CON EL RECTOR ALFONSO ESPARZA, LA BUAP DEJÓ DE SER EL CUARTO SECTOR DEL PRI

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Hubo una época –no muy lejana- en que, con la complicidad de los medios de comunicación y de los principales actores políticos del estado, la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, la BUAP, se convirtió, eufemísticamente, en el cuarto sector del PRI, mero trampolín para conseguir candidaturas a cargos de elección popular.

Tal fue el caso de los rectores Enrique Doger Guerrero y Enrique Agüera Ibáñez, quienes más allá de sus méritos académicos y de los logros alcanzados al mando de la máxima casa de estudios, utilizaron a la BUAP como plataforma política para cumplir sus proyectos personales de poder; el primero como alcalde de Puebla y el segundo como frustrado candidato a presidente municipal –perdió la elección en 2013 y antes de ese año intentó sin éxito ser senador del tricolor-.

La politización y el uso electorero de la benemérita institución llegó a extremos insospechados y hubo no pocos excesos que terminaron por lastimar el espíritu y la esencia de la universidad, así como su historia y autonomía.

Tuvo que llegar a la Rectoría un académico puro, con una carrera docente de más de 10 años, entendido –pero desapasionado- del poder político, con gran trayectoria al interior de la institución, para terminar con esa relación perversa entre la BUAP y los partidos, el PRI en lo particular; una relación en la que lo menos importante eran las estrategias para posicionarla como una de las mejores universidades del país y Latinoamérica.

Hoy, el rector no hace campaña desde la universidad para buscar ser gobernador, senador, diputado federal o alcalde de ninguna ciudad; hoy no se derrocha en el ego y la imagen del rector; hoy el énfasis está en los actores y motores de la vida universitaria: los alumnos, los maestros, los trabajadores administrativos…; hay otra narrativa, otra actitud, y Alfonso Esparza Ortiz no los ha usado como carne de cañón, ni como botín ni como si fueran patrimonio personal.

En otras palabras: la BUAP dejó de ser el cuarto sector del PRI; esa ala que, a veces vergonzosamente, reclamaba o peleaba por posiciones de poder y que se casaba con -o supeditaba a- proyectos políticos personales, al costo que fuera –y no sólo en términos económicos-.

No hay universidad perfecta como no hay rector perfecto, pero ahora sin duda la BUAP vive mejores tiempos y hay avances considerables en cinco puntos clave: la calidad académica, las finanzas sanas, la inversión en infraestructura, la vinculación internacional y la cercanía con la comunidad universitaria.

Hasta sus críticos aceptan que el estilo propio que Alfonso Esparza le ha inyectado a su rectorado es singular, ya que es un doctor sobrio, con probado currículo académico y profesional, con cariño hacia su alma mater, que durante estos 3 años de gestión ha puesto su empeño, pasión, prestigio y pundonor por hacer de la BUAP una institución para sentirse orgullosos.

A nadie, por eso, debe extrañar su continuidad en la Rectoría de la máxima casa de estudios, continuidad que generará certeza tanto al interior como al exterior, ya que garantizará la continuidad de los programas y proyectos, y el ambiente positivo que hoy se vive en la universidad, además de que se mantendrá la estabilidad, la gobernabilidad y la relación respetuosa y la colaboración con tres diferentes gobernadores, el que está en funciones (Rafael Moreno Valle), el electo (Tony Gali Fayad) y el que surgirá de los comicios de 2018, algo inédito en la historia de la universidad.

Con el informe de labores que este martes rinde en sesión solemne del H. Consejo Universitario, inicia formalmente el camino de Alfonso Esparza Ortiz hacia la reelección para un periodo más de cuatro años que iniciaría el 4 de octubre de 2017, sin ninguna otra aspiración ni ambición que las de consolidar lo alcanzado, atacar los rezagos, resolver los pendientes, crear sinergias a favor de la educación superior y mantener a la BUAP entre las mejores universidades públicas del país.

Un escenario diametralmente opuesto al de hace unos cuantos años; muy, muy lejos de aquellos tiempos en que prácticamente no se distinguía en el edificio Carolino dónde empezaba la universidad y dónde el PRI, dónde terminaba la política electoral y dónde la labor académica.

Hoy la BUAP respira otros aires, completamente ajenos a las inercias del poder político y de la siempre encarnizada lucha por el poder más allá de los muros de Ciudad Universitaria.

gar_pro@hotmail.com

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