Retrato de un tránsfuga de la política

Arturo Luna Silva

 

Se llama Jesús Morales Manzo y sin escrúpulo alguno, sólo pensando en su ambición personal, hasta el momento lleva cinco partidos.

Estudió administración en la BUAP y académicamente siempre fue muy malo.

Quizá por eso mejor decidió recorrer el camino de la política, y de qué manera.

Militó en el Frente Juvenil Revolucionario del PRI, después en Convergencia, más tarde en el PRD, el PT, y hace unos días, ya como diputado estatal en funciones de este último, se pasó a las filas del PVEM.

En su momento miembro de Nueva Izquierda, la corriente dominante en el partido del sol azteca, y colaborador cercano de Luis Miguel Barbosa Huerta –el jefe de las tribus locales-, Morales Manzo fue diputado federal en sustitución de un legislador perredista del estado de Guerrero.

Las malas lenguas cuentan que como integrante de la influyente Comisión de Presupuesto de San Lázaro maniobró con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público para obtener beneficios con la compra de vehículos decomisados por el fisco.

También recomendó y colocó a varios amigos suyos en la citada dependencia.

De la noche a la mañana reconstruyó lo que era una vecindad en ruinas y ahora son departamentos que renta a estudiantes de la UPAEP.

En las pasadas elecciones locales, Morales Manzo dejó el PRD alegando estar en contra de su alianza con el PAN y se pasó al PT.

Por supuesto fue recomendado con los coordinadores del PT en Puebla, Mariano Hernández y Zeferino Martínez, por su gurú y protector, el priísta Javier López Zavala, para que fuese candidato a diputado por el distrito de San Martín Texmelucan.

Así ocurrió.

De más está decir que su campaña fue totalmente subsidiada por el entonces candidato del PRI-PVEM a la gubernatura desde las oficinas de la Secretaría de Desarrollo Social.

En diciembre pasado, durante las negociaciones para el reparto de comisiones y comités legislativos con el vicegobernador Fernando Manzanilla en el hotel Presidente Intercontinental, Morales Manzo estuvo presente.

En esas negociaciones, Zeferino Martínez, convertido también en diputado por el PT, lo mandó a la Comisión del Trabajo y Previsión Social.

Pero la posición le pareció poca cosa y más tardó en instalarse la nueva Legislatura que él en separarse –en plena “Crisis de Enero”- de la bancada del PT para arrojarse a los brazos del grupo parlamentario del PVEM, aliado y comparsa del PRI en el Congreso (no hay que olvidar que los diputados priístas son coordinados por el mega-ultra zavalista José Luis Márquez).

El tránsfuga Morales Manzo es fiel a sus principios de trapecismo político, y quienes lo conocen no dudan en afirmar que no será extraño que en el mediano plazo, durante determinada coyuntura legislativa, llegue a buscar el cobijo del PANAL, PAN o Convergencia si sus intereses ya no son satisfechos por los verdeecologistas o priístas –que son la misma gata nada más revolcada-.

El problema es hoy para el pequeño grupo que controla el PT, pues tanto Mariano Hernández como Zeferino Martínez ahora no saben cómo explicar la fuga de este pragmático legislador al jefe máximo del Partido del Trabajo, el senador Alberto Anaya.

Quedaron atrapados, exhibidos y más que debilitados al interior del Congreso del estado.

Lo peor es que según empieza a trascender, al parecer tienen otra bronca en puerta.

Esta vez es en el próximo Cabildo capitalino y con otro consumado zavalista, el futuro regidor Édgar Alonso Cañete, del grupo de Rodolfo Huerta.

Cuentan que el ex perredista Cañete también podría pasarse con los regidores del PRI.

Y por las mismas razones que Morales Manzo: los fuertes, fuertes intereses económicos de por medio y la sobrevivencia política del grupo encabezado por López Zavala, quien, previsor, agrupa sus fichas en espera de lo que pueda suceder a partir del comienzo del Nuevo Sexenio.

gar_pro@hotmail.com

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