IAPEP, historia de un fracaso

¿Por qué se aceleró la extinción del Instituto de Asistencia Pública del Estado de Puebla?

¿Quiénes son los culpables?

¿Qué factores pesaron?

¿Qué hay detrás del fracaso del IAPEP?

Hete aquí algunas respuestas:

Guillermo Velázquez Gutiérrez, director general del IAPEP, es titulado de la Licenciatura en Sistemas Computacionales, la cual cursó sin pena ni gloria.

Por su membresía en el mal logrado Yunque pudo trabajar en la administración municipal de Gabriel Hinojosa en el área de Recursos Materiales, donde realizó diversos negocios de beneficio personal con la complicidad de proveedores y prestadores de servicios.

Posteriormente, en la administración de Luis Paredes Moctezuma se ubicó como director de Recursos Materiales y Servicios Generales, puesto en el cual continuó con sus andanzas hasta que haciendo grilla, y con la ayuda de otros miembros del Yunque, logró desplazar a quien era secretario de Administración para quedarse con esa dependencia, donde obtuvo todo el poder y control del manejo presupuestal, el Comité de Adjudicaciones, los almacenes, los recursos humanos, la capacitación, los vehículos, los seguros, los contratos y los equipos y abastecimientos informáticos. Una verdadera mina de oro.

Fue entonces que nuestro personaje apuntaló su campaña para la diputación federal, la cual obtuvo y ejerció por tres años sin que hubiera presentado una sola iniciativa de ley y sin que reportara beneficios para la región que lo eligió: Atlixco.

Su triste y gris estancia en el Congreso le sirvió sólo para obtener su título de maestro y concesiones de transporte de carga con las que estableció una empresa de fletes, la que hoy maneja su esposa.

Como el poder y la avaricia son hermanos de los ambiciosos, en 2010 se registró para contender por la candidatura del PAN a la presidencia municipal de Atlixco, la que afortunadamente perdió, ya que la veía como su botín político y no como un proyecto paralelo al del gobierno del estado; chuscamente se cuenta que los votos que le faltaron para lograr esa candidatura, fueron de uno de sus compadres de nombre Jorge, quien no lo consideró con capacidad ni le otorgó confianza para el ejercicio del encargo.

Ante tal escenario y sintiéndose indispensable, se alejó de los equipos de trabajo de la campaña para la gubernatura 2011-2017 y de la presidencia municipal de Puebla; al ver que sus aspiraciones políticas se depreciaban, obviando su soberbia y tragándose su orgullo, entonces se acercó a la casa de campaña de Rafael Moreno Valle, donde por conmiseración le asignaron actividades en el área de “asuntos sin importancia”.

Pero consumada la elección gubernamental, no fue considerado para el desempeño de ningún cargo importante, razón por la que acudió a un amigo bien colocado en el morenovallismo, quien logró que le asignaran un empleo: fue así que, como premio de consolación y ante la falta de quien quisiera el puesto, le fue asignada la Dirección del IAPEP, y triste el día y la hora en que esto sucedió porque hoy se ven los resultados de su incapacidad para ejercer esa tarea, pues aunque la extinción del Instituto ya era desde entonces una posibilidad, por la falta de trabajo eficiente y honesto, hoy ya es una realidad que pesa para la comunidad menesterosa del estado de Puebla y para todos los trabajadores de base y de confianza, que ahora poco a poco serán liquidados hasta desaparecerlo.

Pero ¿por qué no se dieron los resultados que favorecieran la sobrevivencia del IAPEP?

La respuesta es simple: Guillermo Velázquez es un ignorante de lo que representa la asistencia pública, un gran desconocedor de las funciones, acciones y procesos para obtener honestamente recursos económicos para apoyar las acciones filantrópicas, un gran desconocedor del entramado de las redes sociales de apoyo material, económico y humano para la ejecución de programas asistenciales; un inútil para dirigir, coordinar y controlar a los equipos de trabajo para hacer productiva y autosuficiente a la institución.

Por otro lado, fue notable su marcado desinterés para aplicar un plan de trabajo que, con diversas acciones positivas, generara una sinergia que pusiera en movimiento a todos los elementos humanos, financieros, materiales y técnicos del IAPEP, para mejor su situación. Velázquez, por desgracia, no tuvo un miligramo de inteligencia para elaborarlo y venderlo a sus superiores inmediatos.

Cuentan que incluso cerró los ojos ante la conocida mafia que, integrada por directivos, coordinadores de sucursales, valuadores y responsables de las almonedas, hace de las suyas en el Monte de Piedad desde el marinismo. Son célebres los negociazos con el oro, la pedrería, las joyas, los relojes y los equipos de cómputo, pero errores gravísimos en el proceso de entrega-recepción, impidieron documentarlos para proceder legalmente contra los corruptos.

Por si faltara algo, Guillermo Velázquez –quien obligaba a sus subordinados a llamarlo “Maestro”- se rodeó de colaboradores con iguales o peores mañas que los trabajadores que fueron liquidados al inicio del sexenio.

A sus consentidos les concedió canonjías en horarios y asistencias, los que se aplicaron discrecionalmente permitiéndoles incluso entrar a la hora que les convenía y salir de la misma manera, y lo que es más grave: permitirles que pudieran faltar al desempeño de sus funciones por largos tiempos, siendo así que algunos sólo se presentaban a cobrar cada quincena como son los casos de: Édgar Moranchel Carreto (coordinador de Seguimiento Operacional), Adrián Horacio Sarmiento (Comunicación Social), Julieta Martínez (Procuración de Fondos), Rubén Martínez Velazco (Memorial de la Piedad) y Mauro Escalona Gómez (Ex Hacienda de Chautla), lo que en los hechos representó una malversación de los recursos patrimoniales del IAPEP.

Debido al desmedido interés que Velázquez Gutiérrez tiene actualmente por la candidatura a la diputación federal por Atlixco, las constantes faltas de las personas señaladas obedecían a sus reiteradas visitas al distrito para hacer proselitismo a su favor, a cargo de los vehículos y el presupuesto del instituto.

Un personaje singular del entorno de Guillermo Velázquez es sin duda José Luis Britto de la Fuente, a quien nombró subdirector de Control de Operaciones y cuyas dudosas maniobras provocaron que la Contraloría interviniera Vidal Ruiz y otras sucursales del Monte de Piedad. Una investigación sobre la forma en que personal de patio del Memorial de La Piedad obtiene recursos económicos de los servicios que presta a los deudos fuera de norma, como el arreglo de fosas, duerme el sueño de los justos.

En general, el “equipo” de Velázquez se caracterizó por la falta de estudios, la inexperiencia y la soberbia. Entre ellos hay que citar a: Édgar Moranchel Carreto, Antonio Cervantes, Arturo Montiel Aguirre, Víctor Manuel Aguilar, Adrián Horacio Sarmiento, Conrado García, José Antonio Pastor Andrade, Rubén Martínez Velazco, Mauro Escalona Gómez, María del Mar Juárez, Beatriz Beltrán, Julieta Martínez, José Luis Pellón, Hugo Sánchez Torres y Delfino Jácome.

Todos tienen cola, larga cola, pero el caso más absurdo es el de Édgar Moranchel, inseparable de Velázquez e hijo del secretario general del Sindicato de Trabajadores del Municipio de Atlixco, primo hermano a su vez de los famosos defraudadores Tiro Moranchel, presos en el Cereso de Puebla por el engaño a cientos de ahorradores poblanos.

Otros incondicionales del “Maestro” y que tienen puestos de coordinación de sucursales, donde su trabajo es deficiente por falta de capacitación y conocimiento del sistema de trabajo del Monte de Piedad, son: Rubén Regino Ortiz, Pedro Arturo Da Silva, Salvador Corona Figueroa, Rubén Lugo Sapien y Gonzalo Hiram.

Como en toda mafia, tienen sus colaboracionistas que les apoyan en sus abusos y entre los que están: Francisca Limón, Angélica María Fernández, Jessica Reinah, Pilar Mora, Delfino Auza, Karina Urdiales, Enrique Trinidad y Pedro Badillo.

Durante años, los trabajadores del IAPEP vieron pasar a muchos funcionarios rateros y abusivos; también, claro, a eficientes y honorables, pero nunca se vivió peor época, era más oscura, que con Guillermo Velázquez, quien con doble moral y mentiras, muchas mentiras, siempre aseguró estar arreglando lo que finalmente terminó por desgraciar.

Es el mismo que ahora, “libre de pecado”, va a buscar por segunda ocasión la diputación federal por su natal Atlixco, como si hubiese hecho un gran trabajo en el instituto y se mereciera un premio.

Un premio que no corresponde al discurso de un gobierno como el de Moreno Valle.

La historia del IAPEP, historia de un rotundo fracaso, y de su tenebroso director general, por supuesto continuará.

gar_pro@hotmail.com

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