MIENTRAS MÁS TARDE EL PRI EN ELEGIR A SU CANDIDATO O CANDIDATA…

foto-pri-columna

Los resultados electorales del pasado 7 de junio han desatado el optimismo entre los priístas poblanos. Andan desatados, como si ya hubieran ganado la minigubernatura y sacado al poderoso grupo morenovallista de Casa Puebla. Es tanta la pasión y tanto el entusiasmo que cada día se multiplican los suspirantes a la candidatura en el 2016, pues a al diputado federal Enrique Doger –el único que públicamente ha dicho con todas sus letras que sí la quiere- y a la senadora Blanca Alcalá –que sigue haciendo mutis pues lo que ella quiere es ir pero en el 2018-, hay que sumar los nombres de Lucero Saldaña, Alejandro Armenta, Víctor Giorgana, Jorge Estefan Chidiac, Juan Carlos Lastiri, Javier López Zavala y hasta Jesús Morales Flores.

Es decir, por lo menos nueve pretendientes (seguro saldrán más en las siguientes semanas) a una nominación que, sin embargo, luce muy cuesta arriba para varios de los implicados, a la luz de las encuestas, de su verdadero potencial de voto, de su imagen pública y del verdadero tamaño de sus estructuras, si es que –en el mejor de los casos- las llegan a tener.

Por supuesto que la lista hay que tomarla con la precaución del caso, pues en los hechos más de la mitad no tiene con qué ganar la candidatura. En otros casos, como el del subsecretario de la Sedesol, Juan Carlos Lastiri, más bien se están cuidando y guardando para competir pero para una gubernatura de seis años, no de un año y ocho meses como la que estará en juego en 2016.

Otro punto en contra de algunos de los pre pre aspirantes a la mini es que concitan más odios que afectos al interior de los distintos grupos priístas, como sucede claramente con el ex rector y ex presidente municipal Enrique Doger, a quien se le atribuyen una serie de agravios, traiciones y agresiones verbales en contra de la mayoría de sus compañeros de partido, por lo que sería casi milagroso que lograra reunir a todos los grupos en torno a su proyecto.

A Doger se le ve con recelo y/o desconfianza. También como el destinado a dividir al partido si él no resulta el elegido, pues son clásicas sus amenazas en el sentido de irse con sus amigos de Morena o de Movimiento Ciudadano si el “dedo divino” no lo favorece. No ha abonado a su favor, por ejemplo, su tránsito respecto al ex gobernador Mario Marín, a quien primero odiaba en público y en privado, y luego se acercó en busca de cobijo, entre otras incongruencias y vaivenes “ideológicos” dentro de su carrera política.

Entre quienes la quieren hay también los que presumen de sus padrinos mágicos en las grandes ligas de la política y a ellos se están encomendando para ganar la candidatura.

Tal es el caso del propio Doger, de alguna manera protegido del probablemente próximo dirigente nacional del PRI, Manlio Fabio Beltrones; de Alejandro Armenta, quien en corto –y en largo- ha hablado de su cercanía con el equipo del mismísimo secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong; de Blanca Alcalá, respaldada por Emilio Gamboa Patrón, y de Jorge Estefan Chidiac, pupilo del titular de Hacienda, Luis Videragay. Es decir, la elección del “gallo” tricolor también deberá verse globalmente, pues dependerá de factores nacionales, como parte del juego del poder de cara a la presidencial del 2018, pues quienes están en la carrera por Los Pinos querrán impulsar a sus propios cuadros para con ellos rescatar Puebla, en perjuicio de sus rivales internos, lo que inevitablemente causará divisiones y rupturas.

Otro factor que será muy valorado para elegir finalmente al candidato es el potencial para construir una amplia coalición electoral de partidos que se enfrente a la alianza que desde Casa Puebla ya se trabaja para encarar el proceso electoral. ¿Quién de los suspirantes es capaz de convencer, por ejemplo, a los jerarcas nacionales de Nueva Alianza de sumarse al PRI y al Verde para sacar del poder al morenovallismo, cuando hoy el Panal es aliado de Casa Puebla en las buenas, en las malas y en las peores? ¿Quién es capaz, además, de capitalizar electoralmente los negativos y las debilidades del grupo en el poder y de reunir a todos los agraviados, rechazados, despedidos y resentidos del régimen en un solo frente común?

En el análisis tampoco hay que olvidar un punto sumamente importante: de qué tamaño es la “cola” de los aspirantes, en otras palabras, qué tan oscuro es su pasado y qué se han comido, pues de la respuestas dependerá el tamaño de sus miedos a enfrentar en la campaña al gobernador Rafael Moreno Valle, quien se convertirá en el verdadero objetivo de una campaña de contrastes, que logre atrapar el voto de los indecisos, la franja donde se decidirá una elección con ribetes de referéndum y con implicaciones nacionales dado el proyecto presidencial del mandatario poblano. Será una guerra, la verdadera madre de todas las guerras, y pobre de aquel que no tenga su expediente limpio, pues seguramente va a sufrir las consecuencias.

Lo cierto es que la elección del candidato del PRI no luce tan fácil como muchos suponen, ni será un día de campo, como otros desearían. De hecho se anticipan jornadas muy duras y de mucho desgaste interno para llegar a la decisión final.

Tanto la cúpula nacional priísta como todos los anotados al 2016 deben comprender, eso sí, que cada día que pase sin un consenso sobre el candidato o la candidata es un día a favor del grupo morenovallista, que lleva mucha ventaja en muchos sentidos porque por lo menos ya tiene a su candidato, que no es otro que el –más que destapado- presidente municipal capitalino, Tony Gali Fayad, con exposición mediática y operación política permanente por la misma naturaleza de su cargo y por la “cargada” a su alrededor, a la que ya se han sumado desde el propio gobernador hasta los actores y partidos satélite de Casa Puebla, sin olvidar a algunos patiños del tricolor como José Chedraui Budib, quien dice ver “muy fuerte” a Gali como rival electoral. Mientras más tarde el PRI en perfilar a su candidato o candidata, más se rezagará en una carrera que no sólo ya empezó, sino que ya lleva varios, varios kilómetros recorridos, aunque ni en Bucareli ni en Los Pinos hay señales de que les corran las prisas.

gar_pro@hotmail.com

Leave a Reply