PAN Y EL 2018, LA GUERRA FRATICIDA

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Aquellos que ven definido el proceso interno del Partido Acción Nacional (PAN) para 2018 y han colocado por adelantado en una boleta imaginaria el nombre de Margarita Zavala, también son quienes desdeñan el factor determinante del nuevo panismo, ese que pesa ya tanto como el de cepa en una contienda que amenaza con convertirse en una guerra que lleve a una división tal, que sepulte sus posibilidades de regresar a Los Pinos.

En el análisis frío, todavía con entre 10 y 12 meses para la definición, los tres competidores serios tienen casi las mismas posibilidades de alcanzar la postulación.

Pero si los panistas se hacen demasiado daño en su previa, estarían encumbrando a Andrés Manuel López Obrador o reviviendo al Partido Revolucionario Institucional (PRI) que, a la distancia de las urnas, se ve desahuciado –aunque al ex partidazo nunca de los nuncas hay que darlo por muerto-.

La ex primera dama va en picada en las preferencias, a pesar de que tiene el más alto conocimiento.

Zavala llegó muy con mucha antelación a su clímax y la caída parecería la consecuencia natural.

El presidente del Comité Ejecutivo Nacional (CEN), Ricardo Anaya Cortés, se ha atrincherado y controla muy buena parte de la burocracia partidista.

Si el queretano no gana, por lo menos está en una posición muy cómoda de negociación con el o la candidata.

En tanto, sin la velocidad y contundencia que él mismo desearía, el ex gobernador poblano Rafael Moreno Valle viene sumando simpatías y estructura.

Teje abajo, con estrategia minuciosa, en los principales bastiones panistas del país: Estado de México, Jalisco, Nuevo León y Veracruz, además, claro, de Puebla.

Hasta antes de las elecciones federales de 2015, la revisión del Instituto Nacional Electoral (INE) arrojó que Veracruz es el estado con más panistas afiliados: 44 mil 477; Edomex, 43 mil 933; Jalisco, 37 mil 152; Puebla, 35 mil 993, y Nuevo León, 35 mil 168.

Los “war rooms” de los tres aspirantes saben a la perfección que esas entidades son la clave en una elección interna en la que sufraguen los militantes.

Son las plazas estratégicas.

El método de selección también será inherentemente definitorio.

Margarita Zavala y su esposo, el ex presidente Felipe Calderón, no quieren ir a una elección.

Defienden el mismo sistema que se utilizó para decidir que Josefina Vázquez Mota sea la candidata en el Estado de México.

El dedazo.

Esa vía también le viene muy bien a Anaya y a su equipo.

En esa, las cúpulas del neopanismo y el de la vieja guardia, de la tradición añeja y las familia custodia, tendrían un tú a tú.

El resultado podría ser antidemocrático y elitista, pero posiblemente deje menos heridas.

Sin embargo, Moreno Valle empuja lo contrario.

Si solamente por él fuera, una elección incluso abierta a toda la población, no solamente a los militantes del PAN, sería el método idóneo.

En el terreno de las urnas, en internas y constitucionales, Rafael Moreno Valle va invicto.

Eso presume.

Efectivamente no miente.

La primera gran batalla dentro del panismo será precisamente la definición del método para elegir o designar candidato a la Presidencia de la República.

La guerra comienza ahí.

Los ejércitos albiazules ya forman posiciones.

Se alistan las líneas agresoras.

Hasta ahora solamente hemos visto bravatas.

Bravatas que amenazan con causar la más grave fractura en la historia reciente del PAN.

El paso previo a la derrota en 2018.

¿O me equivoco?

gar_pro@hotmail.com

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