El último gran, gran destape

Arturo Luna Silva

El pasado viernes, en el salón Aquiles Serdán de Casa Puebla, el gabinete legal y ampliado del gobierno asistió, cual testigo fiel de la historia política misma de este estado, a un último gran, gran destape.

 

Por si aún hubiese alguna duda o algún despistado todavía no terminara de entender el juego político del 2010.

 

Convocados para afinar detalles sobre lo que será, en enero 15, el informe de Mario Marín, éste aprovechó el lugar y el momento para enviar una señal tan directa como inédita a su equipo de trabajo.

 

Algo así como el “No se hagan bolas” de Salinas respecto a Colosio.

 

Tras felicitarlos por el fin de un año y el principio de otro, y pedirles el máximo esfuerzo para cerrar bien este 2009, el mandatario se refirió sin darle vueltas a la segunda y última encuesta de Marías de las Heras y, con ello, al proceso (intenso proceso) que viven los priístas poblanos para elegir a su candidato a la gubernatura.

 

Como saben, les dijo, Javier López Zavala encabeza las preferencias.

 

Hay que felicitarlo, recomendó.

 

Hay que apoyarlo, pidió.

 

“Inteligente”, “leal” y “disciplinado”, fueron algunas de las palabras que usó para describir a su hijo político, a su “delfín”, y para hablar de sus méritos y talentos.

 

Mirando al futuro, Marín evocó, con cierta emotividad y no poca nostalgia, sus propios momentos clave del pasado.

 

Habló de los días importantes de su propia carrera política ascendente.

 

De cómo empezó desde abajo y cómo logró subir rápido y bien los peldaños, peligrosos a veces, de la escalera del poder.

 

Y entonces de su boca salieron las palabras mágicas:

 

“Hay que estar unidos en torno a López Zavala”.

 

Nueve palabras que todos escucharon.

 

Nueve palabras que lo resumieron todo, y que sin duda marcarán un antes y un después al interior del marinismo, que se propone encarar unido en 2010 su mayor reto: conservar el poder que aún ostenta.

 

Como una sola familia.

 

Una familia política.

 

Una familia de poder.

 

Estén tranquilos, les dijo Marín.

 

“Sin conocerme hubo quien creyó en mí”, recordó como diciendo:

 

Ustedes conocen al candidato, y éste los conoce; llevan ventaja, será más fácil, pues, hacer equipo y seguir caminando juntos.

 

El más feliz del día fue sin duda el destapado.

 

Momentos de gloria los suyos.

 

Éxtasis mezclado con adrenalina por las venas.

 

La piel como recorrida por cientos, millones de hambrientas hormigas.

 

El sentir que por fin se ha llegado a la meta de una larga, larga carrera.

 

Por eso, López Zavala, en su turno, habló más que emocionado: impactado.

 

Asombrado de su propio asombro.

 

“Jefe”, “amigo” y “maestro”, dijo del gobernador.

 

Haré mi mejor esfuerzo y juntos seguiremos, se comprometió.

 

Y mirándolos a todos de frente, agradeció el apoyo y expresó:

 

Los conozco a todos y sé de sus habilidades; por lo tanto, todos, sin excepción, tendrán un sitio conmigo.

 

La escena se selló con fuerte apretón de manos, seguido de un abrazo, entre Marín y López Zavala.

 

El padre y el hijo.

 

El rey y el príncipe heredero.

 

A continuación, como en una escena de “El Padrino”, los funcionarios del gobierno del estado rodearon al todavía secretario de Desarrollo Social y le mostraron su respeto.

 

“Felicidades, Javier”.

 

“Estoy contigo”.

 

“Hasta la victoria”, fueron algunas de las frases que le dijeron al oído.

 

Poco faltó para que alguno se inclinara y le besara el anillo.

 

El destape, el último gran, gran destape, estaba consumado.

 

Pero eso no fue todo.

 

De ahí, en un solo bloque, los funcionarios se trasladaron al salón anexo donde los esperan sus esposas, convocadas a Casa Puebla como siempre a la comida familiar de fin de año.

 

En la mesa de honor, la de Marín convivía animada con la de López Zavala.

 

Como ellas, el resto de las damas guardó silencio para escuchar al gobernador en un mensaje aún más emotivo que el pronunciado, minutos antes, ante los secretarios y directores.

 

Discurso breve pero sentido y cuya columna vertebral volvió a construirse a partir de conceptos como la lealtad, la amistad, el trabajo y la unidad.

 

La unidad ahora y la unidad después.

 

La unidad como principio y como fin.

 

La unidad política, profesional y hasta familiar en torno a un solo hombre.

 

Javier López Zavala.

 

El ungido.

 

El elegido.

 

El destapado.

 

El candidato.

 

gar_pro@hotmail.com

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