EL NEGRO KARMA DEL OSCURO CARLOS EVANGELISTA

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La carrera completa del ex delegado, ahora “enlace”, del CEN de Morena en Puebla, Carlos Alberto Evangelista Aniceto, pende de alfileres, al menos en los corto y mediano plazos, víctima de su propia voracidad. Karma, le suelen llamar.

El otrora poderoso representante en el estado de Mario Delgado Carrillo, presidente del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), no supo leer sus tiempos y mató a su propia gallina de los huevos de oro.

Ahora, incluso está en vilo la diputación plurinominal que, con alevosía, se había reservado para sí.

Evangelista ha sido señalado por abusar en la designación de candidaturas a las alcaldías y diputaciones de mayoría relativa, tanto como en las plurinominales.

Versiones aseguran que, junto con el delegado en funciones de presidente estatal, Édgar Garmendia de los Santos, “vendió” éstas al mejor postor, sin importar si tenía o no posibilidades reales de triunfo.

Ahí están, incluso las denuncias formales en varios casos.

Hizo y deshizo durante el proceso electoral, previo a la jornada del 6 de junio.

Colocó a su propia esposa, Julieta Vences Valencia, en una curul pluri federal, una vez que los tribunales determinaron que estaba legalmente impedida para buscar la reelección en el Distrito 8 Federal de Puebla, que estaba representando.

Repartió y se quedó con la mejor parte.

Fue un gandalla.

Siempre contó con que Morena obtendría malos números en el proceso intermedio concurrente.

Calculó, junto con Garmendia, que, con pocos triunfos en tierra, en la elección legislativa, los dos tendrían seguras sus curules locales plurinominales.

Carlos en el número dos y Édgar en el cuatro.

No contaban con la regla, de reciente introducción, para evitar la sobrerrepresentación.

Con ésta, Morena, como partido mayoritario, no puede exceder las 15 curules, por cualquiera de las dos vías, del total de 41 en el Congreso local.

Esas 15, que representan 36.5 por ciento de la representación, es su límite.

Este lunes, el Tribunal Electoral del Estado de Puebla (TEE) determinó anular algunas casillas de la elección del Distrito 9 Local, que estaba en disputa.

De ese modo, bajó a la panista Mónica Rodríguez della Veccia, quien había ganado por el PRI, PAN y PRD, para darle el triunfo a la morenista Melisa Jauli Gutiérrez.

El efecto expansivo de esta determinación, que ahora irá a litigio al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), es la caída de Evangelista.

Hoy por hoy, está fuera de la LXI Legislatura poblana, de la que ya había recibido su constancia de mayoría.

Dependerá del TEPJF si ese documento lo revoca definitivamente.

Pero después del 6 de junio, Evangelista ha tenido pésimos días, que evidencian que el karma sí existe.

Estaba confiado en que él, junto con Garmendia, tendrían la fidelidad de los diputados locales electos.

Se veía ya como el coordinador del Grupo Legislativo de Morena en el Legislativo local.

Se creyó eso de que “a mí me deben su curul”.

Pero las repartió y, en su caso, las “vendió”, pero no fue un líder.

Está muy lejos de eso.

Encima, desde hace algunas semanas ha estado llegando una cascada de quejas a Mario Delgado, sobre los abusos de Evangelista.

El presidente del CEN es su única asidera al poder, pero también -aseguran algunas fuentes- ha caído de su gracia.

Si el TEPJF no le hace el milagro, lo más probable es que Evangelista pase al cajón del olvido.

Ése de la ignominia.

Al menos en los corto y mediano plazos, pues la historia nos ha enseñado que, en la política, no se puede dar definitivamente por muerto a nadie.

Carlos, aquel quien en su época como perredista fue un modesto “gestor” de programas agropecuarios y que ha sido acusado de cobrar por ello moches, volverá al sitio que antes tenía.

A la última fila.

Sin poder.

Sin gloria.

Pero sí con muchas penas.

gar_pro@hotmail.com

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