Del Diputado Desafuero, el Líder Pandillero y otros chismes

Que ayer hubo una importante reunión a puerta cerrada en el Congreso del estado en la que se definió con una exactitud asombrosa el camino legal que se llevará a cabo para lograr el desafuero del diputado José Juan Espinosa, inmiscuido en el audio escándalo que dejó al descubierto su estilo mafioso para extorsionar a presidentes municipales de por aquí cerquita.
No hay antecedentes en el estado de Puebla del inicio de un proceso de desafuero contra un legislador local.

El representante del Movimiento Ciudadano (antes Convergencia) será el primero y al menos por eso pasará a la historia.

No cabe duda: el escándalo en el que se inmiscuyó solito comprueba que el único enemigo de José Juan Espinosa es, ha sido y será José Juan Espinosa.

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Que el cable de la Embajada de Estados Unidos obtenido por Wikileaks y que ayer se conoció en Puebla sobre Mario Marín y Roberto Madrazo no descubre el hilo negro ni revela nada que no se supiera ya sobre la debacle electoral del PRI en 2006.

Si acaso confirma el alcance e impacto internacional que llegó a tener la irracional detención de la periodista Lydia Cacho, algo que Marín siempre se negó a ver desde su bunker de Casa Puebla.

(“En quince días el tema se les olvida a los medios”, decía en medio de grandes carcajadas el por entonces gobernador, subido en el carrusel de la soberbia).

Por supuesto que el caso Marín-Kamel Nacif-Lydia Cacho influyó en la derrota de Madrazo y del PRI en la elección presidencial.

E influyó de forma importante.

Pero no fue el único factor que explicó la derrota y el vergonzoso tercer lugar que ocupó el tabasqueño, detrás de Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador.

El propio Madrazo lo cuenta con lujo de detalles en su libro “La traición” (editorial Planeta, 2007), donde explica por qué y –sobre todo- por quiénes perdió aquella elección.

“Todo indicaba que teníamos una posibilidad clara de victoria. Veníamos remontando y había pasado el proceso de Arturo Montiel; también habían sido superados otros problemas: el de Mario Marín, en Puebla, las dificultades con Elba Esther y los escollos internos para lograr la candidatura…”, dice en la página 221.

Más adelante, apunta que la verdadera causa de su fracaso fue la traición de los gobernadores del PRI, entre ellos Marín, quien –como se recordará- tuvo que pactar con el PAN y El Yunque, y sacar las manos de la elección para así contribuir a la victoria de Calderón en Puebla, a cambio de salvar su cabeza por el caso Lydia Cacho evitando un fallo adverso por parte de la Suprema Corte.

Relata Madrazo:

“En el caso de nuestros gobernadores, simplemente incumplieron su acuerdo orgánico con el partido: que las dirigencias estatales y municipales del PRI apoyaran no sólo a sus candidatos locales al Congreso de la Unión, sino también al candidato presidencial.

“Desde luego, aquí el asunto no es blanco y negro. Hay muchos matices en las formas como se dio el incumplimiento de ese acuerdo: simplemente relajaron la eficacia que se requería para operarlo; fueron presionados por fuerzas extrapartidistas, presumiblemente el gobierno federal por medio del chantaje presupuestario para desinflar la candidatura de Roberto Madrazo hasta desplazarla a un tercer sitio en la contienda; respondieron a otros acuerdos políticos personales de mayor prioridad para ellos, pero ajenos y contrarios a Madrazo y al PRI, o decidieron por cuenta propia sacrificar a Madrazo, su candidato presidencial, y preferir a Calderón frente a López Obrador, en un escenario de polarización que “vendía” una elección de “sólo dos”.

Si tú quieres, no bloquearon directamente la candidatura presidencial, sólo dejaron de hacer lo que tenían que hacer durante la campaña y el día de la elección, y eso fue fatal y decisivo” (sic).

Por eso, por todo eso, y no sólo por Marín, Madrazo se hundió.

Pero nada de eso dice el reduccionista cable de la embajada gringa, develado por Wikileaks y retomado por algunos medios locales, entre ellos Puebla On Line.

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Que fiel a su estilo pandillero, el líder de los sindicalizados del ayuntamiento de Puebla, Israel Pacheco, se dispone a reventar hoy la sesión de Cabildo que encabezará el alcalde Eduardo Rivera.

¿La razón?

No quiere que sean tocados ni con el pétalo de una rosa, y mucho menos cesados, los 10 trabajadores involucrados en los actos violentos del pasado viernes, cuando a golpes impidieron el trabajo de un funcionario municipal en el Vivero Colón.

Pacheco ha incumplido acuerdos (el principal: ponerse a trabajar) y ahora quiere emplazar a huelga, aunque el Tribunal del ayuntamiento, que es un órgano autónomo, ya le dijo que es ilegal y que de parar labores en esas condiciones, el sindicato que encabeza hasta podría perder el reconocimiento legal.

Lalo Rivera no puede dar un paso atrás y menos dejar que Pacheco lo tenga de rehén.

¿Qué hará el dirigente sindical?

Vamos a ver, pero por lo pronto valdría la pena empezar a preguntar quién está detrás de este líder y de este movimiento artificial, creado sólo para desestabilizar a la administración municipal.

En otras palabras: quién es la mano que mueve la cuna.

Porque Pacheco no se manda solo, de ninguna manera.

Y en política, ya se sabe, lo último que hay son las casualidades.

gar_pro@hotmail.com

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