Eduardo Rivera: la sombra de Paredes

Arturo Luna Silva

Que nadie se sorprenda –ni nadie se llame a engaño- si el gobierno del panista Eduardo Rivera Pérez arranca en medio del escándalo.

(Lamentablemente)

Tampoco si el amargo sabor de viejos tiempos marcan los primeros pasos del nuevo ayuntamiento.

(Penosamente)

Y es que resulta que hace unos días, reunidos –como dirían los clásicos- en alegre contubernio, los regidores electos del municipio de Puebla llegaron a un gran, gran acuerdo.

Por unanimidad dieron su consentimiento para que, en alguna de sus primeras sesiones de Cabildo, presenten y aprueben una propuesta para el incremento de sus sueldos mensuales.

En concreto, para que perciban el doble que sus antecesores.

Esto es: de los 35 mil pesos actuales a 70 mil pesos.

¿El pretexto?

Que en las grandes ciudades de México (Guadalajara, Monterrey, etcétera), los señores regidores y las señoras regidoras perciben remuneraciones dignas, muy por encima de las fijadas para estos humildes servidores públicos en Puebla.

Y si la Angelópolis está considerada como la cuarta ciudad más grande del país, ¿por qué diablos van a seguir cobrando una “miseria”?

Lo más relevante del caso es que todos, absolutamente todos los nuevos regidores dieron el sí: panistas, priístas, perredistas y demás fauna silvestre.

De acuerdo con una enterada fuente, no hubo uno solo que se opusiera a la futura medida, que, sin duda, causará que más de uno en la sociedad civil ponga “el grito en el cielo”.

Hay que decir que los más entusiastas promotores del aumentazo de inicio de trienio son Carlos Ibáñez, José Luis “El Chango” Carmona y Jaime Zurita.

Los tres –y no es casualidad- del grupo político encabezado por el senador Humberto Aguilar Coronado.

(¿Será que “El Tigre” ya quiere empezar a armar su “cochinito” para cumplir con su sueño guajiro de convertirse algún día en presidente municipal de Puebla?).

Pero lo peor no es eso.

Y es que los regidores, ¿regidores Totalmente Palacio?, no sólo quieren subir sus salarios sin importar consecuencias políticas.

Entre sus planes también está el contratar un seguro amplio de gastos médicos con el hospital Ángeles, el más caro –como todo mundo sabe- de Puebla y sus alrededores.

¡Porque cómo cree usted que van a pisar el IMSS o algún otro nosocomio público!

Y más: ya hasta hablan entre ellos, en medio de risitas nerviosas, de que el actual edificio de regidores –compartido con la Contraloría- les va a quedar chico, por lo que será necesario hallar uno nuevo a la medida de sus necesidades y gustos.

Es decir: patrimonialismo y abuso en estado puro.

El recuerdo –todavía fresco- de Jettas, Cabildos del Amor…

Y mensajes totalmente contrarios al discurso de austeridad, sencillez y decoro político que Eduardo Rivera se ha esmerado en manejar durante el largo periodo de transición, periodo que concluye en unas cuantas horas más.

¿Qué va a hacer el nuevo alcalde?

¿Cerrar con determinación el paso a las elevadas e inoportunas pretensiones de los que serán los nuevos regidores?

¿O guardar silencio -silencio cómplice- y permitir que la sombra de Paredes, Luis Paredes, marque el inicio de su gobierno, con el costo político que ello significaría para quien goza de consenso y aprobación social mayoritaria?

Lo único bueno es que ya falta poco, muy poco para saber las respuestas.

gar_pro@hotmail.com

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