¿El Extraño Retorno del Dr. Sierra?

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Un nombre que en los últimos días se maneja con especial insistencia en el Comité Ejecutivo Nacional del PRI, como posible revelo de Fernando Morales Martínez en la dirigencia estatal del partido, es el de Germán Sierra Sánchez, prueba palpable de que no hay político muerto.

Hombre discreto y prudente, que sabe que la vida da revanchas, es cercano al dirigente nacional del tricolor, Pedro Joaquín Coldwell, de quien fue compañero en San Lázaro, pero también al poderoso Miguel Ángel Osorio Chong, uno de los operadores de mayor confianza de Enrique Peña Nieto.

Las informadas fuentes aseguran que el perfil de Germán Sierra es justo el que requerirá el equipo del presidente electo, que irá por todo, y todo es todo: el Congreso local y las 217 alcaldías, en la elección local de 2013.

Ya fue líder estatal del tricolor y ha sido diputado local, diputado federal y dos veces senador de la República, por lo que el requisito de la experiencia está más que garantizado.

Conoce el estado, a los grupos priístas, y hasta donde se sabe, no tiene pleito con nadie.

De hecho, ninguno de los tres más fuertes aspirantes a la presidencia municipal de Puebla –Enrique Agüera, Enrique Doger y José Chedraui- lo vetaría, y menos bajo el argumento de que llegaría a cargar los dados a favor de uno u otro.

Además de su estupenda relación con Beatriz Paredes, Jorge Estefan Chidiac y sobre todo Melquiades Morales, de quien fue secretario de Desarrollo Rural, posee otra ventaja sobre el resto de priístas mencionados como probables sucesores de Fernando Morales: no es marinista y menos, mucho menos morenovallista.

Por tanto, terminaría tanto la sospecha de que el PRI se maneja desde la notaría del góber precioso como la penosa etapa de entreguismo y abyección que ha caracterizado al partido en los últimos tiempos.

A diferencia de los López Zavala, Salomón Escorza, Jiménez Merino, Vega Rayet, Sánchez López, etcétera, no tiene fama de corrupto.

No hay expediente negro con el cual Casa Puebla pueda someterlo. Una variante notable respecto a, por ejemplo, Alejandro Armenta, Juan Carlos Lastiri y el joven Morales.

No será cuestión de revivir polvos de viejos lodos (en el melquiadismo, Sierra disputó con todo a Moreno Valle la candidatura a la gubernatura que Marín les ganó a ambos); sí, empero, habría lo que tanto ha faltado: carácter para defender los intereses del PRI y de Peña Nieto, a la vez que serenidad y sensibilidad para llegar a los acuerdos de mutuo beneficio a que haya que llegar.

En 1995, fue candidato a la alcaldía de Puebla y fracasó. Fue la gran primera derrota del PRI en el estado y desde entonces, sus enemigos le han colgado la etiqueta de perdedor. Es, tal vez, el único pero que le podrían poner los puristas del partido.

Las fuentes del CEN aseguran que no hay que perderlo de vista.

Y es que en estos momentos podrían estarse escribiendo algunos de los capítulos más interesantes de ¿El Extraño Retorno del Dr. Sierra?

gar_pro@hotmail.com

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