El evangelio según Marín

Arturo Luna Silva

Aplaste por completo a su enemigo, aconseja Robert Greene en el capítulo 15 de su famoso libro “Las 48 leyes del poder”.

Y cuenta: “Empezando por Moisés, todos los grandes líderes de la historia sabían que era necesario aplastar por completo al enemigo al que temían.

En algunas oportunidades aprendieron esta lección a fuerza de golpes.

Si se deja encendida una sola brasa, por muy débil que sea, siempre se corre el riesgo de que vuelva a desencadenarse un incendio.

(Se ha perdido más por una aniquilación a medias que por una exterminación total, pues el enemigo se recuperará y buscará venganza)”.

La cita viene a cuento por la actual coyuntura política de Puebla.

Y es que no tengo ninguna duda de que Mario Marín sabe, y sabe bien, que si deja encendida una sola brasa, por muy débil que ésta sea, Enrique Doger se levanta y lo destruye.

Y al destruirlo acabará con su proyecto transexenal, que pasa por la unción de su “delfín” Javier López Zavala y por ende por la extensión de su ya de por sí enorme poder.

Es ahora o nunca.

No sé si Marín ha leído a Sun Tzu, Maquiavelo o Carl Von Clausewitz, pero sí que su evangelio es exactamente el mismo que el de San Lucas:

El que no es conmigo, contra mí es”.

Su obra y comportamiento político giran en torno a esa máxima.

Doger fue agresivo e inescrupuloso cuando Mario Marín estuvo en serios problemas con motivo del caso Cacho.

El por entonces alcalde de Puebla no sólo no fue solidario con el jefe político de todos los priístas del estado, sino que apostó, y fuerte, por la caída del mandatario, que –como se sabe- de milagro salió vivo del peor trance político y jurídico en la historia de un gobernador poblano.

Doger no consiguió su objetivo y al fallar dejó encendida una brasa (brasa marinista), suficiente para la resurrección, que en asuntos de poder casi siempre está a escasos pasos de la venganza.

Ahora Marín tiene todo el control y todo el poder todo el tiempo; y no por nada hoy el ex alcalde y ex rector ha quedado fuera de toda posibilidad de ser candidato del PRI a la gubernatura.

Y también de cualquier otra posición política dentro del cerrado y autoritario sistema priísta.

Cuando Carl Von Clausewitz analizó la estrategia de Napoleón escribió que una vez obtenida una <gran victoria, no se deberá hablar de descanso ni de respiro… sino sólo de persecución, siguiendo al enemigo, tomando su capital, atacando sus reservas y todo aquello que pudiese brindarle apoyo y comodidad.

El motivo de esto es que después de la guerra vienen las negociaciones y la división del territorio conquistado. Y si sólo se ha obtenido una victoria parcial, inevitablemente se perderá en las negociaciones lo que se ha ganado con la guerra.

La solución es simple y Marín la sabe y la está llevando a la práctica: no está dejando una sola brasa (brasa dogerista), pues de hacerlo el incendio es seguro.

La negociación es una serpiente ponzoñosa que devorará su victoria. Por lo tanto, no deje a sus enemigos nada para negociar, ni esperanza, ni espacio para maniobrar. Han sido aplastados, y punto”, aconseja Robert Greene.

Y aconseja bien, pues está claro que entre Marín y Doger todo, todo es posible, menos la paz.

Sobre todo mientras el primero posea el poder, cosa que por cierto no sucederá por siempre.

gar_pro@hotmail.com

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