¿Por qué Moreno Valle?

Arturo Luna Silva

Porque en Puebla gobernador no pone gobernador.

Porque para que la cuña apriete tiene que ser del mismo palo.

Porque fue educado para competir y ganar.

Porque fue minimizado.

Porque hubo un claro, clarísimo voto de castigo hacia el marinismo.

Porque el que a hierro mata, a hierro muere.

Porque el pleito fue PRI contra PRI.

Porque a pesar de su desgaste, los poblanos finalmente sí apostaron por la idea del “cambio”.

Porque los panistas ahora sí salieron a votar.

Porque el PRI perdió desde hace rato al voto swicher y, en un exceso de confianza –o de desprecio-, no le importó re-conquistarlo.

Porque tuvo una aliada poderosísima: Elba Esther Gordillo.

Porque muchos poblanos decidieron cambiar de amo: Elba Esther por Marín.

Porque el PRI perdió la guerra de estructuras.

Porque el slogan “Si no cumplo, renuncio” resultó sencillamente demoledor.

Porque sus rivales pecaron de soberbia y vale madrismo.

Porque demostró no ser el mito genial que decían.

Porque sí tenía –tiene- estructura propia.

Porque se benefició de la evidente división al interior del PRI.

Porque supo sumar a los traidores del ex partidazo.

Porque cometió menos errores.

Porque hizo una campaña moderna.

Porque realizó alianzas estratégicas de altísimo nivel.

Porque hizo del 4 de julio un verdadero referéndum: Marín sí o Marín no.

Porque logró lo que nadie: una mega alianza de partidos de oposición, alineados en un solo objetivo: sacar al PRI de Casa Puebla.

Porque se demostró que sí conoce a los priístas al derecho y al revés.

Porque en realidad es uno de ellos.

Porque tuvo paciencia ante los embates de los medios.

Porque fue pragmático y ambicioso.

Porque desde el inicio entendió que la venganza es un platillo que se come frío.

Porque nunca le perdonó a Marín que no le cumpliera hacerlo senador.

Porque se sobrepuso a todas las adversidades, pero especialmente a las campañas negativas –de las que también, hay que decirlo, fue alegre promotor y activo patrocinador-.

Porque la guerra sucia le hizo lo que el viento a Juárez.

Porque el PRI lo convirtió en una víctima, casi, casi en un “mártir de la democracia”.

Porque supo a tiempo que vencer al abstencionismo era condición indispensable para vencer al PRI y hacer historia.

Porque al electorado le pareció “más guapo”.

Porque fue más y mejor organizado.

Porque contó con las tres cosas que garantizan el poder: dinero, dinero y dinero.

Porque fue inteligente y logró polarizar el proceso.

Porque fragmentó, atomizó, dividió el voto duro priísta.

Porque los líderes del PRI simularon.

Porque los acarreados del tricolor apuñalaron.

Porque los operadores se chingaron el dinero.

Porque supo leer el momento histórico de Puebla: la gente se cansó de más de lo mismo.

Porque tuvo suerte.

Porque hizo lo imposible: atiborrar el estadio Cuauhtémoc. Primero que nadie y sin ser gobierno.

Porque denunció en todos los tonos la intentona de establecer un Marinmato de 18 o más años.

Porque gritó fuerte que no le tenía miedo a Marín.

Porque dijo que Javier López Zavala era chiapaneco y luego que era guatemalteco.

Porque él sí ofreció razones de voto a una ciudadanía ávida de soluciones.

Porque en política, las imposiciones se pagan caras.

Porque nunca soltó el control de su proceso ni de su campaña.

Porque lidió con éxito con la inocencia e ingenuidad de los panistas.

Porque él sí tuvo un verdadero coordinador de campaña.

Porque entre los panistas supo venderse como el único que podía derrotar al PRI y no fueron pocos los que le creyeron.

Porque hasta final, a pesar de todo, contra viento y marea, mantuvo su alianza con El Yunque.

Porque a lo largo de su campaña comprobó que lo que no mata, fortalece, y lo que viene, conviene.

Y porque tuvo huevos.

***

Aunque la madrugada de este lunes aún había esperanzas en el búnker del PRI, los números eran claros y perfilaban la que sería la peor debacle para el tricolor en los últimos tiempos.

Una auténtica revolución. Tan grande que todavía tardaremos unos días en darnos plena cuenta de sus consecuencias.

Durante la jornada, los priístas pasaron del optimismo al más terrible pesimismo: sus primeros números hablaban de un triunfo holgado, pero conforme pasaron las horas, el escenario cambió dramáticamente.

El primer balazo llegó por cortesía de Mendoza Blanco y Asociados, que a través de TV Azteca dio como ganador a Moreno Valle.

El silencio del CISO de la BUAP e Indicadores confirmaron las sospechas.

Y aunque Prospecta Consulting defendió una victoria de Javier López Zavala con 7 puntos de diferencia, la puntilla –la verdadera- vino a través de Roy Campos de Consulta Mitofsky, el mismo que hace unos días decía que el PRI ganaría por 10 puntos y ayer informó que el PRI perdía ¡por 6!

Mientras Moreno Valle y sus seguidores celebraban, López Zavala señalaba que el triunfo le correspondía y que con actas en mano lo demostraría.

El resultado final sólo se conocerá cuando el IEE dé cifras, pero no es improbable que la elección poblana termine por judicializarse y que la decisión última se dé sobre la mesa, lo que no sería una buena noticia para el estado, pues lo menos que los ciudadanos quieren es incertidumbre, dudas y guerras.

Hay quien llegó a plantear hasta la anulación de todo el proceso, escenario que hay que descartar por completo si la ventaja final de Moreno Valle es contundente.

¿El PRI va a exigir voto por voto y casilla por casilla?

Habrá que esperar, pero por lo pronto las primeras lecturas son claras:

Un tsunami arrastró a los priístas, que no pudieron repetir los enormes triunfos de 2004, 2007 y 2009, y que perdieron la capital de Puebla, cabeceras importantísimas y –según los primeros números- hasta 16 diputaciones, incluyendo las seis con sede en la Angelópolis.

Si alguien dudaba que el poder desgasta y pasa factura, el 4 de julio lo dejó en claro.

gar_pro@hotmail.com

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