CASO CHALCHIHUAPAN: ENTRE LOS DATOS DUROS Y LAS SUPOSICIONES

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En estos días son pocas las columnas políticas que vale la pena leer, tanto a nivel local como en el plano nacional. A partir del caso Chalchihuapan, desde la lamentable muerte del menor José Luis Alberto Tehuatlie Tamayo, la mayoría contiene o un rosario de estridencias, verdades a medias y mentiras completas imposibles de digerir para el sentido común o un catálogo interminable de las miserias –intelectuales, ideológicas, políticas, económicas y periodísticas- de sus autores. A nadie, nunca, le pertenece la verdad absoluta, ni nadie es dueño de la última palabra. Pero sin duda es una bocanada de aire fresco encontrar una reflexión que esté lejos de los “pastelazos” y de los “cebollazos” –todos interesados- que no han dejado de lanzar quienes están en contra o a favor de Rafael Moreno Valle, un “tirano represor” y “asesino” para los primeros o una “blanca paloma” para los segundos. Ya se sabe qué van a decir los “enemigos” del régimen y a qué sesudas conclusiones llegarán los “aliados” del mismo, película monocorde y cansina que por lo menos yo ya vi desde el sexenio de Mariano Piña Olaya, pasando, cómo no, por los periodos de Manuel Bartlett Díaz, Melquiades Morales Flores y Mario Marín Torres, también pródigos en crisis y escándalos, tal es la naturaleza del poder.

Por eso este jueves fue un placer –y tan escasos que andan- toparme con la colaboración de Pascal Beltrán del Río, el director editorial del periódico Excélsior, maestro de periodistas, dos veces Premio Nacional de Periodismo y a quien no se le puede acusar de “vendido”, “corrupto”, “títere” o “cómplice” como últimamente se viene haciendo desde La Liga de la Justicia con una facilidad digna de los tiempos del macartismo y la caza de brujas, un periodo oscuro de la historia marcado, que no se olvide, por la ignorancia, y las frustraciones y obsesiones personales, de sus promotores.

Algunas de las ideas de fondo que Beltrán expone ya han sido aquí desarrolladas en términos generales; sin embargo, el autor de “La Bitácora del Director”, en su colaboración intitulada “Chalchihuapan: los hechos”, resalta sobre todo la horrorosa, por dañina, tendencia que existe en la opinión pública mexicana de hacer debates en torno de suposiciones más que de datos duros.

Un fenómeno alimentado por esa supuesta facilidad –agrego yo- que presumimos tener los periodistas para distinguir lo importante de lo urgente, lo bueno de lo malo, lo “ético” de lo “corrupto”, pero que a fuerza de la rutina únicamente terminamos ofreciendo al público no sólo una versión pobre de la verdad, sino la más deschavetada, la más irresistible en cierto modo, la más desproporcionada o la más vulgar irredenta, siempre de acuerdo, claro, a nuestros intereses, obsesiones, filias, fobias, juicios, prejuicios y creencias.

Los acontecimientos del miércoles 9 de julio en San Bernardino Chalchihuapan, son una nueva exhibición de esa costumbre, dice Pascal Beltrán. Y es que se ha creado una narrativa de lo ocurrido durante el desalojo de una protesta en la carretera Puebla-Atlixco a la altura de esa población, narrativa –hay que decir- que no ha sido fiel, en ningún momento, a los datos duros, la quintaesencia, hasta donde se sabe, del periodismo. Con José Luis Alberto Tehuatlie Tamayo, también murió la verdad, la verdad periodística, esa señora inquieta y escurridiza, y su lugar fue ocupado por un grotesco torneo público para ver quién lanza la teoría más estridente, también la más ruidosa y amarillista, en torno a un suceso y una tragedia, la del menor y su familia, que hoy tiene en vilo a la clase política poblana.

Las líneas del director de Excélsior no serán, claro, reproducidas ni citadas ni mucho menos comentadas o elogiadas en las redes sociales, porque desbaratan las convicciones y los autoengaños de quienes no hacen periodismo sino propaganda y además pretenden pasar, a los ojos del respetable público, como los únicos portavoces de las únicas certezas posibles; por eso, las reproduzco íntegras a continuación, para seguir teniendo elementos de juicio que nos ayuden a entender qué y por qué pasó, y en especial qué tanta distancia ha habido entre los datos duros (los hechos) y las suposiciones (esas estridentes presunciones surgidas del hígado, el odio, la venganza y la falta de financiamiento público):

“En diferentes ocasiones he comentado en este espacio la tendencia que existe en la opinión pública mexicana de hacer debates en torno de suposiciones más que de datos duros.

“Los acontecimientos del miércoles 9 de julio en San Bernardino Chalchihuapan, Puebla, son una nueva exhibición de esa costumbre. Se ha creado una narrativa de lo ocurrido durante el desalojo de una protesta en la carretera Puebla-Atlixco a la altura de esa población.

“La versión difundida, por la diputada federal Roxana Luna, entre otras personas, sostiene que elementos de la Policía Estatal disolvieron violentamente una manifestación pacífica y que, al hacerlo, usaron balas de goma que causaron la muerte de un menor.

“Esa versión también pretende hacer creer que la aprobación de una ley para regular el uso de la fuerza pública fue el antecedente y pretexto para realizar un acto represivo ese día; y que la Policía Estatal fue enviada al lugar porque no había intenciones de resolver mediante el diálogo la inconformidad de los pobladores.

“Sin embargo, una revisión de las evidencias gráficas y auditivas de lo ocurrido entre las 13:40 y las 18:00 horas en la autopista permiten poner en duda, cuando no desmentir tajantemente, lo que muchas personas —incluyendo algunos comunicadores— asumen con grado de certeza.

“Como lo que a mí me importa son los hechos, tomé la decisión de no escribir sobre lo ocurrido en tanto no tuviera la máxima información posible.

“El siguiente es un resumen de lo que encontré:

“Lo que origina los hechos es una ley promovida por un diputado de la anterior Legislatura estatal —el panista Mario Gerardo Riestra Piña— para quitarle a las juntas auxiliares municipales del estado el manejo del Servicio del Registro Civil.

“En Puebla existen 647 juntas similares que funcionan como órganos desconcentrados de los 217 municipios, muy a la manera de las tenencias en Michoacán o las congregaciones en Veracruz.

“Las juntas atienden las necesidades de la población que vive fuera de las cabeceras municipales. En ocasiones, la población de una junta es superior a la de la cabecera.

“En el caso del Registro Civil, el gobierno estatal expide las actas pero antes de las modificaciones legales —que recién entraron en vigor— las entregaba en blanco a las juntas auxiliares para que éstas las usaran para dar fe de nacimientos, matrimonios, divorcios, defunciones, etcétera. Una de las razones que propiciaron el cambio del marco legal es que se comenzó a detectar la clonación de actas y el registro de nacimientos falsos en la entidad.

“Muchas de esas actas terminaron en manos de migrantes extranjeros, al punto de que existe una alerta sobre actas de nacimiento poblanas en las oficinas que expiden pasaportes mexicanos.

“De las 647 juntas auxiliares, el cambio generó una inconformidad en apenas una decena de ellas.

“La protesta de Chalchihuapan fue una de las tres que tuvieron lugar ese día en Puebla y la única donde estalló la violencia.

“A las 13:40, un miembro de la Policía Estatal pidió a los manifestantes, que ya bloqueaban la autopista —cosa que es delito— formar una comisión para dialogar. Esto fue rechazado. A las 13:54, se les dio un ultimátum para desalojar la vía.

“En los videos puede observarse que, al cumplirse el plazo, los cerca de 300 policías comenzaron a avanzar hacia los manifestantes y éstos, en respuesta, les lanzaron piedras. De inmediato, los policías arrojaron granadas de mano de gas lacrimógeno, lo que hizo que los manifestantes se reagruparan en un puente que pasa sobre la autopista. Cuando los policías reabrieron la vía a la circulación, los pobladores arrojaron piedras a los vehículos particulares.

“Esa acción llevó a los policías a avanzar sobre el puente, pero, cuando lo tomaron, fueron atacados con piedras y cohetones desde uno y otro lado. Paulatinamente, la fuerza pública se vio en desventaja, sobre todo cuando llegaron más habitantes de la localidad. Dos policías fueron retenidos por los manifestantes y golpeados salvajemente, con sus propios toletes y con piedras.

“El resto de ellos emprendió la huida, bajando por la pendiente del puente, esperando a que llegaran refuerzos. Éstos llegaron a bordo de camionetas, en las que llevaban siete lanzadores de granadas de gas lacrimógeno, que serían disparadas en total 140 veces.

“A las 14:35 horas, cuando los policías aún ocupaban el puente sobre la autopista, a unos 80 metros de ahí, en un lugar donde los videos y fotos no muestran presencia policiaca, el joven José Luis Alberto Tehuatle Tamayo, de 13 años de edad, es herido en la cabeza. A las 14:45 es atendido por socorristas y subido en una ambulancia. A las 14:58 ingresa en el Hospital General de Cholula.

“La diputada Luna y sus simpatizantes dicen que el joven fue alcanzado por una “bala de goma” de la policía. El gobierno estatal, que rechaza tener ese tipo de balas en su arsenal, defiende la tesis de que fue un cohetón de los propios manifestantes lo que hirió a Tehuatle.

“Trágicamente, el joven falleció el 18 de julio, luego de sufrir muerte cerebral.

“Es imposible para mí establecer qué fue lo que lo hirió. Escribo sólo lo que pude averiguar.

“Porque así lo establece la ley, el gobierno estatal está obligado a investigar exhaustivamente las circunstancias de la muerte del menor y llevar ante la justicia a quien(es) la haya(n) ocasionado.

“Y porque es lo ético, todos deberían abstenerse de distorsionar los hechos de Chalchihuapan, o especular sobre ellos, por razones políticas o las que sean.”.

Hasta ahí la larga –pero necesaria- cita.

¿Cómo no estar de acuerdo?

Que se acabe la distorsión de los hechos y que empiece a correr el reloj de la honestidad intelectual.

Nadie quiere exoneraciones gratuitas.

Pero tampoco linchamientos a modo, sobre todo si éstos esconden intereses inconfesables y una peligrosa mezcla de odios y rencores que poco tienen que ver con la búsqueda de la justicia y sí, y mucho, con asuntos más terrenales como la cartera.

gar_pro@hotmail.com

3 Responses to “CASO CHALCHIHUAPAN: ENTRE LOS DATOS DUROS Y LAS SUPOSICIONES”

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