descanso y regresa a inicios de enero.

Muchas gracias a los lectores.

Por su tiempo, por su paciencia y por su constancia.

Que 2020 sea bueno (muy bueno) para todos.

gar_pro@hotmail.com

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