EL ÚLTIMO FRACASO DE OLGA SÁNCHEZ CORDERO

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Hace apenas 69 días, cuando aún no había la certeza sobre su remoción de la Secretaría de Gobernación del Gobierno de México, la ministra en retiro y entonces todavía senadora con licencia Olga Sánchez Cordero se atrevió a realizarle al gobernador de Puebla una extraña petición.

En Palacio Nacional, en la Ciudad de México y tras una reunión del Gabinete de Seguridad y el equipo de la administración poblana, el 22 de junio, ella le pidió a Miguel Barbosa Huerta impunidad para los ex funcionarios morenogalicistas que están denunciados por el actual gobierno del estado.

Por razones inexplicables e invisibles en la superficie, Doña Olga se metió a defenderlos por petición, según dos fuentes distintas, del ex gobernador Tony Gali.

Sánchez Cordero, la misma que vistió la toga de los máximos jueces del país y despachó en el Palacio de Justicia de la Nación, solicitó expresamente frenar los procesos judiciales que están curso y las órdenes de aprehensión pendientes de ejecutar.

Sucedió en privado, al final de esa última reunión que sostuvieron Barbosa y Olga Sánchez, como titular de la Segob, para abordar temas de seguridad y gobernabilidad.

La respuesta para la entonces funcionaria federal, de botepronto y construida con cordialidad, fue negativa.

Miguel Barbosa la paró en seco.

Sin exabruptos, aunque sí con claridad, ni siquiera la dejó terminar de hacer el planteamiento.

-Secretaria, ese tema no es tema- le dijo, palabras más, palabras menos.

Olga Sánchez fracasó, pues, en su misión imposible.

Encontró un muro en Barbosa, quien sólo agregó que los procesos seguirán adelante.

Ese intento de intromisión en los temas de Puebla no fue el primero.

Realizó antes otros.

Además de delicadas, fueron inexplicables sus gestiones.

Algo que no correspondía con su alta investidura.

Meses atrás, ella intentó algo similar con el hoy prófugo de facto y casi ex diputado local, José Juan Espinosa Torres, el llamado J.J.

También quiso meter las manos por el rector de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), Alfonso Esparza.

Está la versión de que, sin notificar al gobernador, un día Doña Olga citó en sus oficinas en Bucareli, en la capital del país, a Héctor Sánchez Sánchez, presidente del Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de Puebla, y al fiscal poblano Gilberto Higuera Bernal, para revisar ese tema.

Ninguno de los dos se presentó y las razones fueron obvias.

La ministra en retiro no supo ejercer la titularidad de la Segob.

En muchos espacios la consideraron un “florero”.

En resumidas cuentas, la influencia de Olga con los gobernadores siempre fue nula y más todavía con el poblano.

No en pocas ocasiones entorpeció el diálogo de Palacio Nacional con los Ejecutivos estatales.

En la mayoría de los casos descompuso la relación de éstos con el Presidente de la República.

En el caso de Puebla, ni siquiera fue generosa.

Junto con Mario Delgado, Julio Scherer y César Yáñez, siempre procuró hablar mal de Barbosa ante Andrés Manuel López Obrador.

Muchos de los rumores insidiosos, que llegaron a oídos del primer mandatario, sobre la salud del poblano, salieron de la oficina de Olga Sánchez Cordero.

Aun así, cuando ésta cayó, la semana pasada que fue despedida y enviada de regreso al Senado de la República, Barbosa tuvo un buen detalle.

La despidió con mucha caballerosidad:

“Deseo el mayor de los éxitos a Olga Sánchez Cordero @M_OlgaSCordero en el @senadomexicano y reconozco su labor al frente de la @SEGOB_mx. Es una gran mujer que desde cualquier lugar seguirá luchando por la justicia, los derechos de las mujeres y la #4T. Un abrazo”, escribió en su cuenta de Twitter el gobernador poblano.

Un dato que evidencia quién fue y qué dejo ella por su paso por el Palacio de Cobián, se reflejó en la votación con que fue elegida presidenta del Senado.

Tuvo solamente 79 de 128 posibles sufragios.

La peor de todas las que se han registrado, en el actual ejercicio senatorial y, posiblemente, en la historia de la Cámara Alta.

Los números también gritan.

gar_pro@hotmail.com

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