BLANCA ALCALÁ, ENTRE EL ESTIGMA DE MARÍN Y UNA MALA ESTRATEGIA

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Algo está saliendo mal, muy mal, en la incipiente campaña de la senadora con licencia Blanca Alcalá y los tropiezos delatan que los cálculos de su equipo han sido por lo menos imprecisos; le hace daño verse atrapada entre tantos intereses. Ahí está, por ejemplo, la conformación de la megacoalición morenovallista –un duro, duro golpe al PRI, que no logró amarrar al PANAL ni al PT- y el severo descontón –más que un affaire- con Lydia Cacho por la torpeza de andar presumiendo a un impresentable como Mario Marín.

La dura descalificación que recibió de la periodista Lydia Cacho, quien la tildó de cómplice del ex gobernador Mario Marín por su encarcelamiento en 2006, tambaleó su imagen. Una red de pederastas del PRI busca el poder, acusó la escritora, y terminó enlodándola.

No había ninguna necesidad de permitir que se le viera tan cercana al góber precioso, sobre todo en su solicitud de registro como precandidata del PRI el domingo pasado.

El análisis de que no habría un gran costo en su popularidad por la foto al lado del inefable ex mandatario falló, como falló su equipo de comunicación y sus asesores, con la retrasadísima respuesta, más de 24 horas después, a la acusación de la autora de Los Demonios del Edén.

“Lamento que la política se use como un juego sucio, no conozco a Lydia Cacho y lamento las declaraciones que ha hecho”, respondió vía Twitter, un día después, la candidata.

Su torpe reacción, producto colectivo sin duda, desnudó cuán dubitativa están ella y su equipo respecto del tema Marín y además desautorizó a su vocera, o supuesta vocera, la ex diputada federal Martha Gutiérrez, quien aseguró al diario 24 Horas Puebla que la senadora nada tenía que decir sobre el caso de pederastia y el affaire del góber precioso, pues “no le correspondía” (sic, que se cae de pena ajena).

Por si fuera poco, a la periodista Lydia Cacho, este martes se sumó la analista Denisse Dresser, quien a sus más de 2 millones de seguidores lanzó un cuestionamiento en Twitter: “Preguntas para poblanos ¿van a votar por candidata del góber precioso vergonzoso/impune? ¿Es el gobierno q se merecen?”.

Hasta las 11 de la noche del martes, la alusión directa, directísima, no había tenido ninguna respuesta por parte del equipo de Blanca Alcalá. Rodeada de mudos y mancos, dejó pasar la dura acusación de ser “candidata del góber precioso; tampoco nadie contestó los tuits en los que, fotografías de por medio, se dejó en evidencia su doble discurso acerca del uso de helicópteros.

Pareciera que la elemental ecuación de que la cercanía de Marín perjudica la imagen “blanca” de Blanca, no se ha advertido en el cuarto de guerra del PRI.

Sus asesores no han sido capaces de recurrir a la aritmética elemental: es cierto que Marín tiene fortaleza y muchos seguidores en el interior del estado, en los municipios y poblados alejados; sin embargo, tiene una descomunal desaprobación y pésima imagen y recuerdo en las zonas urbanas. Por más que lo cubran de maquillaje, es el más impresentable de los priístas poblanos.

Visto así, Marín no aporta a la campaña de Alcalá; al contrario, le resta, pues más de la mitad de los votos que necesita para ser gobernadora están en la zona conurbada de Puebla capital, en donde Marín es un lastre, un estigma, una deshonra.

En el pasado proceso electoral federal, ni siquiera los candidatos abiertamente marinistas, como Víctor Giorgana y Graciela Palomares, en distritos de la capital, y Alejandro Armenta, en Tepeaca, se dejaron ver con el góber precioso.

¿Qué ha cambiado que ahora la abanderada de la mayor batalla del PRI sí se permite el exceso de caminar al lado del ex mandatario? Nada. Marín sigue siendo el símbolo de la decadencia del PRI.

La mejor noticia para el PAN, que necesitaba de una, una sola reaparición pública de Marín al lado de Alcalá para empezar a darle coherencia a ese llamado a los poblanos a “no regresar al pasado vergonzoso y seguir con la transformación del estado”.

Y la virtual candidata del PRI se los puso fácil, sacándose la foto con el ex mandatario, creyendo ingenuamente que “ya nadie se acuerda” del escándalo de abuso de poder, tráfico de influencias y violación de derechos humanos que marcó al marinismo.

Los poblanos sí se acuerdan y si no, ahí está Lydia Cacho para refrescarles la memoria.

Blanca Alcalá está a tiempo de corregir, de dejar de escuchar tantas voces y evitar que tantos metan mano en las decisiones. Dejar de ser rehén de los Beltrones, de los Osorio Chong, de los Gamboa Patrón, de los Estefan y de los marinistas. Sobre todo de un Osorio Chong que le sigue dando atole con el dedo. Véase si no cómo Bucareli fue incapaz de echar mano de sus múltiples recursos para evitar que el Partido Nueva Alianza y el Partido del Trabajo se sumaran al PAN en Puebla, un verdadero golpe al epicentro del PRI. ¿O acaso Osorio Chong, el amigo de Moreno Valle, lo hizo a propósito?

Blanca Alcalá requiere replantear su estrategia, revisar una vez más quiénes son sus verdaderos aliados y contar con un equipo profesional de comunicación. Urge que Martha Gutiérrez tome las riendas y demuestre reflejos y liderazgo, ante el equipo pipitilla que tiene a los lados y los intereses que representa de los Lastiri, de los Pepe Chedraui, de los Armenta, de los López Zavala.

Aún hay tiempo, pero también los días corren, y en el equipo de enfrenten lucen más organizados, con mejor estrategia, al menos hasta hoy. Ya lo dejó en claro el morenovallismo, con su megacoalición, en la que nadie, pero absolutamente nadie, va a extrañar al moribundo PRD.

gar_pro@hotmail.com

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