BREVE HISTORIA DE UN TRAIDOR DE “IZQUIERDA”

MIGUEL BARBOSA HUERTA

Quien piense que las recientes posturas asumidas por el poblano Luis Miguel Gerónimo Barbosa Huerta son una actitud congruente con su forma de pensar y actuar, se equivoca rotundamente: su apoyo hacia la precandidatura de Andrés Manuel López Obrador y su salida –junto con 10 de sus cómplices- del Grupo Parlamentario del PRD en el Senado, son mero oportunismo político de un personaje inestable, desleal y adicto a las traiciones.

Sus recientes mensajes con bagaje de “izquierda”, en defensa del caudillo de MORENA, forman parte de su amplio decálogo como demagogo profesional, y son una estrategia política para seguir manteniendo su estatus de poder y sus grandes privilegios económicos. Así ha actuado durante su vida partidaria para lograr sus ambiciones políticas; en nada se diferencia de los políticos del PRI y PAN.

Su definición de ser un hombre de izquierda es falsa, como las baratijas chinas; es parte de la habilidad que ha construido para presentarse ante los medios nacionales. El senador jamás formó parte de algún movimiento de izquierda o social en el país y en Puebla. Inició su vida política en el PRI, proviene de una familia caciquil de Ajalpan, en la Sierra Negra del estado, y cuando no logró sus objetivos políticos, se infiltró en el PRD con el apoyo de Jorge Méndez Espínola, quien lo propuso e hizo dirigente estatal del sol azteca.

Barbosa se encumbra, de la noche a la mañana deja de ser priísta, aunque sus hábitos y costumbres sigan siendo priístas. Hábil para la intriga, de inmediato logra un control absoluto sobre dicho partido, impone su cultura patrimonial y caciquil sobre el sol azteca, abandona al grupo de Méndez Espínola y va a los brazos de la corriente de los llamados “Chuchos”.

Lo hacen parte de la dirigencia nacional del PRD; se convierte en abogado -junto con su hermano- de la tribu “Nueva Izquierda” para ganar los litigios internos; lo impulsan como diputado federal por la vía plurinominal; es coordinador nacional de los “Chuchos” y lo hacen senador en la lista nacional del PRD y coordinador de esa fracción parlamentaria con cinco años de control y manejo de las jugosas prerrogativas.

En el 2012, legitima, aplaude, apoya y válida, desde el PRD y la corriente “Nueva Izquierda”, el triunfo electoral y la toma de posesión del presidente Enrique Peña Nieto. En ningún momento cuestiona las elecciones presidenciales y tampoco se suma a las protestas de López Obrador, por el uso de las tarjetas Monex utilizadas para la compra masiva de votos.

Durante el periodo del 2012 – 2016, tras ser un ilustre desconocido, se encumbra en la clase política mexicana; se convierte en el presidente de la mesa directiva del Senado de la República; Puebla le queda chica para su ambiciones; se siente un hombre inmortal; viaja con el presidente; solo habla con los secretarios de Estado y ni por asomo aparecen sus posturas de izquierda o en defensa del “pueblo bueno”. Se convierte en “hermano” del senador panista Ernesto Cordero. Recibe toda clase de favores de Miguel Ángel Osorio Chong, gestiona obras y recursos con el entonces secretario de Hacienda, Luis Videgaray; se cree parte del propio sistema y se vuelve un personaje autoritario y déspota en sus círculos cercanos.

En su desmedida ambición, rompe con los “Chuchos”, traiciona a esa tribu perredista, hace alianzas con otras corrientes internas del PRD y forma su pequeño grupo denominado Frente de Izquierda Progresista (FIP), sin presencia nacional y sin ninguna fuerza política que lo respalde.

Hace alianzas personales con el Jefe de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, para debilitar a Jesús Martínez y Jesús Zambrano en la capital del país; Barbosa lo promueve e impulsa como el mejor aspirante a la presidencia de la República en el 2018. Hoy en el 2017, lo mismo, traiciona a Mancera y lo deja solo en sus aspiraciones.

A la fracción del PRD en el Senado de la República, integrada por 19 legisladores, el propio Barbosa Huerta se encargó de verla siempre como su propiedad; trae su propia agenda política, nunca consultó al PRD sobre la línea que asumirían en las diferentes coyunturas y tampoco transparentó el manejo discrecional de los millonarios apoyos parlamentarios que recibió.

Hábil y oportunista como es, ha tejido una estrategia para meter en crisis a su propio partido, para debilitar a la fracción de senadores del PRD y ha entablado puentes de comunicación con algunos actores de MORENA. Bajo la simulación de asumir una postura de izquierda y decidir su apoyo hacia López Obrador, busca renunciar al PRD, pero no ahora, más adelante, para generar una fracción parlamentaria de MORENA en el Senado de la República. El paso siguiente es ser borrado de la lista de los malos por López Obrador y de esta forma aspirar a la candidatura a la gubernatura de Puebla en el 2018.

Al senador Benjamín Robles lo impulsó como candidato del PT en Oaxaca; Alejandro Encinas renunció; Armando Ríos Píter, muy cercano al ex coordinador, también dejó el PRD; Zoé Robledo fue impulsado para irse con Morena en Chiapas; Lorena Cuéllar, de Tlaxcala también se fue a MORENA; Iris Vianey y Luz María Beristáin, hicieron lo mismo.

El martirologio de Barbosa Huerta es otra de sus facetas políticas; así lo practicó con otro de sus conocidos, como lo fue el ex gobernador poblano Rafael Moreno Valle, a quien apoyó con todo en el 2010 bajo la consigna de terminar con el caciquismo del PRI en la entidad. Actualmente es otro de sus “clientes” y uno más a quien traiciona, después de todos los beneficios que recibió.

Victimizarse ante las decisiones que tomó la dirigencia nacional perredista, recurrir a los tribunales, clamar que le violaron su derecho de audiencia y que fue por asumir su apoyo al “Peje”… Todo eso, y más, es parte del show Barbosa, los juegos de poder de Luis Miguel Barbosa, un priísta disfrazado de izquierdista, acostumbrado a la traición política, cuando siente que se ha quedado sin nada de capital político.

En MORENA cometerán un grave error si piensan que de verdad está con ellos; a pesar del control de más de 15 años del PRD en Puebla, no tiene ninguna estructura que lo respalde. Al sol azteca lo destruyó, desmanteló y saqueó hasta que se cansó.

A Barbosa, ese pequeño gran camaleón, sólo lo animan sus ambiciones y traiciones, la típica conducta de los oportunistas políticos.

gar_pro@hotmail.com

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