¿Monexgate en Puebla?

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En el war room de la candidata del PRI-PVEM-PES a la minigubernatura, Blanca Alcalá Ruiz, se ha tomado una decisión desesperada, por onerosa e ilegal, ante la enorme distancia que le lleva el candidato de la alianza “Sigamos Avanzando”, Tony Gali: los priístas pretenden recurrir a la compra directa de votos, para lo que ya estarían preparando la reedición del famoso caso Monex, que el tricolor utilizó, con total impunidad, a nivel nacional en la elección presidencial de 2012.

De acuerdo con una fuente del mismo war room blanquista, para ello cuentan con el hoy diputado federal Charbel Jorge Estefan Chidiac, artífice intelectual, el cerebro de la operación, que trianguló más de 700 millones de pesos -y eso es solamente lo que se llegó a conocer por denuncias-, para pagar a la estructura priísta y a mucha de la gente que votó por el entonces candidato Enrique Peña Nieto, a través de tarjetas y monederos electrónicos del Banco Monex, respaldadas por Master Card y la tienda Soriana.

Aunque muchos de los entonces 300 delegados distritales del país recibieron más de 20 mil pesos, en distintas exhibiciones, a través de esos monederos electrónicos, a algunos no se les pagó y esa fue la grieta que dejó ver la operación, pues los resentidos declararon ante la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (FEPADE) de la Procuraduría General de la República (PGR).

De cualquier modo, no hubo ni castigo ni castigados por el célebre Monexgate.

Jorge Estefan ahora es presidente emergente del Comité Directivo Estatal (CDE) del Revolucionario Institucional (PRI), ocupó la titularidad de la Secretaría de Finanzas del Comité Ejecutivo Nacional (CNE) de su partido durante esos comicios y, con el abundante conocimiento y largo colmillo que tiene como economista, administrador público e “ingeniero lectoral” (mapache, pues), construyó el andamiaje, que terminó siendo un laberinto financiero, para aterrizar el dinero que coaccionó y compró conciencias, según lo acusaron todos los demás partidos que contendieron en 2012.

Hoy, la tarea y propuesta del propio Estefan es, primero, conseguir los recursos desde las esferas federales, pues el tricolor poblano todavía sigue con dificultades económicas y padece por momentos el desinterés de sus liderazgos nacionales.

Después, repetir este “fraude” -como le llamaron muchos- pero ahora en Puebla, por medio del cual se les pagaría a los 26 representantes distritales de la entidad, a los cientos de Representantes Generales de Activismo y Electorales, los RGA y RGE, así como a los coordinadores de círculo y al resto de la pirámide electoral con que tradicionalmente operan los priístas.

Asimismo, como en la elección que regresó al PRI a Los Pinos, se entregarían monederos electrónicos válidos para cualquier supermercado, tiendas departamentales y restaurantes, como ocurrió en el caso Monex, con las tarjetas “A precio por ti” de la empresa Sí Vale, que quedó impune a pesar de las investigaciones de más año y medio de la FEPADE, del entonces todavía Instituto Federal Electoral (IFE) y de los litigios ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).

Todas esas instancias exoneraron al PRI y al señalado como cerebro de este laberinto financiero, Jorge Estefan Chidiac, quien trianguló e involucró a cinco empresas para blanquear el dinero con que se compraron los votos, según acusaciones del PAN y PRD, principalmente, y las declaraciones de muchos de quienes habrían recibido el dinero.

A pesar de que se presentaron evidencias físicas y se abrió en la PGR la investigación AP-1599/FEPADE-2012 por el caso Monex, nada pasó.

Incluso, en la Cámara de Diputados, en la anterior LXII Legislatura, se creó una comisión especial que analizó el tema y que en agosto de 2015 concluyó en su informe de 95 cuartillas que ‘‘sí hubo ejercicio de recursos de procedencia dudosa’’ en el Monexgate y esa instancia parlamentaria cuestionó que ni el IFE, ni la PGR hayan “investigado hasta sus últimas consecuencias”.

Impunidad total, esa que ahora les permite a los priístas de Puebla suponer que pueden repetir la operación, que pretenden será más sencilla que la de 2012 a nivel nacional, para intentar como último recurso, como acción desesperada, llevar a Blanca Alcalá a la gubernatura, literalmente al precio que sea y por las vías que se pueda.

Bien aprendieron de aquella experiencia y hoy buscan hacer realidad en este 2016 la frase aquella de “haiga sido como haiga sido”.

Particularmente Jorge Estefan y el entonces secretario de Administración del CEN, Luis Vega Aguilar, la libraron en más de tres ocasiones por el caso Monex. El poblano, sin problemas, llegó, primero, a la dirección de Bansefi y, luego, a la diputación federal que hoy ocupa.

La conclusión que seguramente tienen los priístas es: ¿por qué no volverlo a hacer, ahora a menor escala, con mayor facilidad, en el estado de Puebla?

¿Les saldrá la jugada?

***

Desde el pasado miércoles, Hugo Scherer Castillo está físicamente en Puebla.

El “genio” y “estratega” de la guerra sucia del PRI llega con una sola misión: levantar un avión en picada.

Y como hasta hoy no ha funcionado nada, mucho menos la telenovela de los #PanamáPapers, está dispuesto a recurrir a cualquier argucia, por audaz que parezca, para seguir arrojando carretadas de lodo y suciedad.

Por ejemplo, grabar a la candidata en una supuesta discusión con su marido por un falso –repito: falso- caso de “infidelidad” y luego filtrarla a algún medio que se preste al juego para acusar al gobierno del estado de “espionaje telefónico”.

¿El fin?

Dar sustento al petardo de la denuncia que dicen haber presentado ante la PGR.

Así de grave.

Ya en esa lógica esquizofrénica, Jorge Estefan se ha tirado al piso y ha declarado que “hemos recibido amenazas de que publicarán grabaciones de nuestras vidas personales”.

Una vil patraña.

El guión de una puesta en escena seguido al pie de la letra, de principio a fin.

Lo increíble no es que Hugo Scherer lo haga; total, ese es su estilo y modus operandi; él viene por las maletas de dinero y luego se irá feliz, con los bolsillos llenos, a otra elección y otro estado donde pueda seguir enriqueciéndose, sin importar la reputación de sus clientes y de los rivales de estos.

Lo verdaderamente inaudito es que la candidata se preste a algo tan, digamos, extravagante y ridículo; algo nunca antes visto en la historia electoral de Puebla: un burdo montaje para victimizarse.

Pero más que eso: una muestra más del nivel de desesperación en el que ya andan.

Lo peor es que no se dan cuenta que si la campaña es ya un desastre, este show va a terminar por hundirlos.

Hay que estar atentos.

gar_pro@hotmail.com

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