EL PRI BUSCA PRESIDENTE (O NUÑO CONTRA BELTRONES, LA PELEA DEL SIGLO)

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Este miércoles arrancó, por fin, el proceso de sucesión en el Comité Ejecutivo Nacional del PRI. El Consejo Político Nacional sesionará con el objetivo de que inicie el proceso interno de renovación del presidente y la secretaria general del partido, una etapa que se espera con sumo interés en Puebla, pues con la llegada de los relevos de César Camacho Quiroz e Ivonne Ortega Pacheco, iniciará también el proceso de elección del candidato o la candidata del tricolor a la minigubernatura en 2016.

Por Puebla, por cierto, fueron convocados al Consejo Político Nacional Melquiades Morales Flores, Rocío García Olmedo y Enrique Doger Guerrero, en su calidad de delegados regionales del CEN.

En dicho cónclave se aprobará la convocatoria y el método a seguir para la elección interna, mientras que este mismo jueves la Comisión Nacional de Procesos Internos emitirá de manera oficial dicha convocatoria.

Después de esta etapa, los militantes que aspiren a la contienda tendrán 10 días para que se registren y pidan a los sectores y organizaciones su apoyo.

En el caso de que exista más de una fórmula de candidatos, se llevará una “campaña” que durará aproximadamente 20 días, un escenario que se descarta dado que se espera que haya un candidato único, “y de unidad”, impuesto desde la oficina principal de Los Pinos, ahí desde donde se está impulsando con fuerza a un amigo de muchos poblanos: Aurelio Nuño Mayer.

Ante ese contexto, unos treinta días posteriores a la sesión extraordinaria del Consejo Político Nacional, se realizaría la “elección” de la nueva dirigencia.

Es decir, si sólo se postulara una fórmula, como todo parece indicar, el nuevo presidente del PRI estará a más tardar el 23 de agosto.

Si hubiera una sola fórmula, se obviaría el proceso de los 20 días; en consecuencia, al término de los primeros diez días, habría ya Consejo Político Electivo, y esos diez días serán aprovechados para buscar apoyo de sectores y organizaciones integrantes de la Asamblea de Consejeros, que es finalmente la que va a ratificar a la dirigencia.

La intención es que en ninguna situación, la elección interna del PRI concuerde en fechas con el proceso que efectúa el Partido Acción Nacional, que, según está programado, el 16 de agosto tendrá nuevo líder en la persona de Ricardo Anaya.

Quienes busquen el puesto requieren las firmas del 20 por ciento de la estructura territorial, del 3 por ciento de los sectores y organizaciones nacionales, y del 20 por ciento de los consejeros políticos.

Hasta la fecha han sonado para la dirigencia: Manlio Fabio Beltrones, coordinador en la Cámara baja; César Duarte, gobernador de Chihuahua; Enrique Martínez, secretario de Agricultura; Alfonso Navarrete Prida, secretario del Trabajo; Ivonne Ortega, secretaria general del PRI, y Emilio Gamboa, coordinador en la Cámara alta, así como Miguel Ángel Osorio Chong, el (muy alicaído) titular de la Segob.

Sin embargo, en los últimos días se ha impulsado al que parecer ser el “caballo negro” de la contienda: el todopoderoso jefe de la Oficina de la Presidencia de la República, Aurelio Nuño, quien precisamente se ajusta al perfil que el propio Enrique Peña Nieto ha considerado en público como el adecuado para tomar las riendas del partido: joven, fresco, dinámico y conocedor de las redes sociales.

A Nuño se le atribuye el mérito de haber sido el gran negociador del Pacto por México con los partidos políticos, que dio pie a las reformas estructurales aprobadas por el Legislativo. Con una maestría en Oxford, se le ubica como cercano a Luis Videgaray y sobre todo al propio presidente del país.

En el CEN del PRI cuentan que el único rival de Nuño de verdadero peso, es decir, el finalista es: Manlio Fabio Beltrones, tal vez el político más colmilludo de México, un profundo conocedor de las entrañas del sistema.

Nuño, empero, representaría la innovación y el futuro del PRI y del peñismo puro, y también un posible prospecto para el 2018, una especie de nuevo Luis Donaldo Colosio, propietario y depositario de las claves y códigos del grupo en el poder.

La llegada de Nuño, además, dejaría en claro, sin ninguna duda, quién es el verdadero dueño del PRI: el primer priísta del país.

El único “pero” que algunos le ponen es que ni siquiera aparece en el padrón de afiliados que el tricolor presenta en su página de Internet, aunque en el propio CEN se afirma con profusión que actualmente es integrante del Consejo Político Nacional y que eso lo hace totalmente elegible (¿cómo puede ser consejero político nacional quien ni siquiera es militante?, es uno de los grandes misterios de la típica heterodoxia priísta).

(Aurelio Nuño) es del PRI, por supuesto. Tiene militancia, no sólo reconocida, sino que los priístas y la dirigencia ponderan y presumen”, ha dicho el propio César Camacho en defensa de quien parece lleva “mano” en la carrera por la presidencia del partido.

Beltrones, por su parte, significaría lealtad incondicional e institucionalidad a prueba de balas, capacidad negociadora; estupendo estratega y mejor operador, pero no es cercano al presidente.

Sería una verdadera sorpresa que Peña Nieto se decantara por el experimentado político, viejo lobo de mar, jugador de grandes ligas con más mañas que modos, un estratega que, sin embargo, tal vez no reúna el perfil de lo que hoy requiere el PRI ante un electorado harto de los políticos de siempre.

Nuño, por cierto, tiene una estupenda relación con el gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, aunque las buenas maneras sin duda van a cambiar cuando tengan que enfrentarse por la minigubernatura, uno al frente del PRI y otro como principal soporte del candidato morenovallista, sustento del proyecto presidencial que se teje desde Casa Puebla. Porque como todo mundo sabe, no habrá 2018 sin 2016.

gar_pro@hotmail.com

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