DE LO QUE CUENTAN…

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Que hace un par de semanas Eduardo Rivera Pérez tenía todo listo para anunciar su nueva aventura política. El ex presidente municipal de Puebla movería, por fin, ficha y se lanzaría con todo por la dirigencia estatal del Partido Acción Nacional, como la carta de El Yunque para hacer frente al “gallo” morenovallista, Jesús Giles Carmona, para relevar a Rafael Micalco Méndez.

Sin embargo, de súbito todo, todo se frenó.

¿La razón?

Recibió una noticia que lo paralizó, literalmente.

Una noticia con olor a peculado.

Un grueso expediente por varios, varios millones de pesos, al parecer ya en manos de la PeGeJota.

Y entonces hubo que replantear la jugada.

Eduardo Rivera Pérez puso en reposo la aspiración, parte de un plan global de la ultraderecha para recuperar lo que el morenovallismo les arrebató: el uso, y usufructo, de la franquicia de Acción Nacional.

¿Pues qué teme el ex alcalde?

¿Qué tan larga es la cola que le impide caminar con libertad?

***

Que en breve el gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, saldrá del estado.

Según ha trascendido, se tomará un receso con motivo del inicio de las vacaciones de verano.

A su regreso se definirán varias cosas, entre ellas dos muy trascendentales: los relevos o enroques en su gabinete (la reincorporación de dos piezas fundamentales: Roberto Moya y José Cabalán Macari) y el nombre del sustituto de Tony Gali en la presidencia municipal de Puebla para cuando pida licencia para convertirse en candidato a la minigubernatura, un tema que apremia por más que se piense lo contrario.

La pausa servirá para replantear muchas de las cosas que hoy ocurren alrededor del Ejecutivo poblano.

El mismo que, así, ni verá ni escuchará a los grupos que se van a manifestar en estos días, y de muchas formas, con motivo del primer aniversario de los hechos de Chalchihuapan.

Días negros si los hubo.

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Que hace cosa de semana y media el gobernador se reunió en privado con todos los candidatos del PAN que perdieron las elecciones del pasado 7 de junio.

La sesión sirvió a éstos de catarsis colectiva.

Algunos expiaron –y aceptaron- sus culpas.

Y otros, como es su costumbre, achacaron su derrota a terceras o cuartas personas.

Fue el caso del protagónico Mario Rincón, aplastado –literalmente- por el priísta Alejandro Armenta en el distrito de Tepeaca.

Dijo que él hizo lo suyo y que “los demás” fueron los que fallaron.

No fue honesto, por supuesto.

No le dijo a su jefe, el gobernador, que empezaba a hacer campaña hasta las 11 de la mañana, pues su prioridad era acudir a ejercitarse a un conocido gimnasio de la ciudad de Puebla.

Tampoco que en su terco y obsesivo afán de autoafirmarse como un “gran operador, el mejor del sexenio” (sic), cometió errores que ni un niño de primaria.

Y que no escuchó porque no quiso escuchar, como muchos de los hombres del régimen que, en su infinita soberbia, no sólo no ayudan, sino que creen que el poder es eterno y que nunca se acaba.

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Que hay mucho, mucho mar de fondo en la sorprendente declaración de Tony Gali en el sentido de que en caso de ganar la minigubernatura en 2016, estaría replanteando muchas de las políticas públicas del actual sexenio.

Señalar abiertamente que podría incluso desaparecer la Fotomulta, habla ya, entre otras cosas, de una correcta lectura de los resultados electorales del pasado 7 de junio.

Si Gali dijo lo que dijo, no fue producto de un error o una casualidad.

Hay desgaste constante y pronunciado en el ejercicio del gobierno, eso se ha reflejado con claridad en las encuestas, pero hay la voluntad de enmendar el camino.

¿Cómo mantener lo bueno que se ha hecho y desechar o corregir lo malo o lo que no salió exactamente como se planteaba?

¿Cómo ofrecer una poderosa razón de voto a los electores decepcionados con el régimen, y para un periodo tan corto de gobierno: un año y ocho meses?

¿Cómo volverse atractivo a un electorado cada vez más demandante y resolver el dilema entre continuidad o continuismo?

¿Cómo crear o construir un candidato con ideas, decisiones, intenciones y voz propia, eliminando la imagen del colectivo de un títere manejado milimétricamente por un titiritero mayor?

El caso de la Fotomulta no es el único que podría replantearse bajo un gobierno al mando de Tony Gali.

Al parecer hay luz verde para eso y para más, mucho más.

Y es que no es cualquier cosa lo que está en juego: se trata de la supervivencia del morenovallismo.

Vivir o morir.

No más.

Pero tampoco menos.

Y a problemas drásticos, soluciones drásticas.

Lo dice el manual.

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Que esta columna volverá a actualizarse el 20 de julio.

gar_pro@hotmail.com

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