El futuro de Agüera

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Mucho se especula –y seguirá especulando- sobre los siguientes pasos del rector de la BUAP, Enrique Agüera Ibáñez.

Su sola ubicación como el hombre fuerte de la universidad pública más importante del estado lo hace continuo objeto de comentarios y análisis.

Aunque a veces se le sobrevalora, sobre todo desde el ámbito de los medios de comunicación, cuenta ciertamente con un importante capital político.

Por eso no es extraño que se le mencione un día sí y el otro también como un potencial aspirante a los más importantes cargos de elección popular en Puebla.

Entre 2009 y 2010 fue parte del juego de poder –Juego de Tronos- por la gubernatura.

A inicios de este 2012 participó, y con todo entusiasmo, en la carrera del PRI al Senado.

Y ahora, naturalmente, ya se le ha incluido en la larga lista de los prospectos a la presidencia municipal de la capital poblana para el –ya mítico- 2013.

De hecho, ya no hay lista de precandidatos a la alcaldía en la que no aparezca mencionado con nombre y apellidos.

Se habla, incluso, de la manufactura de encuestas donde ya se le mide su verdadero potencial para una de las grandes pujas políticas por venir en Puebla.

Sin embargo, es posible que esta vez los futurólogos tengan que guardar sus vaticinios.

Y es que no una, al menos dos veces Agüera ha dicho a sus más cercanos colaboradores que para el 2013, ni lo apunten.

No es, al parecer, una guerra que le interese librar, y más cuando las señales se dirigen hacia otros rumbos.

Los enterados cuentan que en realidad las verdaderas aspiraciones del rector de la BUAP apuntan hacia otros horizontes.

Específicamente hacia el lado de la administración pública federal.

Con una seguridad asombrosa, se cuenta de un fuerte, fuerte amarre con Enrique Peña Nieto.

Y de una negociación firme, seria, desde el día aquel, nada remoto, en que el propio candidato del PRI a la Presidencia no pudo sostener a Agüera como una de sus cartas fuertes al Senado.

El acuerdo dependería, claro, del triunfo priísta el próximo 1 de julio, pero ubicaría al funcionario universitario en el gabinete peñista.

Concretamente en la influyente, poderosa Subsecretaría de Educación Superior de la Secretaría de Educación Pública.

Cargo al que, se dice, llegaría no sólo con el apoyo del nuevo presidente de México, sino de la mismísima Elba Esther Gordillo –por la vía de la hija de ésta, Mónica Arriola, que guarda una estupenda relación con la BUAP- y, por si falta algo, de la ANUIES, en la que el rector cada vez empieza a adquirir un papel más preponderante.

“Déjenme ser rector. ¿Por qué me ponen en las listas? Yo no he pedido que me pongan en ninguna lista de nada. No tengo ningún interés más que el de ser rector”, declaró hace unos días, con su habitual solemnidad –señal de que a veces se toma demasiado en serio-, el jefe de la máxima casa de estudios de Puebla.

El mismo que, según cuentan las crónicas, fue objeto de atenciones y deferencias más que notables por Peña Nieto durante su última visita al estado.

“¿Dónde está mi amigo el rector?”, preguntaba el candidato buscándolo con los ojos, entre la muchedumbre que lo rodeaba, y fundiéndose en un fuerte, hasta afectuoso abrazo con él al momento de encontrarlo.

Señas, signos, gestos de lo que tal vez puede ser el futuro, el futuro real, de Enrique Agüera Ibáñez.

gar_pro@hotmail.com

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