PAN: Halcones versus Moderados

En las últimas semanas se ha hablado mucho sobre el distanciamiento que se vive al interior del Partido Acción Nacional en Puebla. Por un lado, se señala al grupo liderado por el Ayuntamiento de Puebla y la dirigencia estatal del partido, junto a algunos aliados coyunturales como Ana Teresa Aranda, mientras que en el otro extremo de la mesa se suele identificar al ala morenovallista representada por Ángel Alonso Díaz Caneja y Roberto Grajales.

Sin embargo, para fines de un análisis político, resulta poco eficaz imaginar como monolíticos y homogéneos a ambos grupos a su interior. Ambas expresiones panistas están a su vez compuestas por diferentes actores y opiniones, a veces contradictorias, pero que mantienen la cohesión por considerar que eso favorece sus intereses. Claramente se pueden identificar tanto voces moderadas que llaman a la búsqueda de las coincidencias mínimas como también voces radicales que afilan los cuchillos para la guerra.

Tomando como válidos estos supuestos y teniendo como contexto los últimos acontecimientos enmarcados en la ceremonia del pasado Grito de Independencia y las posteriores declaraciones del presidente del PAN en el municipio de Puebla, surgen inevitablemente algunas preguntas.

En primer término, habría que preguntarse a qué personaje o subgrupo al interior de ambos bandos favorece el clima de polarización que impera.

Aunque no resulte obvio, la crispación imperante conlleva ganancias para algunos de los actores involucrados, no para todos, de ahí que resulte evidente a quién le conviene la ruta de la confrontación.

Aquellos que en un ambiente de cohabitación aceptable y construcción de acuerdos no podrían aspirar a grandes posiciones, vislumbran la posible guerra como el escenario ideal para convertirse en indispensables.

Ante la radicalización de posturas, son precisamente los radicales de ambos grupos quienes se terminan imponiendo. Las voces más beligerantes dinamitan cualquier puente de comunicación que pudiera existir y siembran la desconfianza en los actores neutrales. Estás conmigo a ciegas o contra mí, pareciera ser la lógica que los más radicales quieren imponer. En ambos bandos.

Eso es precisamente lo que ha pasado desapercibido. Los principales interesados en boicotear cualquier posibilidad de acuerdo son los llamados soldados de guerra del gobernador, dentro de los que se encuentran en primer lugar Roberto Grajales, Ángel Alonso Díaz Caneja y Genaro Ramírez. Eso parece relativamente obvio en las tertulias panistas. Pero igual o más interesada en la confrontación, en la guerra, en la noche de los cuchilos largos se encuentra Ana Teresa Aranda.

Los primeros buscan convertirse en indispensables para el gobernador Rafael Moreno Valle y de muchas formas mantenerlo de “rehén”. Quieren incrementar su valía y saben que las mejores posiciones a las que pueden aspirar sólo se encuentran disponibles en un contexto de guerra. No alcanzarían nada en un escenario de paz. Lo suyo es la discordia. A río revuelto, ganancia de pescadores.

Por el otro lado, Ana Teresa Aranda comparte con ellos su voluntad de confrontación, pues sólo de esa forma puede llegar a suspirar por una candidatura en el proceso federal del 2012. En un ambiente de acuerdo lo primero que se pondría sobre la mesa es su exclusión, mientras que en un contexto de radicalización, Juan Carlos Mondragón no puede prescindir de los ocho votos que tiene “La Doña” en el Consejo Estatal.

La posibilidad de construir acuerdos está ahí, al alcance de la mano. Lo primero que se debe de hacer es reconocer que en ambos grupos existen actores interesados en desbarrancar el tren del diálogo.

Se debe entender que mientras Grajales o Díaz Caneja sean los interlocutores o la dirigencia amague con entrar en tratos con Ana Teresa, los halcones seguirán prevaleciendo y los cuchillos se seguirán afilando.

Se debe actuar desde ambas trincheras y rápidamente. De lo contrario, el camino es la ruptura, la división, el encono y el choque permanentes.

En el extremo, Moreno Valle no sería el primero ni el último gobernador del PAN en romper con el partido que lo postuló, ni sería la primera ni última vez que el partido desconoce a quien respaldó en una elección popular.

Y eso sí a nadie le conviene porque más que el juego de los halcones sea el de la atomización, el perder para ganar, la suma cero.

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Esta semana será intensa en materia legislativa dado que el martes arranca un importante Periodo Extraordinario en la Cámara de Puebla.

Los diputados desquitarán el sueldo desahogando varios temas pendientes, como la nueva Ley Orgánica del Poder Legislativo, la ratificación de la destitución del alcalde de Tlatlauquitepec, la aprobación del dictamen de la Seguridad Integral Escolar –que busca frenar entre otras cosas el problema del bullying en el estado- y el establecimiento del inglés como asignatura obligatoria en educación básica.

Uno de los asuntos que deberá esperar es la confirmación de la remoción del diputado José Juan Espinosa como presidente del Comité de Administración (se mantiene pero se evitará tocar en estos días para impedir que se crea que para eso se convocó al Periodo Extraordinario).

Tampoco saldrá la elección de los nuevos magistrados del Tribunal Superior de Justicia, pues hasta la tarde-noche del pasado viernes no habían llegado las esperadas ternas correspondientes. Tal parece que la limpia del corrupto poder Judicial poblano no está todavía entre las urgencias del titular del Ejecutivo.

gar_pro@hotmail.com

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