LA “VICTIMIZACION” DE BLANCA ALCALÁ

CAMPAÑA NEGRA . BLANCA ALCALÁ

Mal aconsejada por asesores tan incapaces como cortoplacistas, poco a poco la candidata del PRI-PVEM, Blanca Alcalá Ruiz, va siendo empujada para desplegar a partir del 3 de abril, cuando inician las campañas rumbo a la minigubernatura, un discurso potencialmente peligroso para su proyecto político: el discurso de la victimización –o falsa victimización- a partir de su condición de género, como si el hecho de ser mujer debiera por necesidad ponerla a salvo de las consecuencias y los efectos legales, políticos, propagandísticos y mediáticos de una guerra por el poder como la que hoy se vive en el estado de Puebla.

Ya hay voces interesadas que, incluso, han planteado que la senadora con licencia debe transitar por la campaña constitucional de dos meses con una especie de blindaje extraordinario por el simple y sencillo hecho de pertenecer al mal llamado “sexo débil”. Como si gozara de un fuero especial, que la cubra de inmunidad en el fragor de una batalla que, por forzosa e ineludible necesidad, será todo, menos una “Batalla Blanca” como la que se pretende.

De hecho, en su entorno ya se argumenta que el “Protocolo para Atender la Violencia Política contra las Mujeres”, presentado hace unos días por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), debiera ser el libro de cabecera, la doctrina y el arma secreta de la candidata, quien, contra todo pronóstico, empieza a comprar la peregrina idea de que toda acción en su contra por parte de sus adversarios debe interpretarse no como una acción en contra de la candidata como tal, sino en contra de la mujer en lo particular.

Tal ha sido el legado de la serie de errores y salidas en falso que dejó la precampaña de la priísta, mediáticamente desprotegida, políticamente desubicada y totalmente abandonada a su suerte por quienes hoy le venden la historia de que: 1) la atacan “por ser mujer”, y 2) la atacan porque ha puesto “nerviosos” a sus rivales, ya por eso etiquetados desde la misoginia.

Según quienes le hablan al oído, Blanca Alcalá ha sido sometida a campañas de “desprestigio”, “difamación” en medios de comunicación y distribución de panfletos para “dañar su imagen”, olvidando que, de ser como dicen, todo ello es, lamentablemente, parte de la lucha por el poder, con lo que estaríamos ante otro grave problema: el de la ingenuidad, pues al parecer nadie les ha advertido que la candidata del PRI-PVEM no está precisamente en medio de un concurso dominical para elegir a la flor más bella del ejido, sino en la puja por una de las gubernaturas más importantes del país, la de Puebla.

Ni duda cabe que la violencia de género es –y debe ser- total y absolutamente condenable, y sus perpetradores y cómplices, castigados con todo el peso de la ley. También es cierto que sigue habiendo barreras culturales que dificultan la autonomía económica, política y social de muchas mexicanas, pero pretender victimizarse a priori, por el solo el hecho de ser mujer, no parece la mejor de las ideas, pues ello es tanto como querer interpretar que cualquier crítica a Blanca Alcalá por parte de actores políticos o medios de comunicación y periodistas, está –y estará- enmarcada en un contexto de “violencia política”, lo que es totalmente falso de toda falsedad.

Sobre todo cuando durante más de cinco años, la hoy aspirante a la minigubernatura no dijo una sola palabra sobre hechos consumados –esos sí- de violencia política, como el caso Chalchihuapan, donde era obligado, y más como senadora del PRI, fijar una postura a favor de las víctimas, sin diferenciar su género o condición. ¿O alguien escuchó a Alcalá pronunciarse por la reparación de los daños causados a Elia Tamayo, madre del niño que desafortunadamente perdió la vida a consecuencia del desalojo policiaco de la autopista a Atlixco, en julio de 2014?

Como ya prevén algunos analistas, todo parece indicar que las virtuales candidatas Roxana Luna, por el PRD, y Ana Teresa Aranda, por la vía “independiente”, tendrán más arrestos para enfrentar al morenovallismo que Alcalá, pues, a diferencia de ésta, lucen muy, pero muy lejos del discurso fácil de la victimización –o falsa victimización- que algunos, y algunas, pretenden construirle a partir del género a la abanderada del PRI-PVEM.

La misma que debiera dejarse de recursos y estratagemas inútiles, perder el miedo, dar un manotazo en la mesa para poner en orden a su equipo, dejarles en claro que es la jefa del PRI y que no hay ni debe haber otra protagonista que ella, deshacerse de los simuladores y replantear tanto la estrategia como el discurso.

La campaña 2016 en Puebla no será tersa. No habrá consideraciones. No se cuidarán las formas. No habrá medias tintas. No cabrán las cortesías ni las buenas maneras. Será una auténtica guerra, sin importar el sexo o género de los protagonistas, y Blanca Alcalá o le entra al intercambio de golpes o en el pecado va a llevar la penitencia.

¿O me equivoco?

gar_pro@hotmail.com

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