EL PRIÍSMO (DE IZQUIERDA) DE LUIS MIGUEL BARBOSA HUERTA

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Fiel a sus orígenes priístas y a sus herencias caciquiles de la región de Ajalpan, allá por la Sierra Negra de Puebla, el ahora senador de la República e influyente político de lo que queda del PRD Luis Miguel Barbosa Huerta no ha dejado de pensar ni por un minuto desde que asumió su escaño en convertirse en candidato a la gubernatura de Puebla, pero no quiere la “chiquita” –la mini- del 2016, pues se le hace “poco” para su “investidura” y sus “tamaños”, según lo cuenta en voz alta a los pocos seguidores que tiene en el estado cuando los reúne en sus amplias oficinas en el Distrito Federal.

Con una actitud camaleónica como los viejos priístas y sin olvidar su formación y herencias del rancio PRI de aquellas regiones en donde lo controlaban todo, hoy Barbosa Huerta es imagen y semejanza de los Manlio Fabio Beltrones o los Emilio Gamboa o muchos otros políticos encumbrados en el poder, que sólo cambian de color, se acomodan, se transforman y nuevamente se acondicionan a los tiempos para seguir viviendo y dependiendo del poder político.

Fue encumbrado localmente por el viejo dirigente izquierdista Jorge Méndez Spínola, quien lo hizo líder local del perredismo poblano, para después traicionarlo e irse con la corriente de los llamados “chuchos” de Nueva Izquierda, con los que obtuvo todo.

Primero fue el abogado de todos los litigios de los “fraudes internos” que practicaron los “chuchos”; después lo hicieron diputado federal; fue coordinador nacional de Nueva Izquierda; cómplice de todos los acuerdos de Jesús Ortega y Jesús Zambrano con el sistema; asesor legal en varios gobiernos locales, terminando como senador de la República en la lista nacional y por supuesto apoyado e impulsado por sus antiguos compañeros de viaje, los impresentables “chuchos”.

Fiel a su naturaleza, Barbosa Huerta terminó como siempre acuchillando por la espalda a quienes lo impulsaron y fueron sus cómplices en estas lides de la política de altos vuelos, como acostumbran a mencionar los burócratas partidarios. Se hizo coordinador de los senadores con el apoyo de Nueva Izquierda y de los “bejaranos”. Su habilidad y capacidad de aprendizaje priísta lo han llevado a estar presente en los juegos de las elites políticas; su gran simulación de pluralidad y su falso discurso de apertura y disciplina institucional, lo ha hecho codearse con los hombres del sistema y hasta pasearse por el mundo.

Fuera de Nueva Izquierda y sin tener que pedirle permiso para negociar a Jesús Ortega, el senador Barbosa Huerta, con grandilocuencia, repite a quien lo quiera escuchar que sus relaciones son con el presidente de la República para abajo, o sea con secretarios de Estado, gobernadores, senadores y párenle de contar.

En el escaparate del poder político en nuestro país se le ve de plácemes en cualquier ceremonia de carácter oficial y más cuando está cerca de Enrique Peña Nieto; los mítines y las manifestaciones sociales están fuera de su agenda política, a ellas van los “populistas” como “El Peje” y él es un “reformista consumado”, por eso apoyó el “Pacto por México”. Por esto y por todo el apoyo que le brinda al sistema, le dan lo que pida.

Viajero constante, “conocedor de la vida parlamentaria del mundo”, acompañante oficial en las giras presidenciales; “políglota” y “teórico del pensamiento único”.

Este actor político de la llamada izquierda legal (PRD) y uno de los hombres más ricos del PRD, poseedor además de la residencia del ex presidente Miguel de la Madrid en la ciudad de México, con un amplio despacho jurídico atendido por su hermano; con el control sobre el manejo de los jugosos recursos parlamentarios y con mano libre sobre recursos públicos a fondo perdido que obtiene para obras municipales, son sólo algunas partes mínimas de su carta de presentación para lanzar su precandidatura rumbo al 2018.

Por eso a trasmano y con el apoyo de sus mensajeros en Puebla, los dirigentes del Frente de Izquierda Progresista (FIP) siguen amagando con impugnar la #LeyAntiBronco recientemente aprobada en el Congreso local.

El senador perredista conoce bien su ruta política y su línea del tiempo, por eso volvió a reelegirse como coordinador de los senadores del sol azteca, para seguir teniendo juego y poder. Por eso sigue pactando en lo oscurito con el poder, para seguir siendo apoyado en su promoción como precandidato al gobierno poblano y está cierto que dicha reforma electoral para este 2016 le perjudica sus planes.

En su ambición política le ha dicho a su banda partidaria, los del FIP, que correrá por dos vías: buscará ser candidato del PRD, una situación complicada, puesto que los “chuchos”, con Agustín Basave, seguirán controlando dicha franquicia, o en su caso se lanzará como aspirante ciudadano y buscará el apoyo de Peña Nieto para competir por el gobierno poblano.

Sus mensajes enviados para Puebla tienen su sello; en el estado, sus ayudantes solo repiten como pericos –o cotorras- lo que les ordena.

De ahí que la postura de la dirigencia estatal del PRD de inconformarse con las reformas aprobadas, es solo una pose, una vil simulación, pues dice estar del lado de los ciudadanos, cuando en el fondo todo es prepararle el camino a Barbosa Huerta.

Su campaña ha dado inicio; un litigante, asesor en el Senado, Enrique Rivera, prepara el recurso legal que presentarán como partido para impugnar la reforma electoral sobre las candidaturas ciudadanas en Puebla.

Por eso este miércoles se tomó muy sonriente la foto con algunos de los fracasados promotores de 17 juicios de protección de derechos políticos contra los candados impuestos a las candidaturas independientes por parte del Congreso del estado, como Gabriel Hinojosa, Beto Merlo y Ricardo Villa Escalera, manejados a trasmano por el cuñado incómodo Fernando Manzanilla y olímpicamente bateados por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación en su “rebelión” contra la #LeyAntiBronco.

Desde una casa de campaña ubicada por el Parque Ecológico, los “ñoños” –así se conoce a los operadores de Barbosa- reúnen grupos y reclutan militantes para distribuirlos en los distritos electorales; en los municipios gobernados por el PRD, son obligados a poner lonas de campaña para promover las obras gestionadas por parte del senador; los pocos consejeros estatales y secretarios que le quedan deben de obedecer a su fiel sirviente: Erik Cotoñeto, quien realmente dirige al PRD en Puebla.

En los hechos Barbosa Huerta, el más priísta de los perredistas del país –y ya es decir mucho-, no tiene nada en Puebla, no tiene estructura, nadie lo conoce y sólo lo sigue un grupo de incondicionales y lamebotas que han mantenido a este partido secuestrado y controlado por más de 15 años.

Esta es una mínima parte de la tragedia de un partido de izquierda desfigurado, sin valores éticos y con una vida interna de mucha corrupción política. Que, por cierto, en junio pasó a convertirse con el voto de los ciudadanos en la quinta fuerza política en el estado.

gar_pro@hotmail.com

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