PEÑA NIETO Y MORENO VALLE ANTE EL 7 DE JUNIO

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La elección intermedia de este 7 de junio es de capital importancia para el gobierno de Enrique Peña Nieto. La viabilidad de las célebres reformas estructurales, e incluso del mismo gobierno federal –ante la realidad de la violencia en el país- está en juego. Las perspectivas no son halagadoras ni permiten ser optimista. En el PRI saben que los electores van a aplicarle el voto de castigo por la evidente falta de resultados, especialmente en materia económica, y por casos como el de Tlatlaya o por horrores como el de Ayotzinapa, o por retrocesos en la reforma educativa tras la súbita cancelación de las evaluaciones a los docentes, reflejo de un gobierno débil y temeroso.

Todavía peor: hoy el PRI tiene mayoría únicamente en 18 congresos locales. Basta que pierda tres más para verse en verdaderos problemas. A la fecha, el partido en el gobierno no cuenta con mayoría en el Senado. Y de acuerdo con los últimos sondeos, las proyecciones no son buenas para la Cámara baja. Hay que ver los últimos resultados de las encuestas y el desplome brutal del PRI en fechas recientes. De hecho, existen muy serias estimaciones que los colocan incluso con solo 150 diputados en la próxima Legislatura. Un verdadero conflicto de poder y control político para Peña Nieto, su plan de gobierno y el futuro de su partido.

De perder la elección intermedia, la oposición les puede modificar la Constitución y, en un descuido, hasta revertir las famosas reformas estructurales, tan “estructurales” que nadie acaba de entenderles y menos nadie las siente –especialmente en el bolsillo-.

Este 7 de junio también estarán en juego nueve gubernaturas. Por razones conocidas, varios estados gobernados por el tricolor están en focos rojos.

Es ahí donde adquiere importancia la sólida relación, de mutua conveniencia, entre Enrique Peña Nieto y Rafael Moreno Valle.

El gobernador de Puebla representa algo más, mucho más, que 16 diputaciones, y eso lo sabe tanto el presidente de la República como su entorno –desde Aurelio Nuño Mayer, el poderoso jefe de la Oficina de Los Pinos, hasta Miguel Ángel Osorio Chong, el secretario de Gobernación, pasando por el dirigente nacional del PRI, César Camacho, por más que éste último tenga todavía clavada la espina de la derrota electoral de 2013 en el estado-.

Con todo y el natural desgaste en el ejercicio del poder, al interior del PAN, a través de sus operadores, destacadamente Eukid Castañón Herrera, la influencia de Moreno Valle rebasa por mucho los límites del estado.

Quien piense que Puebla es el “ombligo” del mundo, comete una garrafal equivocación. Los recorridos de Moreno Valle por 12 estados del país en las últimas semanas no fueron producto de la casualidad.

En tanto, a través de una facción del PRD, donde el morenovallismo ha penetrado con fuerza pese a los intereses en conflicto, también influye en otras tantas entidades, donde incluso se armaron estructuras y sembraron candidatos. Ahí está Luis Maldonado Venegas para contarlo.

El mito de la fracción federal morenovallista no lo es tanto: ¿cuántos diputados electos (en el PAN y PRD, pero también en Nueva Alianza y Movimiento Ciudadano) tendrán el 8 de junio sello del gobernador de Puebla?

¿Cuántos responderán a sus intereses y le guardarán agradecimientos y lealtad?

Y más: ¿Cuántos candidatos del mismísimo PRI le deberán el triunfo, por acción u omisión? ¿Cuántos, además de Jorge Estefan Chidiac (Izúcar de Matamoros), Juan Manuel Celis Aguirre (Atlixco) y Edith Villa Trujillo (Ajalpan)?.

No serán 16, serán muchos más –tantos que la cifra espantaría a las buenas consciencias-.

En ese sentido, desde una visión que rebasa el corto plazo, Peña Nieto sabe de la importancia y del peso político de Moreno Valle: un gobernador que sí sabe para qué es el poder y que no se ha cansado de demostrar al presidente que tiene la capacidad de llegar a acuerdos y cumplirlos.

La fortaleza de la relación entre ambos parte de una premisa ya conocida: a la hora de las decisiones de gran envergadura en San Lázaro, será más fácil que los diputados morenovallistas le cumplan al presidente, que los propios diputados del PRI.

Y a partir de ahí se han tejiendo los pactos –los escritos y los no escritos, los obvios y los no tanto-, por lo que las lecturas de los comicios de este domingo deberán hacerse con sumo cuidado: tal vez el triunfo de Moreno Valle en Puebla no representará precisamente una derrota del presidente.

Hasta el momento, el morenovallismo está seguro de ganar la mayoría de los 16 distritos de Puebla, pero no son todos. La fuerza del grupo en el poder en Puebla está más allá de la caseta de Texmelucan.

Y la fracción morenovallista que se ha construido desde Casa Puebla apunta a convertirse en clave sobre todo ante un escenario desfavorable para el PRI y para Peña Nieto, un escenario en el que la fuerza del tricolor sea tan débil que requiera de aliados emergentes para, por ejemplo, ayudar a bloquear una intentona de contrarreforma fiscal o de contrarreforma energética. O de contrarreforma educativa, tal y como ahora mismo está sucediendo.

¿Voy bien o me regreso?

gar_pro@hotmail.com

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