La avanzada dogerista en Convergencia

Pues con la novedad de que desde hace varios meses, en secreto –como las uniones inconfesables-, José Juan Espinosa y Enrique Doger vienen tejiendo una fuerte, fuerte relación política.

El diputado de Convergencia cree que pronto, de cara a las decisiones del 2012, habrá una escisión en el PRI de Puebla y que él y su partido la capitalizarán.

La suma del grupo del ex rector y ex alcalde a las filas naranjas sería el primer paso de un movimiento mucho mayor.

De hecho, ya existen fuertes evidencias de una avanzada dogerista en regla en el Partido Convergencia, donde colocó a uno de los suyos, José Ángel Pérez, ni más ni menos que como secretario general.

Registrada por pocos, la avanzada cuenta con el visto bueno del propio José Juan Espinosa, quien sólo está siendo congruente con su propia coyuntura: desgastado, a él ya sólo le interesa ser diputado federal; tras su choque con el poder, su futuro en Puebla luce complicado; de ahí que mil veces preferirá entregarle el partido naranja a Doger y a su grupo que al morenovallismo, es decir, al secretario de Educación Pública, Luis Maldonado Venegas.

Espinosa ya informó a su tutor y protector, el senador veracruzano Dante Delgado, la idea de cachar a un fuerte grupo de priístas descontentos con el cacicazgo marinista y el abandono del Comité Ejecutivo Nacional del tricolor.

Y a Dante no le disgusta el tema; es más, alienta a su pupilo para hacer más fuerte la fractura.

Un par de días antes de la reciente visita a Puebla de Andrés Manuel López Obrador, José Juan Espinosa sentó a comer en su rancho de Atlixco a Ignacio Mier Velasco, operador dogerista, con el brazo derecho del “Peje”, José Agustín Ortiz Pinchetti.

Según los enterados, hubo buenos acuerdos, entre ellos una muy probable candidatura a diputado en el horizonte de Nacho Mier.

Para muchos resultó bastante extraña la presencia de éste en el mitin de Morena en el zócalo poblano, pero no para López Obrador ni para su gente, informados hasta el último detalle del movimiento, respaldado, por cierto, por otro aliado e importante operador dogerista: Israel Pacheco, poderoso secretario general del sindicato de trabajadores del Ayuntamiento de Puebla.

Doger está, pues, a punto de tener un partido y éste puede ser Convergencia, instrumento útil para regresar a gobernar la ciudad de Puebla o cumplir con la obsesión de ser gobernador del estado.

El priísta que se enfrentó a Marín (y al cual terminó aprobándole su cuenta pública) no es de ninguna forma ajeno a los agentes o actores de la (mal llamada) izquierda mexicana.

Tampoco sería la primera vez que busca adueñarse de un partido con características similares a las de Convergencia.

Ya nadie se acuerda (o nadie quiere acordarse), pero como rector de la máxima casa de estudios de Puebla, Doger apoyó y financió a gente como Porfirio Muñoz Ledo (como candidato del PARM a la Presidencia), Jorge Alcocer Villanueva (con su partido Fuerza Ciudadana, que en 2003 perdió su registro) o Gilberto Rincón Gallardo (con el Partido Social Demócrata, donde puso como dirigente a su operador, el economista José Luis Carmona).

Algo similar hizo respecto a Patricia Mercado, ex candidata presidencial.

Y con Manuel Camacho Solís a punto estuvo de ser el candidato a la alcaldía por “Compromiso por Puebla”, y por tanto compañero de fórmula del hoy gobernador de Puebla, pero El Yunque lo vetó.

El interés de Doger por Convergencia es real y la puerta le ha sido abierta.

Te puede caer bien o mal, pero el actual diputado estatal es uno de los pocos políticos poblanos que lee y se asesora, y uno de los dos o tres que cuenta con su propio aparato de inteligencia política.

Buen actor y mejor estratega, es un hombre al que le gusta el poder; ambicioso, polémico, audaz, sarcástico, negociados, son algunas de palabras que lo definen bien.

Sus cercanos conocen, y no de ahora, su deseo de tener un partido político, uno que en el que él mande y ejerza el poder.

¿Lo logrará?

Sólo el tiempo lo dirá, pero por el momento, la avanzada, la avanzada dogerista, está en marcha.

Y la jugada es por demás inteligente:

De esta forma, Doger presiona al PRI para que lo haga candidato a senador.

Como lo más probable es que no lo sea, se pondrá al cabeza de la rebelión interna y ahora sí, con todo pretexto, se irá del PRI provocando una fractura histórica.

Pero para entonces, ya tendrá camino andado en su nueva casa, Convergencia, donde se sumará y apoyará a López Obrador, hará candidatos a diputados a su gente, asumirá el control del partido a la salida de Espinosa (actual dirigente estatal) y con todo el apoyo de Dante Delgado; impedirá que Luis Maldonado, Fernando Manzanilla o Eukid Castañón secuestren la franquicia, y se atrincherará respecto al gobernador Rafael Moreno Valle, con quien Doger está distanciado (que no es lo mismo que peleado).

Contrario a lo que muchos piensan, el sexenio, este sexenio, no es una carrera de 100 metros planos: es un maratón.

Y como tal hay que jugar.

Ya lo dijo el clásico:

No siempre gana el que llega primero, sino el que sabe llegar.

Y Doger, Doger anda en eso.

gar_pro@hotmail.com

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