El retorno del Precioso

Tal y como lo adelantamos en Puebla On Line, la nota oscura de la visita de Enrique Peña Nieto a Puebla la dio Mario Marín, el góber precioso, el héroe de esta película, chingao.

Como si no fuera un pesado lastre para su partido, el ex gobernador se dio el lujo de aceptar la invitación que, por mera cortesía, le extendieron para acudir a la reunión que el precandidato del PRI sostuvo con líderes (cuadros les llaman) del tricolor.

Sin tantita vergüenza, aunque –eso sí- rodeado de sus guaruras, Marín también se apersonó en el acto masivo que Peña Nieto encabezó en el Centro de Convenciones.

Cayó tan mal verlo cerca del mexiquense que hubo quien no aguantó las ganas y de plano lo abucheó, sin que, claro, el precioso se inmutara.

Es cierto que Marín todavía controla algunos diputados federales y locales, así como varios presidentes municipales, y que en todo caso es mejor tenerlo del lado del PRI que en contra, pero ayer no fueron pocos los priístas que se cuestionaron sobre las razones de su presencia en una precampaña que lo menos que necesita es escándalos o personajes vinculados a la corrupción o el abuso de poder.

Por razones que todos conocen, el ex gobernador de Puebla es verdaderamente impresentable y de esos que, en términos cualitativos y cuantitativos, resta más de lo que suma. Y si bien se entiende que Peña Nieto sabe que necesita de todos los priístas para ganar, tampoco es para tanto.

La presencia de Marín en los actos que tuvo el aspirante a Los Pinos fue incluso nota en varios noticieros radiofónicos del Distrito Federal, donde se destacó el hecho, se cuestionó severamente el retorno del precioso y se preguntó si ese es el PRI que pretende regresar al poder: el PRI de la impunidad, el PRI del cinismo, el PRI del latrocinio.

De hecho, fue tan vergonzoso, que en sus comunicados oficiales, tanto el CEN como el CDE del PRI evitaron consignar la asistencia de Marín e incluso se le rasuró de todas las fotografías que se distribuyeron a los medios.

Es decir, estuvo pero no estuvo (algo así como es su voz pero no es su voz). Y es que hoy una imagen de Peña Nieto con Marín, o de Marín con Peña Nieto, podría ser altamente nociva para la salud de la precampaña. Y sobre todo el pretexto que están esperando los enemigos del PRI para empezar a atizar el fuego al puntero en las encuestas.

Nada más que le pregunten a Roberto Madrazo cuántos puntos perdió en 2006 –o a Javier López Zavala en 2010- por no deshacerse a tiempo de ese lastre, un lastre demasiado pesado para irlo cargando así como así en lo que seguramente será la elección más competida de toda la historia de México.

Vea usted:

gar_pro@hotmail.com

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