EL JOCOSO CASO DEL “SOBRINO” BEODO DEL GOBERNADOR

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Como salido de la ficción más hilarante del costumbrismo político, un funcionario federal en Puebla, que tiene la suerte de apellidarse como el gobernador Miguel Barbosa, anda diciendo que es su “sobrino”, presumiendo “influencias” para hacer negocios, y suponiendo que tendrá impunidad a las faltas administrativas que comete en el contexto de su gusto por los elíxires etílicos.

Se trata de Alfredo Barbosa Bonola, adscrito a la Oficina de Representación de la Secretaría de Gobernación (Segob) federal en Puebla.

El servidor público parece salido del ficticio “San Garabato de las Tunas”, “tierra de machos, borrachos y comprachos”, como lo describe desde su imaginación el genial escritor e historietista Rius (Eduardo del Río García) en su “Los Súpermachos”.

Resulta que el falso “sobrino” tiene ya en un proceso abierto en la Secretaría de la Función Pública (SFP), pues “incurrió en faltas graves en su desempeño”.

Así se lee en un “comunicado ciudadano” con el número 227/2020 de la dependencia, en respuesta a la “petición con folio: 46294/2019”.

Adelanta que “será sancionado por el Órgano Interno de Control de la Secretaría de Gobernación, en los términos que contempla la Ley Federal de Responsabilidades Administrativas de los Servidores Públicos”.

La tarjeta de respuesta no detalla los hechos, pero son muy conocidos entre sus compañeros de trabajo, en la oficina que queda por los rumbos de Plaza San Pedro.

Una denuncia especifica que “se presenta a laborar en estado de ebriedad y en algunas ocasiones en horario laboral se va ingerir bebidas embriagantes al Bar Playa Bonita, justo frente a dicha dependencia”.

Claro Playa Bonita, que también es marisquería, no tiene la culpa.

En el lugar se sirven alimentos, pero igual se baila y se ven partidos de futbol, de acuerdo con su página de Facebook.

Y hay generosas ofertas de bebidas alcohólicas.

En la narración también se acusa a Barbosa Bonola de que recientemente, con el cuento de que es el sobrino del gobernador, “se dedicó a hablar a hospitales y farmacias, para venderles cubrebocas, argumentando que tenía el visto bueno de su ‘tío’”.

Es un personaje que no se perdería un buen historietista para un relato muy jocoso.

Lo que ya no es tan simpático, es que se podrían configurar algunos delitos.

Lamentable.

gar_pro@hotmail.com

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