La Nueva –sorprendente, increíble- Blanca Alcalá

fcolbar

Ya no duda, ahora afirma.

Ya no teme, ahora desafía.

Ya no se esconde, ahora ve de frente.

Sí, en menos de dos semanas, Blanca Alcalá se transformó en otra persona.

Es decir: en otra candidata.

Al parecer dejó los soliloquios.

Y se puso a operar donde y con quienes tenía que operar.

Y le funcionó.

Hasta las sombras y amenazas que pesaban en su contra como fantasmas de filoso cuchillo –su riqueza inexplicable, el caso Walmart, etcétera- se disiparon, y el sol empezó a alumbrar su camino.

Bajó casi a cero la tensión.

Y hoy hasta se atreve a decir “sí, claro, por supuesto” a un debate con sus contrincantes.

Y sobre todo a enviar claros mensajes a Rafael Moreno Valle.

Mensajes, claro, de paz, de amor, de conciliación y de respeto, señor gobernador.

Muestras de cariño políticamente inexplicables –al menos- en una candidata opositora al partido del mandatario.

“Para mí lo más importante es que se hable de Puebla y que se hable bien. Bien vale la pena reconocer el esfuerzo que ha hecho el gobierno del estado sin distingo partidista”, declaró, por ejemplo, sobre los festejos por el 150 aniversario del 5 de mayo.

Palabras que no son producto de la casualidad y que pronunció cuando lo que se esperaba de ella no era ciertamente una diatriba, pero sí una crítica, constructiva al menos, sobre la millonaria inversión con recursos del erario.

“Conmigo en el Senado, usted, gobernador, no tendrá problemas, pues seré una aliada incondicional de su administración”, sería la traducción literal de lo que quiso decir Blanca Alcalá.

Señas, signos de nuevos códigos en una relación –ya se sabe- harto complicada.

Actitudes que en su esencia exhiben más, mucho más mar de fondo del que se aprecia a simple vista.

De hecho, de repente, la otrora angustiada ex alcaldesa empezó a ser optimista respecto a su cuenta pública pendiente.

Tanto que no puede borrar –ni ocultar- la enorme sonrisa que la acompaña desde hace varios días.

Y hasta se da el lujo –en ella lo es: un lujo- de no sólo no rehuir, como hasta hace poco, la posibilidad de un debate con sus rivales, sino de lanzarles abierta, pública y directamente el reto de ir a uno: el del próximo 31 de mayo, organizado por el Consejo Coordinador Empresarial.

Desde su cuenta de Twitter (@SoyBlancaAlcala), la ex presidenta municipal que hasta hace unos días se escondía bajo la mesa escribió apenas el pasado 7 de mayo: “Candidato @JLozanoA: nos vemos el 31, será un buen debate; entre tanto seguiré recorriendo el estado haciendo campaña”.

El mismísimo Javier Lozano Alarcon, candidato del PAN, que días antes se burlaba de ella, de lo que consideraba su “cobardía”, y le recordaba –también a través de Twitter- que ésta “tiene sobre el valor una ventaja: la de encontrar siempre una excusa”, cita de Albert Guinon.

¿Qué pasó con la Blanca Alcalá temerosa y apocada que vimos desde el inicio de la campaña?

¿Qué fue de esa candidata acorralada y agobiada por el insistente escrutinio, que sólo proyectaba inseguridad y nerviosismo?

¿A dónde, a qué país se fue a vivir?

¿Qué sucedió para la notable transformación?

¿Qué factores -o qué personajes del PRI nacional- han influido para que ahora su camino al Senado, de suyo seguro porque encabeza la primera fórmula del tricolor, luzca despejado y sin sobresaltos?

¿Qué sabe que nosotros no sabemos?

Y más: ¿por qué perdió el miedo?

Siempre se supo que un golpe político a ella representaba un golpe político para Enrique Peña Nieto.

Hoy queda claro que analizando las encuestas de cara al cada vez más cercano 1 de julio, y sobre todo viendo que el debate no modificó realmente nada, se necesitaría ser tonto –o suicida- para pelearse con el que puede ser el próximo presidente de México.

No es que Alcalá vaya a ganar.

Con que no la hagan tropezar será suficiente.

Sí. Ya no duda, ahora afirma.

Ya no teme, ahora desafía.

Ya no se esconde, ahora ve de frente.

Es la nueva –sorprendente, increíble- Blanca Alcalá.

¿Voy bien o me regreso?

gar_pro@hotmail.com

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