La Batalla por los Indecisos

findecisos

Hasta hoy, las encuestas han dado ventaja a uno y a otro según el origen, el financiamiento y los fines propagandísticos de cada ejercicio.

A veces cuatro puntos, a veces cinco, nunca más de ocho de diferencia.

Pero lo cierto, lo que se reconoce en ambos cuartos de guerra, es que las campañas arrancaron con empate técnico entre Tony Gali y Enrique Agüera.

Y que salvo prueba en contrario, el escenario más probable para el 7 de julio será de alta competencia, donde el ganador lo será con un margen mínimo sobre su oponente.

De ahí la importancia de ese grupo de votantes sin partido, sin militancia, ni preferencia definida, que todavía no toma una decisión sobre lo que hará con su sufragio.

Y que si empieza a simpatizar con alguno de los candidatos, aún tiene dudas, lo cual lo puede llevar a cambiar de “caballo” un día antes o el día mismo de ir a la urna, modificando significativamente lo que hasta hoy han reflejado los sondeos.

Sondeos que además, por si fuera poco, no siempre toman en cuenta lo que se conoce como “la espiral del silencio”, esa hipótesis de que el ciudadano entrevistado miente –por temor o por vergüenza- al manifestar su verdadera opinión o preferencia electoral.

Las encuestas han leído que este grupo se encuentra hoy entre 30% y 35% del electorado, con tendencia a la alza.

Es éste, sin duda, el segmento que, ante guerra sucias, acusaciones sin sentido y descalificaciones, más crecerá en las siguientes semanas pero, paradójicamente, el más desatendido hasta ahora por los candidatos de las coaliciones Puebla Unida y 5 de Mayo, quienes parecen más enfocados en estos primeros días de campaña en consolidar el voto duro –o leal- de sus partidos, insuficiente para darles el triunfo.

Los llamados indecisos serán, a la larga, quienes inclinarán la balanza en esta guerra por el poder, y de poder a poder, por la alcaldía de Puebla.

Como explican los reconocidos Jaime Durán Barba y Santiago Nieto en su libro “Mujer, sexualidad, internet y política. Los nuevos electores latinoamericanos”, se trata de un grupo de ciudadanos muy particular, que rompe creencias preestablecidas.

Hoy por hoy el indeciso es un elector que ha desmitificado el poder, ha desacralizado los símbolos, al que conceptos como “izquierda” o “derecha” le dicen muy poco, no quiere ser representado ni manipulado, rechaza las dictaduras y los autoritarismos, se siente insatisfecho y frustrado, y eso sí: exige un cambio radical.

“Desde el mundo individualista en el que han socializado y desde la ilusión de que participan, que produce la política mediática, los nuevos electores no quieren, ni necesitan, que alguien hable por ellos. Pretenden vivir su relación con el poder, o su falta de relación con él, desde su propio horizonte personal, usando los medios de comunicación, principalmente ahora las redes sociales”, dicen Durán y Nieto.

¿Están Gali y Agüera proponiéndole algo a estos electores, que según las proyecciones podrían acabar definiendo al nuevo presidente municipal de Puebla?

La respuesta es no, y es una verdadera pena, que les acarreará consecuencias.

Quizá vaya siendo hora que sus asesores les vayan diciendo: “Son los indecisos, ¡estúpidos!”, una adaptación muy ad hoc –sin ofender- de aquel célebre eslogan no oficial de la campaña de Bill Clinton en 1992 contra George H. Bush: “¡Es la economía, estúpidos!”.

Quien lo entienda podrá modificar la relación de fuerzas o consolidar su ventaja, pero sobre todo lo más importante: ganar la presidencia municipal.

La de 4 años y 8 meses.

Casi un boleto seguro al premio mayor: Casa Puebla.

gar_pro@hotmail.com


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