De algo hay que vivir, ¿o no?

Algo se está perdiendo de vista.

Y es que por más explicaciones que dé.

Por más argumentos que ofrezca.

Por más salidas que busque.

Porque más que afirme que cumplió con todos y cada uno de los términos de la Ley del Notariado, Valentín Meneses Rojas no logrará nunca justificar lo injustificable:

Que siendo secretario de Gobernación cometió un claro, rotundo abuso de poder para hacerse de la Notaría Pública número 28 con sede en Puebla capital, ya sea gratis -como él mismo jura- o mediante el pago de varios, varios millones de pesos - como ha trascendido-.

Se equivoca Fernando Manzanilla Prieto, secretario General de Gobierno.

El caso no se reduce sólo a una grave transgresión de la ética.

De hecho, si Puebla fuese un paraíso de la legalidad como por ahí andan presumiendo, bastaría con que la contralora Patricia Leal Islas aplicara la Ley de Responsabilidades de los Servidores Públicos del Estado de Puebla para revertir el proceso que convirtió a Valentín Meneses prácticamente de la noche a la mañana en notario.

Y es que éste violó con una puntualidad asombrosa las fracciones XIII y XV del Artículo 50 de la citada norma.

La primera señala que todo servidor público debe “excusarse de intervenir en cualquier forma en la atención, tramitación o resolución de asuntos en los que tenga interés personal, familiar o de negocios, incluyendo aquéllos de los que pueda resultar algún beneficio para él, su cónyuge o parientes consanguíneos hasta el cuarto grado, por afinidad o civiles, o para terceros con los que tenga relaciones profesionales, laborales o de negocios, o para socios o sociedades de las que el servidor público o las personas antes referidas formen o hayan formado parte”.

Y la segunda indica que también debe “abstenerse, durante el ejercicio de sus funciones, de solicitar, aceptar o recibir, por sí o por interpósita persona, dinero y bienes, mediante la enajenación a su favor en precio notoriamente inferior al que el bien de que se trate tenga en el mercado ordinario, o cualquier donación, empleo, cargo o comisión para sí, o para las personas a que se refiere la fracción XIII, y que procedan de cualquier persona física o jurídica cuyas actividades profesionales, comerciales o industriales se encuentren directamente vinculadas, reguladas o supervisadas por el servidor público de que se trate en el desempeño de su empleo, cargo o comisión y que implique intereses en conflicto”.

(Esto último, por cierto, “es aplicable hasta un año después de que se haya retirado del empleo, cargo o comisión…”).

Valentín Meneses no se excusó de intervenir en la tramitación de un asunto (la Notaría 28) en el que tenía un interés personal y menos, mucho menos se abstuvo de recibir bienes que procedían de una persona (el extinto notario Carlos Trujillo López) cuyas actividades eran supervisadas por él mismo (como secretario de Gobernación).

Peor: realizó en lo oscurito todos los trámites legales en los últimos días del gobierno marinista y de poco le importó el grave conflicto de intereses en que incurría.

Literalmente la Ley de Responsabilidades de los Servidores Públicos se la pasó por el arco del triunfo.

Valentín Meneses Rojas fue todo –y todo es todo- en el sexenio de su compadre y amigo Mario Marín:

Director de Comunicación Social.

Director del Sistema Estatal DIF.

Presidente del Comité Directivo Estatal del PRI.

Secretario de Comunicaciones y Transportes.

Y secretario de Gobernación (en 2007 ya no logró entrar al Congreso como diputado plurinominal nada más porque el PRI ganó todo en las elecciones intermedias de ese año).

Pero parece que no le bastó.

No.

Porque con la complicidad del entonces gobernador, se regaló una notaría.

Y es que como el propio Valentín Meneses me dijo al final del sexenio con el típico cinismo del marinismo cuando se manejó que él sería notario:

“Pues de algo hay que vivir, ¿o no?”.

***

Como si estuviera en la parte 2 de “La Ley de Herodes”, la película mexicana que en los últimos tiempos mejor ha retratado los excesos del poder, el pasado sábado el diputado local por el PAN Inés Saturnino festejó su cumpleaños.

Pero lo hizo utilizando la presidencia auxiliar de San Mateo Tlaixpan, en Tecamachalco, lugar de donde es originario.

Durante la pachanga, que se prolongó durante todo el día y a la que habrán asistido unos 4 mil invitados, hubo un fuerte dispositivo de seguridad tanto de elementos  de las corporaciones de Policía como de Vialidad estatal, que cerraron el primero cuadro y vigilaron los caminos.

El patio central y los pasillos de la presidencia fueron utilizados como salón social para los invitados del festejado.

Como un ejército de hormigas, los trabajadores de la junta auxiliar se encargaron de organizar la gran comilona.

Hubo tres grupos musicales: uno de banda duranguense, otro de tropical y un mariachi. Además estuvieron presentes las bandas de guerra de dos escuelas para amenizar la fiesta del señor diputado.

Los invitados especiales o “VIP” fueron atendidos en la parte alta del palacio municipal auxiliar, desde donde se veía al pueblo que permanecía en mesas colocadas en el patio central para desde ahí ver a su ídolo, el legislador.

El primero en llegar fue el arzobispo Víctor Sánchez Espinosa.

Posteriormente, los diputados priístas Lauro Sánchez y Víctor Hugo Islas Hernández.

Más tarde, el dirigente estatal del PAN, Juan Carlos Mondragón, y el legislador de ese partido Ángel Guerrero.

Y finalmente, a bordo de un helicóptero, el invitado estelar: el gobernador Rafael Moreno Valle, acompañado de Mario Riestra, Pablo Rodríguez Regordosa y Rafael Von Raesfeld.

Hubo rico mole con arroz y en su discurso, Moreno Valle llamó al feliz cumpleañero “El hijo pródigo de San Mateo”.

Sí, como en “La Ley de Herodes”.

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