Los Juegos de Poder de Barbosa Huerta

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La disputa que se avecina entre la izquierda perredista es por el control de dicho partido y por todo lo que representa tenerlo. No es una discusión de ideas o para reconstruirlo como una alternativa real para la sociedad y los que menos tienen: es hacerlo caminar junto al régimen actual, volverlo colaboracionista del poder, convertirlo en un partido bisagra y quitarle cualquier símbolo de resistencia social.

Las élites amarillas se han reconfigurado y con la llegada de Enrique Peña Nieto, buscan espacios propios y los caminos más cortos para formalizar sus propias alianzas con el Revolucionario Institucional y avanzar gradualmente. Todas quieren ser interlocutoras directas para obtener beneficios económicos y políticos.

Se muestran útiles e indispensables al gobierno para que esté saque adelante sus reformas y además buscan desplazar al PAN del trato con el poder en turno.

Por eso, de manera muy hábil, el coordinador de los senadores perredistas, el poblano Luis Miguel Barbosa Huerta, se ha dado a la tarea de construir e impulsar la precandidatura del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, como la única opción para dirigir al PRD.

Él lo sabe y lo manifiesta en corto: pasa por su mejor momento, juega en las grandes ligas y no desperdiciará tal coyuntura; ha empezado a jalar los hilos partidarios y busca engañar a todas las tribus amarillas, presentándose como el más “izquierdista” de los izquierdistas.

Quiere disputar a sus viejos cómplices –“Los Chuchos”- el control partidario, aprovechando el desgaste y el rechazo interno que tiene su corriente, “Nueva Izquierda”, y en consecuencia ser el único interlocutor con Enrique Peña Nieto, para tener más poder, más recursos económicos e influencia política para su proyecto personal.

La confrontación con Jesús Zambrano y Jesús Ortega es directa, pero tal vez se podrá observar con más nitidez en el próximo Congreso Nacional del sol azteca, que se llevará a cabo del 21 al 24 de noviembre en Oaxtepec, Morelos, en donde buscará modificar los estatutos para que se reelija Cárdenas Solórzano.

Los hechos poco a poco a poco son más visibles: mientras los dos “Chuchos” avalan todo en el llamado “Pacto por México”, Barbosa Huerta, nada tonto, echa abajo lo que puede y en complicidad con algunos panistas impulsa su propia agenda legislativa.

En el Congreso de la Unión, los “Chuchos”, junto con Silvano Aureoles, yerno de Amalia García y aspirante nuevamente al gobierno de Michoacán, avalan la reforma hacendaria y en el Senado, tanto Alejandro Encinas como Barbosa Huerta harán modificaciones en alianza con el panista Ernesto Cordero y otras con el priísta Emilio Gamboa. Si el actual coordinador de los senadores perredistas logra consensar el impuesto a los grandes capitales, se alzará con una victoria mediática y política entre los sectores de la propia izquierda.

Barbosa Huerta ha iniciado sus propios juegos de poder, ha explotado muy bien ser parte de los dueños de dicho partido, hoy construye alianzas con Encinas Rodríguez, Dolores Padierna y otros grupos para tratar de imponer a Cárdenas Solórzano como dirigente nacional. Los “Chuchos” llevan como carta al ex senador Carlos Navarrete y el movimiento de izquierda progresista empujará al ex Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard.

Si tales escenarios para el mes de marzo del 2014 le funcionan, la corriente “Nueva Izquierda” pagaría los costos políticos de sus errores internos y externos. Carlos Navarrete nada podría hacer, lo mismo le sucedería a Marcelo Ebrard, ante la imagen aún viva de uno de los caudillos históricos de la llamada izquierda perredista.

A las demás corrientes y grupos no les quedaría más opción que sumarse y simular como siempre la unidad de la izquierda en “aras de sacar adelante al partido”, como siempre dicen. Actualmente ninguna corriente está dispuesta a perder todo lo que tienen y obtienen.

Barbosa Huerta, con Encinas Rodríguez y Bejarano-Padierna, pueden convertirse en mayoría y los “Chuchos”, junto con sus aliados de Alternativa Democrática (ADN), perderían el partido.

De los pocos gobernadores, sólo el más “peñista”, Graco Ramírez Abreu, seguiría a los “Chuchos”, los demás optarían por apoyar al ingeniero Cárdenas e irían con quien les garantice más recursos y apoyos gubernamentales.

Miguel Ángel Mancera, el actual Jefe de Gobierno de la capital del país, está alejado de Marcelo Ebrard, y de plano no lo apoyaría; con Navarrete Ruiz y los “Chuchos” no tiene problemas, puesto que Zambrano Grijalva ocuparía un cargo en el DF. Con los recursos aprobados para su administración, sin duda alguna apoyaría de manera discreta al ingeniero Cárdenas Solórzano, sobre todo porque es su blindaje y puente de plata con AMLO y Morena.

Sabiendo cómo actúan las elites amarillas a la hora de sus “acuerdos internos”, el bloque encabezado por Barbosa Huerta-Encinas- Padierna le ofrecerá espacios partidarios tanto a “Nueva Izquierda” como a Marcelo Ebrard.

Con el viejo caudillo como dirigente nacional del sol azteca, evitarían la salida de muchos ante el vacío ideológico, para irse a lo que será el partido Morena.

Sin duda alguna que para Enrique Peña Nieto, un liderazgo del principal partido de la izquierda mexicana encabezado por Cuauhtémoc Cárdenas, le sería fundamental para seguir pactando. Y es que tendría el suyo (PRI) con un perfil neoliberal y otro de carácter nacionalista-populista, para contener al PAN.

El pragmatismo puro y duro en su máximo esplendor, sin más será la línea que marque el destino del PRD.

Se terminarán las alianzas con el PAN, limpiará el rostro desfigurado del PRD y la izquierda por un tiempo no tendrá más disputas internas ante un caudillo autoritario.

De ser aprobada la reforma política, un producto que cuida mucho Barbosa Huerta, ésta será su principal arma por aquello de la segunda vuelta presidencial, para negociar su candidatura al gobierno de Puebla, que ya trabaja con ahínco.

Si los juegos del poder y la “gran estafa” le funcionan al senador Barbosa Huerta, al interior del perredismo nacional tendrá demasiado poder político. Como ex priista que fue, sabe de qué manera se logran las gubernaturas en un país como el nuestro, es decir, se requieren acuerdos nacionales y grandes cantidades de dinero para operar.

Por lo pronto, si los escenarios se cumplen para dicho bloque y con la utilización del viejo caudillo, ellos tendrán en sus manos la elección del 2015 y lo que viene.

Tal vez muchos no lo crean, pero las ambiciones actuales de Barbosa Huerta son ilimitadas, la máscara de izquierda y su habilidad política le ha traído una gran acumulación de capital.

En Puebla poco o nada le importa su partidito, un buen sirviente lo cuida; le interesa sacarle provecho a sus excelentes relaciones con el gobierno local. Y cuando llegue el momento, simplemente pactará con quien nunca ha roto y rompería: Peña Nieto y el PRI.

Su objetivo, su obsesión, su ambición política es hoy por hoy la gubernatura poblana y sabe al igual que el gobernador de Morelos, Graco Ramírez, y de Arturo Núñez, de Tabasco, que esto pasa por hacer grandes acuerdos políticos con el PRI.

Sin embargo, entre los grupos de poder y las élites del PRD, conocen muy bien sus propios códigos y uno de estos indica que quien tenga el control partidario, logrará todo.

El PRD, como la izquierda mexicana, ha perdido su vocación de poder, hoy sólo busca pactar y colaborar con el Estado. Hace tiempo que dejó de ser una opción para el país, la izquierda mexicana no está en crisis, simplemente fue acostumbrada a la corrupción política y económica.

Sus banderas ideológicas, sus batallas por las mejores causas de la sociedad y la resistencia ante lo injusto, hoy han pasado a ser parte del pasado. Un pasado que, por desgracia, no volverá.

gar_pro@hotmail.com

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