Melquiades, el traidor, y Doger, el simulador

Arturo Luna Silva

Al iniciar la semana cuatro de las campañas rumbo a Casa Puebla, muchas, muchas dudas empiezan a generar dos personajes simbólicos del priísmo poblano en cuanto a su verdadero compromiso para que su partido siga gobernando el estado.

Y es que a la fecha tanto Melquiades Morales Flores como Enrique Doger Guerrero lucen inéditos en la guerra política que se libra contra las fuerzas morenovallistas. Cualquier observador mediano concluiría que más que enemigos de la oposición, son aliados. Silenciosos pero aliados.

Algo peor que eso: siendo priístas de peso completo, se les aprecia, sobre todo en el caso del ex gobernador y senador de la República, en proyectos totalmente opuestos al del candidato del PRI-PVEM a la gubernatura, Javier López Zavala.

Aires de traición, incluso, se empiezan a respirar en sus respectivos entornos. Traición histórica y con mayúsculas.

Pareciera que tanto Melquiades como el ex presidente municipal y ex rector de la BUAP apoyan sólo de dientes para afuera, o de plano llevan la contra, deseando realmente, en su íntima intimidad, la debacle del marinismo y con éste, la ruina sin fin de su máximo jefe, el gobernador Mario Marín Torres, con quien ambos arrastran no pocas viejas facturas.

En el caso del ex mandatario que, ante cualquier disenso público o privado, suele aconsejar ponerse “una bolsa de hielos en la cabeza”, no sólo no hay claridad sobre el grado de compromiso y de solidaridad hacia López Zavala y, por ende, hacia su partido, el Revolucionario Institucional.

Él, a diferencia de Doger, no ha sacado las manos del proceso: las dos que Dios le dio las tiene metidas pero haciendo todo, todo para que el PRI sea derrotado el próximo 4 de julio.

Aún más grave es que los hombres más allegados a Melquiades desde los tiempos en que mandó en Puebla estén operando hoy, abierta o encubiertamente pero sin duda con su visto bueno, para el que fuese su poderoso secretario de Finanzas y Desarrollo Social, el hoy candidato de la coalición “Compromiso por Puebla”, Rafael Moreno Valle Rosas.

A saber:

Carlos Alberto Julián y Nácer (fue su secretario de Gobernación y de Educación Pública, así como su frustrado “delfín” sucesorio), Carlos Arrendondo Contreras (procurador y secretario de Gobernación), Héctor Jiménez y Meneses (líder del Congreso), José Lorenzo Aarún Ramé (secretario de Salud), Alberto Ochoa Pineda (secretario de Turismo), Mario Riestra Venegas (coordinador de asesores y representante de migrantes) y hasta Ernesto Echeguren (secretario técnico y consiglieri de Melquiades).

Más señas y señales: un hijo de Julián y Nacer es secretario privado del candidato Moreno Valle. Un hijo de Mario Riestra es él mismo candidato del PAN-PRD a diputado. Un hermano, otro, del propio Melquiades mueve viejos grupos e hilos en la Secretaría de Salud que administró hace no tanto tiempo, con el fin de vengar agravios del marinismo: Roberto Morales Flores. En el colmo, en el ámbito morenovallista se especula con la próxima incorporación a la campaña de la esposa del ex gobernador, la señora Socorro Alfaro de Morales.

Nunca antes la forma representó tanto fondo, y más en un político ortodoxo y cuidadoso de las formas como Melquiades.

En su momento, Melquiades Morales y Rafael Moreno Valle se enfrentaron por el Senado en una batalla épica. La historia registra que el alumno derrotó al maestro. Con el tiempo, el maestro sanó sus heridas de guerra y recompuso su relación con el alumno. La casona de Xicoténcatl, donde ambos socializaron, fue mudo testigo del reencuentro: algo así como Luke Skywalker reconociendo en Darth Vader a su progenitor y viceversa. Hoy, se dice, caminan juntos con un único fin: derrotar a López Zavala porque sólo así lograrán exterminar a Mario Marín, enemigo común.

Melquiades Morales, un perfecto simulador que juega además para un Manlio Fabio Beltrones que sabe que Puebla, de cara a la sucesión presidencial del 2012, es territorio de Enrique Peña Nieto.

Porque esto es melquiadismo contra marinismo.

Kramer contra Kramer.

PRI contra PRI pirata.

El PRI de Marín contra el PRI de Moreno Valle y compañía (entiéndase como “compañía” a los tontos útiles del PAN, PRD, Nueva Alianza y Convergencia).

Un encarnizado pleito de familia en el que tampoco acaba de quedar claro el papel de Jesús Morales Flores, el hermano de Melquiades que jura estar coordinando la campaña zavalista y por lo que se ve y ha visto hasta hoy, coordinando para hacerlo perder. No hay otra explicación para tanta torpeza.

Porque así, a final de cuentas, gana su hermano, el ex gobernador.

El mismo que un sexenio después (la rueda de la historia es veleidosa) podría cumplir por fin su deseo de ver en el poder a su “hijo” (político), Rafael Moreno Valle, una de las fichas de la sucesión que le tocó conducir, sucesión que terminó perdiendo porque un tipo llamado Mario y apellidado Marín le ganó, con un perfecto jaque mate, la partida del poder.

***

El caso de Enrique Doger Guerrero es similar.

Y es que a la fecha no hay noticia suya sobre el respaldo que realmente le está brindando a su candidato.

A ése que terminó por encontrarle virtudes y talentos que nunca le vio durante el proceso interno del PRI.

Más allá de alguna aparición esporádica al lado de Javier López Zavala, el coordinador metropolitano de promoción al voto ni se ve ni se siente. Tampoco se oye. Camina inédito. Como si este pleito no fue suyo.

¿Será casual? ¿Será que se está guardando para la recta final? ¿Será que entonces sí lo veremos haciendo la tarea?

En una entrevista realizada un par de días antes de sumarse públicamente al hoy candidato de la alianza “Puebla Avanza”, Doger me dijo que no, no traicionaría a su partido, el PRI.

Ni Caballo de Troya ni quintacolumnista”, afirmó.

Hoy nadie habla todavía de traición; sí, empero, de simulación.

¿El fin?

Se desconoce pero se imagina.

Y es que perdiendo el PRI y perdiendo López Zavala, él gana. Literalmente.

Será seguro diputado (el número 1 de la plurinominal así se lo garantiza) y, con suerte, líder del Congreso sin el yugo de un gobernador de su mismo partido. Es decir: López Zavala.

Para nadie es un secreto su gran amistad y empatía política con Moreno Valle.

De ahí que voces dogeristas insisten en que preferirían cohabitar desde el Legislativo más con el morenovallismo que con el zavalismo.

¿La causa?

Según estas mismas voces, sigue sin quedar claro quién gobernará en caso de un triunfo de López Zavala: si López Zavala o Mario Marín.

Y ya se sabe que Doger con Marín, ni a la esquina.

El odio es auténtico.

Y el anhelo de destrucción, igual de intenso y verdadero que desde el inicio.

Pero…sólo el tiempo dirá si esto es lo que parece o sólo una mala percepción, ése enormeee hoyo negro que a veces queda entre las palabras y los hechos.

***

Un grupo de ex trabajadores del Instituto Electoral del Estado envió una larga queja sobre irregularidades administrativas en el organismo.

Está interesante.

click sobre el link para consultarlo completo:

Queja de ex trabajadores del IEE

gar_pro@hotmail.com

Leave a Reply