Traidores a la vista

Arturo Luna Silva

Más un comerciante que un político consciente de su verdadero potencial, el alicaído secretario de Desarrollo Social del ayuntamiento de Puebla, Víctor Manuel Giorgana Jiménez, ya le puso precio a su publicitado apoyo a Javier López Zavala.

Ha pedido ni más ni menos que la coordinación de la campaña zavalista en el municipio de Puebla (además, claro, de un litro de nieve de limón).

Sobra decir que mientras en Casa Puebla la folklórica petición causó una sonora carcajada, en Blanca Alcalá el atrevimiento de Giorgana provocó enojo y decepción.

Y es que más tardó la alcaldesa en anunciar que le deja el camino libre a López Zavala, que el susodicho en abandonar el barco y en negociar para él antes que para su ¿jefa?

El increíble Giorgana se reunía en lo oscurito con Zavala mucho, pero mucho antes de que Alcalá empezara a sopesar la idea de declinar.

Es decir: la presidenta todavía estaba en la jugada y su funcionario, supuestamente uno de los de mayor confianza, ya le clavaba el puñal por la espalda.

Y eso, eso –diría el clásico- “no se vale”.

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Otro que también no tarda en enseñar el cobre es el director del Deporte Municipal, Édgar Chumacero.

Durante sus acuerdos “secretos” con López Zavala, él se comprometió a anunciar públicamente su respaldo al “delfín” marinista si Blanca Alcalá no se definía antes de la primera quincena de enero, lo cual hubiese sido un golpe demoledor para ella.

Por fortuna para Chumacero (y creo que también para Blanca), eso ya no fue necesario, pues la alcaldesa dio antes de ese plazo un paso adelante y anunció que no va.

El caso de Chumacero es doblemente grave desde el punto de vista de la traición, dada la relación personal que sostiene con la hija de la presidenta y que es del dominio público.

Y es que ser o tener un yerno así… no tiene precio.

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Otro que se prepara para sumarse a la feria de las deslealtades es Juan de Dios Bravo Jiménez, mundialmente conocido como “La Memela” (por algo será).

Él de plano ya empezó a empacar sus maletas y a meter en cajas de huevo “El Rancherito” las pertenencias que tiene en su oficina de secretario de Gobernación municipal, donde vegetó de lo lindo (y fingió ser aliado de Blanca) por casi dos años.

Y es que desde que se enteró que Alcalá ya no es una amenaza para su amigo y real jefe político, no deja de dar de brinquitos de emoción y sobre todo presumir que se va… se va a la campaña de trong>López Zavala.

Claro: le parezca o no a Blanca Alcalá.

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El que anda en la misma onda (muy mala onda) es César Pérez, el (inexistente) secretario general de la comuna.

Resulta que a don César ya también le anda…

Le anda por irse a coordinar (jura él) la campaña de su compadrito querido, Mario Montero, como candidato del PRI a Palacio Municipal.

Y lo que ocurra con el gobierno de Blanca de aquí al fin del trienio, pues le vale un soberano cacahuate.

Total, él ya cobró y ni se despeinó.

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¿Cuántos otros funcionarios del municipio iniciaron ya la desbandada por así convenir a sus (propios y muy particulares) intereses?

Le puedo hablar de dos que, en contraste, se mantienen firmes y se morirán en la raya por su jefa: María Fernanda Diez Torres (directora del DIF) y Héctor Sulaimán (director del Organismo Operador de Limpia).

El resto ya anda en la cargada zavalista.

Porque ya lo dice el dicho que acabo de inventar: búfalos serán y búfalos se morirán.

De plano que el último apague la luz y cierre la puerta.

Y eso sí: sin azotar, por favorcito.

gar_pro@hotmail.com

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