BARBOSA, OTRO BUITRE QUE VUELA (EN CÍRCULOS) SOBRE LOS DAMNIFICADOS DEL SISMO

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Se la ha pasado señalando con su dedo flamígero a quienes, según él, lucran con los damnificados por los sismos del pasado mes de septiembre. Incluso, ha perdido el estilo y soltado un “¡qué poca madre de cabrones!” (sic) al hablar de quienes han usado electoralmente el programa de reconstrucción de viviendas afectadas por los movimientos telúricos en Puebla.

La pasada semana, de hecho, aseguró -con una vehemencia digna de mejores puestas en escena- que la sociedad mexicana debe ser el centro de la reconstrucción y que las cuestiones partidistas deben ser relegadas, cuestionando el papel que viene jugando el subsecretario de la SEDATU, el priísta Juan Carlos Lastiri Quirós, como comisionado del gobierno federal para la ayuda a los damnificados en el estado.

Y hasta recitó su letanía espantabobos que tanto le ha funcionado en los medios de comunicación con sede en la Ciudad de México:

“Cuando venga el secretario de Gobernación (Miguel Ángel Osorio Chong), yo le haré esa pregunta, de cuál es el papel de Juan Carlos Lastiri en la reconstrucción en Puebla. Yo se lo voy a decir. Que lo sepa Rosario Robles (titular de la SEDATU) y Juan Carlos Lastiri, aquí vamos a cuestionar a Miguel Ángel Osorio Chong de si efectivamente encargaron a un aspirante priísta a la gubernatura del estado, la reconstrucción allá en la entidad poblana” (sic).

Fue entonces que soltó su muy mediático y estridente –pero escasamente inteligente- “¡qué poca madre de cabrones!”.

Pero más tarde cae un hablador que un cojo.

Y es que, fiel a su doble discurso –y doble moral-, rasgos de su personalidad por los que es conocido ampliamente en Puebla, ya incurrió en lo que tanto criticó.

En su absurdo afán de conseguir simpatías y lograr las estructuras electorales de las que hoy carece para alcanzar la candidatura de MORENA a la gubernatura que tanto anhela –aunque un día se baja de la carrera para al siguiente subirse y así sucesivamente, según como amanezca de humor-, el senador Luis Miguel Barbosa, rapaz y oportunista político por excelencia, se acercó en los últimos días a varios presidentes municipales, en especial de la región de Tehuacán, para justamente lucrar con la tragedia por los sismos.

Los ha buscado para pedirles que sea a él a quien le entreguen los dictámenes y censos de escuelas, viviendas y edificios públicos afectados el 19 de septiembre, asegurándoles –en nombre de San Andrés Manuel López Obrador- que él bajará “más recursos y más rápido”.

Nada más falso.

Como ningún otro gobernador, el de Puebla, Tony Gali Fayad, está trabajando coordinadamente con la federación para atender con pulcritud los daños que dejó el temblor, como para que un personaje de la calaña de Barbosa Huerta quiera venir a desdeñar o manchar lo que se viene realizando con tanto esfuerzo.

Oportunista como siempre, el ex perredista –hoy montado en el tren de MORENA- busca denodadamente construir lo que por tantos años, como dueño del partido del sol azteca, no logró: una base política y electoral lo suficientemente sólida, que lo lleve a ser medianamente competitivo ya no se diga en una elección constitucional, sino en una contienda interna como la que vive su nuevo partido, en el que tiene muy cuesta arriba lograr la candidatura a la gubernatura que AMLO ya regaló al académico Enrique Cárdenas, hijo del dedo divino del líder único y vitalicio del partido “de los pobres”.

El problema es que el olímpicamente desconocido Barbosa Huerta lo está haciendo tarde, muy tarde, y a costa de la tragedia causada por los sismos de septiembre.

Él, que tanto ha censurado a quienes lucran con los damnificados, terminó comportándose igual o peor que los buitres, esas aves rapaces del orden Falconiformes que vuelan en círculos para ganar altura y suelen alimentarse especialmente de animales muertos, aunque a falta de estos, son capaces de cazar presas vivas; carroñeros profesionales que poseen lenguas especializadas que les permiten devorar con rapidez la carne blanda y hasta extraer el tuétano de los huesos de sus víctimas.

Luis Miguel Barbosa, genio y figura; campeón indiscutido de la codicia y la avaricia.

Si en la Ciudad de México se tragan sus mentiras y se creen su personaje, allá ellos, pero aquí en Puebla, donde su historial público y privado lo describe de cuerpo entero, no surten efecto sus manipulaciones ni sus acostumbradas victimizaciones.

¡A otro buitre con ese hueso!

(¿O cómo era?).

gar_pro@hotmail.com

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