LA BATALLA EN MORENA: CLAUDIA RIVERA VS GABRIEL BIESTRO

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Ambos forman parte de las bases de Morena, uno como fundador y otra como activista.

Gabriel Biestro Medinilla, diputado y presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política del Congreso del estado de Puebla, fue incluso dirigente estatal de Morena en momentos complicados y oscuros.

Claudia Rivera Vivanco, presidenta municipal de Puebla, acompañó en todo momento a su mamá en las manifestaciones y protestas del movimiento lopezobradorista. Ambas estuvieron presentes, por ejemplo, durante muchos días en la tristemente célebre toma de Paseo de la Reforma en CDMX.

Esto, por lo menos, asegura que el candidato o la candidata de MORENA tendrá un origen auténtico en el movimiento. No habrá advenedizos ni ex priístas o ex perredistas santificados por obra y magia de la 4T.

Lo que distingue a Gabriel y Claudia son, sin duda, sus muy personales estilos de hacer y entender la política.

Rivera atrincherada en su activismo y Biestro ejerciendo una labor de gestión y cabildeo sin traicionar los principios de la 4T.

En cuanto a los apoyos políticos, Gabriel Biestro cuenta con el respaldo del gobernador Miguel Barbosa y del dirigente nacional del partido, Mario Delgado.

Barbosa ha dicho, en público y en privado, que Biestro es tal vez el único que se mantuvo leal, y que no negoció con el morenovallismo, en el convulso 2018 poblano. Su fidelidad al mandatario es incontrovertible.

Claudia Rivera, por su parte, tiene la simpatía de la consejera nacional Bertha Luján y la secretaria del partido, Citlali Hernández; además, cuenta con la estructura del ayuntamiento de Puebla, que no es poca cosa.

Aunque en la campaña de 2018 hubo química y cortesías entre ellos, pese a orígenes políticos diferentes, la relación Rivera-Barbosa se fue deteriorando con el tiempo y hoy es irreconciliable. Es ruptura total, sin marcha atrás.

Factores nacionales y locales van a determinar quién se impondrá en esta batalla por la candidatura de Morena, en la que participan como comparsas –y terminarán como comparsas- José Luis Sánchez Solá (a) “El Chelís”, Saúl Huerta y Abraham Quiroz, entre otros y otras que nada deberían estar haciendo en la política.

Hay dos dudas por delante: ¿Barbosa ejercerá su sagrado derecho de veto? y ¿qué tan fiable será la encuesta, o serie de encuestas, que servirán para determinar al ganador o ganadora?

Lo cierto, en todo caso, es que sea quien sea, el candidato o la candidata tendrá frente a sí el reto de reconstruir la unidad del partido y reforzar la alianza de partidos que habrá de acompañarlo.

El proceso interno llegó con un ánimo exacerbado y muy polarizado.

Incluso es público que la confrontación entre ambos ha sido abierta e intensa, por lo que el riesgo de división es latente y puede hacer mucho daño al partido en el poder.

La elección de uno u otra, en teoría, supone la oposición o neutralización del otro.

Algo, sin embargo, hay que subrayar: el peso político electoral del grupo barbosista es superior, por mucho, al de los riveristas, quienes carecen operadores políticos experimentados.

Y justo este último punto hace pensar a muchos observadores que las posibilidades de Gabriel Biestro se incrementaron al cierre de los registros, pues su perfil y el respaldo político con el que cuenta lo hacen el más competitivo.

No obstante, esa decisión ahora está en manos de la Comisión Nacional de Elecciones de MORENA, quien habrá de definir conforme a sus estatus y convocatoria quien será el elegido o la elegida para una contienda que luce reñida por la coalición que encabeza el PAN y que atraviesa también sus propias complicaciones.

Pero ésa es otra historia.

gar_pro@hotmail.com

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